Tajos ocultos de Pecho de Rata servían para lavar millones y mover droga, según investigación

 

Detrás de la fachada de la ganadería, la hotelería y el turismo en el Caribe Sur, el cártel narco liderado por Edwin López, alias Pecho de Rata, realizaba la explotación y comercialización de materiales rocosos a través de dos tajos, uno formal y el otro clandestino. 

De acuerdo con el expediente del caso Riverside, en el que se investigó al grupo criminal, esta actividad se volvió clave para la legitimación de capitales y el soporte logístico del narcotráfico.

Uno de los puntos, conocido como Tajo Cahuita o Quebrador Cahuita, se ubicaba detrás de Irie Zone, un restaurante y licorera en Cahuita de Talamanca considerado el centro de operaciones del narco extraditado.

El sitio colindaba con el Círculo de George, un redondel que el sospechoso tenía en la parte trasera de la propiedad. Allí funcionaba una zona activa de extracción y procesamiento de materiales rocosos. En este lugar se identificaron camiones pertenecientes a la sociedad Hermanos López Tyndall S. A., apellido que llevan los hijos del capo.

El otro centro de extracción era el Tajo Júpiter, ubicado en el barrio Júpiter, en Valle La Estrella. Aunque ambos sitios eran mencionados indistintamente en las comunicaciones interceptadas, el expediente aclara que se trata de puntos geográficos distintos.

El Tajo Júpiter operaba bajo la administración de un hombre de apellido Arrieta, aunque formalmente estaba inscrito a nombre de otro de apellido Villalobos. En cambio, el Quebrador Cahuita funcionaba en el corazón de las propiedades de la familia López Tyndall. En ambos casos, la actividad extractiva se desarrollaba a gran escala.

Júpiter, ubicado a la margen de un río, era un comercio formal; sin embargo, según la investigación, mostraba múltiples indicadores de riesgo y operaba bajo control absoluto del cártel. Funcionaba como una operación comercial permanente, capaz de generar importantes flujos económicos que posteriormente eran bancarizados.

Vigilancias aéreas y terrestres del Organismo de Investigación Judicial (OIJ), efectuadas el 15 de enero y el 26 de mayo anteriores, documentaron una infraestructura industrial y pecuaria que incluía excavadoras hidráulicas, cargadores, vagonetas, camiones de carga pesada y equipos industriales de trituración, conocidos como quebradores.

La operación consistía en la extracción y venta de materiales como lastre, subbase, arena para planchetas, piedra, piedra huevillo y "chorro", un material fino, además del alquiler de maquinaria pesada.

La policía judicial confirmó que se trataba de una operación comercial permanente y no de una actividad aislada.

Después de su detención para extraditarlo, Pecho de Rata mantuvo el control de estas operaciones desde la celda de máxima seguridad que ocupaba en el centro penitenciario La Reforma.

Mediante llamadas telefónicas con sus hijos, Jonedzel "Chuky" y Kishna "Kiki" López Tyndall, el capo giraba instrucciones precisas sobre el mantenimiento de la maquinaria.

Tras la captura de su padre, Jonedzel asumió la administración directa de la maquinaria y la supervisión del quebrador ubicado en el tajo. En una llamada del 21 de enero de 2026, Chuky le informó a su padre que estaba "arreglando el quebrador, porque se le jodió una bobina".

En otras comunicaciones interceptadas, los clientes llamaban directamente a las líneas telefónicas de la familia para negociar la compra de materiales.

Arrieta, administrador de Tajo Júpiter, cuenta con antecedentes junto a López Vega por transporte de drogas. Fue imputado en la misma causa de 2014 por la que Pecho de Rata fue condenado y permaneció varios años en prisión, lo que, según los investigadores, evidencia la relación criminal que ambos mantenían desde hace años.

Doble propósito

El expediente detalla que el tajo servía como una "mampara" para legitimar dinero. La venta de materiales permitía bancarizar ingresos en efectivo y mezclar las ganancias del narcotráfico con las provenientes de la comercialización de piedra y arena.

Más grave aún, la infraestructura del tajo y del quebrador facilitaba la logística del tráfico de drogas. El uso de vagonetas, camiones de cajón cerrado y maquinaria pesada permitía a la organización trasladar cargamentos de droga y armas bajo la apariencia de una actividad relacionada con la construcción, reduciendo las sospechas de las autoridades.

Una fuente confidencial del OIJ señaló que Arrieta no solo vendía materiales, sino que también colaboraba con el transporte y almacenamiento del producto ilegal. Información confidencial que vinculaba directamente la operación del tajo con el movimiento de estupefacientes.

"La fuente indicó que el establecimiento conocido como ‘Tajo Júpiter' (…) es controlado y administrado por Edwin López Vega, alias ‘Pecho Rata', quien tiene como administrador a un sujeto de nombre Lester Arrieta, mismo que le ayuda con el transporte y almacenamiento de drogas", cita el expediente.

La contabilidad informal del cártel, obtenida mediante interceptaciones telefónicas, muestra un flujo constante de dinero. Los investigadores documentaron múltiples depósitos bancarios, transferencias SINPE y pagos en efectivo bajo conceptos como "Quebrador Cahuita", "Tajo Júpiter" y "Pago de piedra". Algunos alcanzaron hasta los $30 mil. 

Las transacciones, que oscilaban entre miles de colones y de dólares, evidencian que el negocio generaba importantes réditos, utilizados para pagar abogados, préstamos bancarios y otros gastos operativos de la estructura criminal.

Tajo Júpiter sí contaba con un trámite y permiso formal de viabilidad ambiental, aunque registrado a nombre de Villalobos, quien supuestamente actuaba como testaferro o administrador formal de la organización.

En el caso de Cahuita, no se encontró ningún tipo de permiso, viabilidad ambiental de la Secretaría Técnica Nacional Ambiental (Setena) o concesión de explotación.

Los informes policiales del OIJ concluyen que estas actividades extractivas eran fundamentales para sostener la "hegemonía criminal" de Pecho de Rata en el Caribe Sur.

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