Logo
Reportaje Especial

Una “caída sin gracia” terminó en un diagnóstico de cáncer

Su mayor temor era que le amputaran la pierna

1 de Mar. 2020 | 8:12 am

[samba-videos id='f5bfad9301bdc93897a724f57721d404′ lead='false']

(CRHoy.com) En el 2011, Victoria Banega se cayó mientras jugaba en la escuela. Recuerda que se levantó, sacudió y siguió jugando, "aunque con un poquito de dolor, un morete y un hematoma".

Para entonces, no tenía idea de que se trataba de una fractura, y como se sentía "más o menos bien", no fue a un centro de salud. 22 días después de la caída, su mamá la llevó a un centro médico porque los dolores que estaba sufriendo eran muy intensos. Ella y su madre sospechaban que tenía una fractura y así era pero además, el médico les dijo que la pequeña de apenas 11 años (en aquel momento) tenía un tumor maligno en su extremidad. Victoria relató que "fue algo horrible. Yo no paraba de llorar".

Pasó su cumpleaños número 12 y la Navidad en una cama en el Hospital Nacional de Niños (HNN).

Hoy, con 18 años y en la recta final para graduarse de bachillerato, Victoria tiene recuerdos multicolores de su infancia. El cabello se le empezó a caer después de la segunda quimioterapia, de hecho, decidió raparse para evitar seguir escondiendo sus cabellos debajo de la almohada.

Los chineos del personal del HNN y el Apoyo de La Asociación de Lucha Contra el Cáncer Infantil (ACCLI) le hicieron más llevaderos los días de hospitalización y el cansancio que la agobiaba.

¿Cuál fue el día más difícil? Cuando le dijeron que la iban a operar y que la probabilidad de que le amputaran la pierna era de un 90%. Le decían que se fuera "haciendo a la idea" de que, al despertar, no tendría su pierna, contó Banega.

Antes de entrar a sala de cirugía ella le pidió a Dios que le salvara la vida, y también su pierna. Y sí, abrió los ojos y se pudo tocar su extremidada…

Victoria no le guarda rencor al cáncer, es más, "por loco que parezca, yo le agradezco al cáncer porque me hizo más fuerte y me enseñó a vivir cada día como si fuera el último", dice con emoción esta vecina de Cartago.

Su batalla estuvo llena de obstáculos como infecciones, una bacteria y hasta agresiones -en su anterior centro educativo- por estar sin cabello y ser la "chineada".

Ahora todo eso no importa; ahora, es mas fuerte, más feliz y está llena de metas, entre ellas, ser médico para poder salvar vidas.