Semana de la Novela: Paul Benavides y su búsqueda de las historias que explican Costa Rica

Escritor costarricense Paúl Benavides.
¿Qué ocurre cuando un político llega al poder y comienza a cambiar su forma de entender el mundo? Esa pregunta atraviesa Los papeles de Chantal, la novela con la que Paul Benavides obtuvo el Premio Nacional de Literatura Aquileo J. Echeverría 2021.
La obra sigue la transformación de un hombre que inicia su trayectoria con ideales democráticos y humanistas, pero que modifica sus intereses y su manera de relacionarse con quienes lo rodean conforme se acerca al poder.
No es el dictador tradicional que gobierna por la fuerza. El personaje de Benavides ejerce su influencia desde las estructuras de una democracia: utiliza las instituciones, las relaciones políticas y los distintos espacios de poder para conservar la posición que alcanzó.
"Mi novela es eso: la figura del hombre fuerte costarricense", explica el escritor.
La historia comenzó a tomar forma en 2012, a partir de una inquietud que Benavides arrastraba desde hacía años. Su trabajo en la Asamblea Legislativa, donde acumula 31 años de experiencia, le permitió observar de cerca el funcionamiento de la política nacional. A esa experiencia sumó sus lecturas sobre el poder en América Latina y novelas como Yo, el Supremo, de Augusto Roa Bastos; La fiesta del Chivo, de Mario Vargas Llosa, y El señor Presidente, de Miguel Ángel Asturias.
"Siempre quise hacer una novela política", cuenta.
Su interés iba más allá de narrar la trayectoria de un político. Quería explorar las relaciones entre el poder económico, el político y el mediático, así como las dinámicas internas de los partidos y las estrategias que permiten desplazar a determinados actores y favorecer a otros.
Para Benavides, la figura del hombre fuerte tiene profundas raíces en la historia latinoamericana. Sin embargo, en Costa Rica adquiere una particularidad: el poder también puede concentrarse y ejercerse desde las instituciones democráticas, en un país que abolió su ejército.
Una novela que tuvo que empezar de nuevo
Los papeles de Chantal no llegó a su forma definitiva en el primer intento. Benavides comenzó a escribirla en 2012, pero durante el proceso abandonó el manuscrito por varios años.
La primera versión tenía alrededor de 500 páginas. Cuando volvió a leerla, consideró que no tenía futuro y decidió guardarla.
Tiempo después retomó el proyecto, reorganizó la historia y reconstruyó el manuscrito hasta convertirlo en la novela que finalmente publicó y que le valió el Premio Nacional de Literatura.
Ese recorrido también revela cómo entiende su oficio. Para Benavides, escribir no siempre es una actividad placentera.
"Escribir, para mi caso personal, es un ejercicio pesado, estresante a veces", reconoce.
La escritura exige tiempo, concentración, lectura y observación. Mientras trabaja en una novela, busca otras obras; mientras construye personajes, presta atención a las personas que encuentra en su entorno.
Por eso camina por San José y Heredia, visita parques y mercados, viaja en bus o tren y escucha conversaciones. En esos recorridos encuentra materiales para interpretar la sociedad en la que vive.
"Mi interés narrativo es Costa Rica", afirma.
El país es, para él, una realidad que todavía intenta descifrar. La Costa Rica actual, sostiene, no es la misma de hace 10, 20 o 50 años. Han cambiado las formas de convivir, de relacionarse con el espacio público y de percibir la seguridad.
Benavides recuerda una época en la que, según su experiencia, caminar de noche por la ciudad generaba una sensación de seguridad distinta de la que percibe hoy. Más que limitarse a registrar esas transformaciones, le interesa explorar qué las provoca y qué revelan sobre la sociedad costarricense.
Los libros que marcaron su formación
Su vínculo con el arte comenzó mucho antes de que se reconociera como escritor. Su padre estudió Bellas Artes y fue alumno de Paco Amighetti. En casa había libros que acercaron a Benavides desde niño a Van Gogh, los impresionistas, los expresionistas y artistas costarricenses como Francisco Zúñiga. También observaba a su padre mientras pintaba.
Durante la etapa escolar se acercó a la literatura en una pequeña biblioteca, donde descubrió autores nacionales y latinoamericanos. Allí también escribió sus primeros poemas como parte de un proyecto escolar.
La poesía lo acompañó durante décadas, aunque tardó en publicar sus textos. Su primer libro de poemas apareció en 2012, cuando tenía 40 años.
"Yo publico viejo y escribo joven", dice.
Antes de incursionar en la narrativa, escribió artículos de opinión y ensayos. La ficción llegó después de explorar esos otros géneros y acumular experiencias que alimentaron su mirada sobre el país.
Benavides sitúa el descubrimiento de sí mismo como escritor alrededor de los 37 o 38 años. No se trata únicamente de encontrar una voz literaria, sino de reconocer qué historias quiere contar y desde dónde quiere hacerlo.
Escribir en un país con pocas oportunidades
Benavides también reflexiona sobre las dificultades que enfrentan quienes intentan dedicarse a la literatura en Costa Rica. Publicar continúa siendo complicado y vivir exclusivamente de los libros es una posibilidad al alcance de muy pocos escritores.
A su juicio, el cierre de librerías y la competencia con obras extranjeras respaldadas por grandes editoriales, campañas publicitarias y mayores recursos económicos complican la circulación de la producción nacional.
Considera que la literatura ocupa hoy un espacio más reducido en la vida cultural del país que en décadas anteriores. Aun así, reconoce que continúa existiendo producción literaria y destaca el crecimiento de la escritura y la lectura en zonas rurales.
En su propia formación reconoce la influencia de autores costarricenses como Carmen Lyra, Carlos Luis Fallas, Fabián Dobles, Joaquín Gutiérrez, Luisa González, Eunice Odio y Max Jiménez.
Entre ellos, hay un nombre que ocupa un lugar especial: Alfonso Chase. Benavides lo considera un maestro que le permitió descubrir autores nacionales y conectar esa tradición con las literaturas de México, Cuba, Estados Unidos y otros países de Hispanoamérica.
Esa combinación de lecturas, experiencias y observación también alimenta Los papeles de Chantal. Aunque la novela se concentra en la transformación de un político y en las formas de ejercer el poder, su mirada se extiende más allá de ese personaje.
En el fondo, la obra vuelve a una preocupación que atraviesa la escritura de Benavides: comprender una Costa Rica que cambia, se contradice y todavía guarda preguntas sin resolver.