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Ciencia

Científico de la UCR revela el curioso “regreso” de los cantos de los colibríes

19 de Ago. 2026 | 12:24 pm

Un biólogo costarricense podrá profundizar en una investigación que revela un comportamiento sorprendente de los colibríes: sus cantos cambian con el paso de los años, desaparecen algunas variantes y, décadas después, pueden volver a aparecer sonidos parecidos.

Se trata de Marcelo Araya Salas, profesor e investigador de la Escuela de Biología de la Universidad de Costa Rica (UCR), quien recibió el Premio Maxwell/Hanrahan en Biología de Campo 2026.

El reconocimiento incluye $150.000 en fondos de libre disposición, dinero que el científico espera aprovechar para continuar estudiando la evolución de los cantos de los colibríes y la manera en que estos animales aprenden y modifican sus formas de comunicación.

"Es un reconocimiento importante. Siento que es como un impulso grande para seguir trabajando, haciendo la investigación que hago", afirmó Araya.

Para el investigador, el premio también representa un reconocimiento a la ciencia que se desarrolla en Costa Rica.

"Es una señal de que lo que hacemos aquí en Costa Rica es de calidad también, en muchos ambientes académicos", señaló.

Colibríes que cambian sus "modas"

Uno de los trabajos que más ha sorprendido al científico se relaciona con un colibrí ermitaño de pico largo estudiado en Sarapiquí.

Araya logró reunir grabaciones realizadas durante aproximadamente 50 años y utilizó esa información para observar cómo cambiaban los cantos de estas aves a través del tiempo.

Encontró que dentro de una misma población pueden existir diferentes variantes de canto. Algunas desaparecen después de varios años, pero otras similares pueden surgir nuevamente décadas después.

Los tipos de canto pueden durar, en promedio, unos siete años, mientras que los individuos viven alrededor de dos o tres años.

Esto significa que una determinada forma de cantar puede mantenerse durante más tiempo que los propios animales que la producen.

Pero el hallazgo más llamativo fue que, después de 20 o 30 años, podían aparecer cantos parecidos a otros registrados al inicio del estudio.

Él lo compara con lo que ocurre con las modas entre los seres humanos: algo puede desaparecer durante años y luego regresar.

"Como que la cultura no genera variación así indefinida, sino que parece de cuando en cuando producir cosas que se parecían a las que había en el pasado", explicó.

¿Los animales también tienen cultura?

Precisamente ese fenómeno forma parte de una de las áreas que el investigador busca comprender: la llamada cultura animal.

Aunque el concepto puede sonar extraño, se utiliza para describir comportamientos que los animales aprenden de otros individuos y que pueden mantenerse y transmitirse entre generaciones.

En algunas aves, por ejemplo, los individuos pueden modificar sus vocalizaciones para parecerse a las de otros miembros de su grupo.

Ese proceso guarda similitudes con la manera en que los seres humanos aprendemos palabras, sonidos, formas de hablar o incluso determinadas costumbres.

Según Araya, estudiar cómo surgieron estas capacidades en otras especies también puede aportar información para comprender la evolución del aprendizaje vocal y del lenguaje en los seres humanos.

La comunicación, además, no se limita a los sonidos.

Los animales pueden intercambiar información mediante señales visuales, movimientos, plumajes y otras características. En el caso de las vocalizaciones, el ambiente también puede influir en su evolución.

Por ejemplo, la vegetación de un bosque puede convertirse en un obstáculo para el sonido. Con el tiempo, las especies pueden desarrollar formas de vocalizar que permitan que sus sonidos viajen mejor entre las plantas y los árboles.

El reto de entender la mente de los colibríes

Con el dinero del premio, el biólogo también quiere ampliar su investigación hacia la relación entre el comportamiento de los colibríes y el funcionamiento de su cerebro.

Los pequeños animales enfrentan una tarea que requiere procesar gran cantidad de información.

Las flores de las que se alimentan pueden encontrarse dispersas en grandes áreas y no necesariamente están disponibles todos los días. Por eso, los colibríes necesitan recordar dónde están, cuándo aparecen y cuál es la calidad de esos recursos.

"Necesitan utilizar mucha información de dónde están las flores y cuándo están las flores y qué calidad tienen esas flores para alimentarse eficientemente", explicó.

El investigador quiere comprender qué capacidades cognitivas permiten a estas aves manejar esa información y cómo esas capacidades pudieron favorecerse durante la evolución.

Para ello, pretende combinar su experiencia en investigación de campo con su trabajo en neurociencias.

Una herramienta gratuita para estudiar los sonidos de la naturaleza

El trabajo de Araya también tiene un componente tecnológico.

El científico ha desarrollado herramientas de código abierto que permiten analizar los sonidos producidos por diferentes especies.

La idea surgió, en parte, porque cuando comenzó a trabajar en este campo era necesario utilizar distintos programas para realizar análisis específicos y muchos requerían licencias.

Sus herramientas permiten medir características de las vocalizaciones, como la frecuencia y la duración, y comparar cómo cambian los sonidos entre individuos, poblaciones o a través del tiempo.

También existen herramientas desarrolladas por él que permiten analizar cómo un sonido se modifica mientras viaja por un determinado ambiente.

Al ser gratuitas, pueden ser utilizadas por investigadores que no cuentan con recursos para adquirir programas especializados.

En Costa Rica, estas herramientas podrían ayudar, por ejemplo, a identificar especies a partir de sus sonidos y monitorear cómo cambian las comunidades de animales en determinados lugares.

Para el investigador, esto tiene una relación directa con la conservación.

"Saber si una especie está o no y cómo puede afectar, digamos, un uso de suelo, la presencia de ciertas especies o la composición de la comunidad", explicó.

El Premio Maxwell/Hanrahan reconoce precisamente investigaciones desarrolladas en ambientes naturales y busca respaldar a científicos que estudian el comportamiento y las relaciones de los organismos con su entorno. La fundación destacó el trabajo del tico sobre la evolución de los sistemas de comunicación de animales silvestres, particularmente colibríes, aves cantoras y murciélagos.

Para el biólogo, el reconocimiento abre ahora una nueva etapa: contar con mayor libertad para continuar observando la naturaleza, hacerse nuevas preguntas y tratar de entender cómo animales aparentemente pequeños y simples pueden manejar enormes cantidades de información para sobrevivir.