El Niño pone en riesgo la vida marina al reducir nutrientes y oxígeno

10 de Jun. 2026 | 12:04 am

El fenómeno de El Niño amenaza la vida marina al alterar procesos esenciales para la supervivencia de los ecosistemas oceánicos. La reducción de nutrientes y oxígeno en el agua afecta desde las microalgas hasta peces, corales, tiburones y otras especies que dependen de una cadena alimentaria saludable.

Especialistas de la Fundación MarViva y de la Universidad Latina advierten que el evento climático, ya en desarrollo, podría provocar impactos históricos en los ecosistemas marinos de la región. Las proyecciones estiman un aumento de hasta dos grados Celsius en la temperatura del mar para este año.

Fresia Villalobos y Andrés Beita, científicos de MarViva, explican que el principal problema ocurre porque el fenómeno interrumpe el proceso de surgencia marina.

En condiciones normales, los vientos alisios desplazan el agua cálida superficial y permiten el ascenso de agua fría rica en nutrientes desde las profundidades. Estos nutrientes alimentan a las microalgas, base de la cadena alimentaria marina.

Durante El Niño, los vientos se debilitan y el agua cálida permanece en la superficie. Los nutrientes no alcanzan las capas superiores del océano y la producción de microalgas disminuye.

La reducción de alimento se extiende a toda la cadena alimentaria. Las especies que dependen de estos organismos enfrentan escasez de recursos, menor crecimiento y mayores tasas de mortalidad.

El Instituto Costarricense de Pesca y Acuicultura (Incopesca) estima que los mayores impactos se concentrarán en el Golfo de Nicoya y la Zona Sur.

El presidente ejecutivo de la institución, Nelson Peña, dijo que espera afectaciones en todo el sector pesquero de esas regiones, especialmente en la pesca artesanal.

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Menos oxígeno para la vida marina

El calentamiento del océano también genera una segunda amenaza: la disminución del oxígeno disponible en el agua.

Los gases son menos solubles a mayor temperatura, lo que reduce el oxígeno disuelto y deteriora las condiciones necesarias para la supervivencia de numerosas especies.

La combinación de menor alimento, estrés térmico y menos oxígeno obliga a muchos organismos a destinar más energía a sobrevivir. Esto reduce funciones esenciales como el crecimiento y la reproducción.

Las larvas y los peces juveniles figuran entre los más vulnerables, ya que tienen menor capacidad de desplazamiento y menor adaptación a cambios bruscos en su entorno.

El aumento de la temperatura del mar también provoca estrés en los corales y favorece el blanqueamiento coralino, un fenómeno que ocurre cuando expulsan las algas con las que mantienen una relación simbiótica.

El Niño también podría reducir de forma drástica el Domo Térmico, una zona marina frente a Centroamérica reconocida por su alta productividad biológica. En eventos intensos, esta área incluso podría desaparecer de forma temporal.

Por su parte, las especies con mayor capacidad de movimiento buscan refugio en aguas más profundas y frías. Este comportamiento reduce la observación turística y complica las labores de pesca artesanal.

En la Isla del Coco, por ejemplo, se ha documentado que los tiburones martillo descienden a mayores profundidades para escapar del calor.

Los expertos de MarViva recuerdan que los océanos ya enfrentan otras amenazas como la contaminación y la sobrepesca. Estas presiones reducen la capacidad de recuperación de los ecosistemas y amplifican los efectos de los eventos climáticos extremos.

Acuicultura bajo presión

Para la directora de Investigación y Sostenibilidad de la Universidad Latina, Ana Robles, El Niño también representa un desafío para la acuicultura (ver nota aparte).

Entre los principales impactos destacan las alteraciones en los patrones de lluvia, la mayor frecuencia de eventos extremos, los cambios en la salinidad de estuarios y zonas costeras, el incremento de enfermedades y mortalidad, así como las modificaciones en los ciclos biológicos de las especies cultivadas.

Otro problema se relaciona con las variaciones en las precipitaciones, ya que ponen en riesgo los caudales necesarios para actividades como el cultivo de tilapia y trucha, lo que aumenta la vulnerabilidad de los sistemas productivos continentales.

Según proyecciones nacionales, en zonas como Guanacaste las precipitaciones podrían reducirse hasta en un 50% en lo que queda del año.

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