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Cultura

Semana de la Novela: “El amor romántico es un tortón”, dice Catalina Murillo

La escritora costarricense Catalina Murillo ganó el Premio Nacional de Literatura Aquileo J. Echeverría 2024 con su novela Una mujer insignificante

La escritora costarricense Catalina Murillo ganó el Premio Nacional de Literatura Aquileo J. Echeverría 2024 con su novela Una mujer insignificante

La memoria no siempre cuenta las cosas como ocurrieron y, en ocasiones, escribir sobre la propia vida implica regresar a lugares que todavía duelen. Para la escritora costarricense Catalina Murillo, ese ejercicio tomó forma en Una mujer insignificante, novela que explora recuerdos familiares y cuestiona las idealizaciones del amor, y que ganó el Premio Nacional de Literatura Aquileo J. Echeverría 2025.

La autora, quien también se dedica a la enseñanza de la escritura, reconoce que construir una historia basada en experiencias personales supone un reto particular: convertirse en personaje sin que la ficción pierda su libertad.

La obra, publicada bajo el sello Alfaguara, nació después de que la editora para Centroamérica le preguntara si tenía algún manuscrito entre manos. Murillo no tenía uno listo, pero sí guardaba una historia que la acompañaba desde hacía aproximadamente 30 años.

La posibilidad de publicar ese mismo año fue el impulso que necesitaba para sentarse a escribir. El resultado llegó en una etapa de su vida en la que, considera, contaba con más herramientas para narrarla.

"Me alegra mucho haberla escrito ya con 50 y tantos años. Mejor a esa edad, porque creo que con 30 no lo hubiera escrito tan bien", comentó.

Murillo explica que la novela fue tomando forma a partir de sesiones de escritura en las que se sentaba cada mañana a narrar la historia con la naturalidad con la que se la contaría a sus amigas. Sin embargo, el proceso también implicó tomar decisiones sobre qué contar, por dónde empezar y qué partes de la memoria debían quedar fuera.

Una historia entre la memoria y la imaginación

Aunque la novela tiene una base familiar y personal, Murillo no la considera autobiográfica en sentido estricto. La editorial la catalogó como autoficción, un género en el que los límites entre las experiencias vividas y los elementos imaginados pueden volverse difusos.

Para la escritora, esa frontera es especialmente interesante porque la memoria y la imaginación no funcionan como territorios separados.

"Se sabe que en la memoria hay mucho de imaginación. Y en la imaginación hay mucho de memoria", señaló.

Convertir experiencias propias en literatura tampoco resulta tan sencillo como podría parecer. Murillo reconoce que construir un personaje inspirado en una misma puede ser uno de los desafíos más complejos del proceso creativo.

"Una cree que el personaje que es una es muy fácil: soy yo. No hay nada más difícil a veces que construir a ese personaje que es yo convertida en personaje", explicó.

En su caso, volver sobre una historia familiar significó adentrarse nuevamente en recuerdos dolorosos. La escritura le permitió darles una forma narrativa, pero no evitó que algunas de esas experiencias la afectaran durante el proceso.

El amor romántico bajo la lupa

Uno de los temas que surgieron durante la escritura fue la idealización del amor romántico. Murillo considera que detrás de esa forma de entender las relaciones existe una fantasía que puede terminar convirtiéndose en una fuente de decepción.

"El amor romántico es un tortón", afirmó.

La autora relaciona esa idealización con una forma de evasión y con la posibilidad de desarrollar una especie de dependencia emocional. Incluso compara algunas experiencias amorosas con una adicción, en la que el enganche puede pesar más que la realidad de la relación.

Sin embargo, reconoce que no siempre comienza una novela con un mensaje definido. En su proceso creativo, una cosa es saber qué historia quiere contar y otra, descubrir qué temas aparecen mientras la desarrolla.

"Yo sabía lo que quería contar. La historia. Ahora, el mensaje, los temas, lo que quiero decir, a veces me sorprenden a mí misma", relató.

Esa sorpresa también se trasladó a la recepción del libro. Murillo contó que le llamó la atención la respuesta de los lectores, especialmente la de algunos hombres que le confesaron haber llorado al llegar al final de la novela.

La reacción la tomó por sorpresa, pues escribió una historia muy personal sin pensar demasiado en cómo sería recibida por el público.

De Costa Rica al mundo

La trayectoria de Murillo también está marcada por una reflexión sobre las dificultades que enfrentan los escritores costarricenses para llevar sus obras más allá de las fronteras nacionales.

Desde joven pensó que su nacionalidad no debía determinar las posibilidades de circulación de sus libros. Con el tiempo, sin embargo, reconoce que publicar desde Costa Rica puede representar una desventaja frente a autores de otros países con mayor proyección editorial.

La escritora recuerda que, durante una etapa de su vida, llegó a pensar que ser de otro lugar podía facilitar ese recorrido. Con los años, esa percepción cambió y comenzó a reconocer el peso que su país tiene en su identidad y en su trabajo.

En el ámbito nacional, asegura que encuentra una recepción favorable para sus publicaciones.

"A mí en Costa Rica me ha ido bien. Más bien lo que ha pasado es esto que decía: es difícil romper fronteras", manifestó.

Entre las obras que marcaron su manera de entender la literatura destaca El emperador tertuliano, del escritor costarricense Rodolfo Arias. Murillo considera que ese libro representó una revelación por la libertad con la que utiliza el lenguaje y por las posibilidades que abre para quien escribe.

Para ella, esa obra demuestra que la literatura también consiste en jugar con las palabras y explorar sus límites.

El premio Aquileo y el futuro de su escritura

El Premio Nacional de Literatura Aquileo J. Echeverría 2024, que recibió Una mujer insignificante, también le permitió reflexionar sobre el papel de los reconocimientos literarios. Murillo considera que estos pueden contribuir a la difusión de una obra y representar un respaldo económico importante para quienes se dedican a escribir, aunque advierte que sus resultados dependen de una combinación de circunstancias.

A su juicio, la visibilidad en las librerías también desempeña un papel fundamental para que los lectores descubran a los autores nacionales.

Más allá de los reconocimientos, la novela parece haber marcado un punto de inflexión en su carrera. Murillo admite que, en ocasiones, piensa que podría tratarse de su última novela, aunque no descarta que esa perspectiva cambie.

La autora todavía no tiene claro qué lugar ocupará Una mujer insignificante en el conjunto de su trayectoria, pero reconoce que el proceso transformó su manera de mirar la escritura.

Esta información forma parte de un especial elaborado en el contexto de la Semana Mundial de la Novela. Estas son las otras publicaciones de la serie: