Banda de “Pioja” convertía cocinas de casas en Hatillo en laboratorios de droga

La banda de Luis Ricardo Rodríguez Chaves, alias Pioja, convertía las cocinas de viviendas y apartamentos en laboratorios clandestinos de droga. El grupo operaba en María Reina, Sagrada Familia y otras comunidades cercanas a Hatillo.

Rodríguez y buena parte de su organización enfrentan juicio por narcotráfico y legitimación de capitales, en el llamado Caso Imperio. La investigación detalla cómo funcionaban y se equipaban esas cocinas, usadas para preparar, dosificar y empacar crack, marihuana y cocaína.

La mayoría de las casas pertenecían a miembros de la banda. Allí también manipulaban ketamina, un potente anestésico veterinario que se consume como droga. La preparación se hacía antes de trasladar la sustancia a los puntos de venta.

Un ejemplo detallado de estos laboratorios se localizó en un complejo de apartamentos de dos plantas en María Reina. En la unidad de la segunda planta, las autoridades desmantelaron un centro de procesamiento con un inventario específico de utensilios de cocina y herramientas adaptadas para procesar droga.

En estos laboratorios domésticos usaban implementos comunes de cocina y otros objetos modificados para procesar, cortar y sellar las dosis. Encontraron tres cocinas de gas grandes, tres cocinas de gas de campamento pequeñas, y cilindros de gas y de gas butano.

También hallaron una factura por la compra reciente de una cocina de gas y una olla en un supermercado local. Durante los operativos de 2022 decomisaron 11 ollas de distintos tamaños con agua, usadas para preparar las drogas, y dos hornos de microondas con residuos de sustancias ilícitas.

Los integrantes de la organización usaban además navajillas nuevas y usadas, algunas con residuos de droga, junto con frascos de vidrio y tijeras. Para dosificar y sellar las sustancias tenían pajillas plásticas de colores blancas, rojas, verdes y transparentes, nuevas y recortadas, guardadas en ollas y cajas.

También encontraron bolsas plásticas de distintos tipos: para sándwiches, de basura y de sellado al vacío. A esto se sumaba una miniplancha para el cabello, usada para sellar térmicamente envoltorios plásticos o pajillas.

Como protección, tenían guantes de tela rojos, quemados y en mal estado. En las viviendas también guardaban insumos químicos y decenas de frascos de vidrio de Ketonal 100, de 50 mililitros, con ketamina líquida.

La operación dentro de estas casas estaba jerarquizada y contaba con medidas de seguridad. Miembros específicos de la red tenían asignada la tarea de preparar y almacenar las drogas en sus casas de habitación: Ricardo Carballo, Marvin Rodríguez, Ana Álvarez, Marta Carvajal, Wendy Avellán y un hombre fallecido.

Para proteger los alijos, los insumos y el dinero guardados en esos inmuebles, otros miembros de la organización, como Stephen Cascante y otro hombre fallecido, brindaban seguridad armada en los perímetros.

En estas viviendas también custodiaban armas de fuego de diversos calibres, entre ellas fusiles de asalto, pistolas y revólveres, además de chalecos antibalas, presuntamente destinados a repeler eventuales ataques o intervenciones policiales.

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