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Reportaje Especial

Una piedra en el camino… ¡Le cambió su destino y la convirtió en empresaria!

25 de Ago. 2019 | 8:09 am

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(CRHoy.com) Marcela Gutiérrez es maestra de Educación Preescolar y aunque, ama a los niños, quiso explotar su talento con las manualidades y crear un emprendimiento en el que, las protagonistas son las piedras. Sí, esas que se encuentra en el camino y que la llevaron a cambiar por completo su destino.

A su madre le regalaron un cuadro hecho con piedras hace muchos años atrás. Ella lo guardó como un gran recuerdo, pero no se imaginó que eso le daría una idea de negocio.

En uno de sus constantes viajes a Guanacaste, su mamá le dijo que recogieran piedras de una playa y no fue hasta que llegaron a Santo Domingo de Heredia que ella le explicó lo que harían con todos los "tesoros" que habían encontrado. 

"Ella se puso a pintar piedras, empezó a hacer florcitas y un cuadro para la familia, para entretenerse porque ella es pensionada. Ella empezó, yo solo la ayudaba, yo soy muy detallista y la ayudaba para que todo se viera muy delicadito, pero en ese momento yo trabajaba como teacher en un kinder", recordó.

Tiempo después una amiga le dijo que le hiciera algo para regalarle a su mamá y a su hermana en el Día de las Madres, así que Marcela pensó en los cuadros con piedras.

"Le hice los dos cuadritos, sin saber que eso iba a tener tanto resultado positivo. Lo puse en mi Facebook contando que se lo había hecho a una amiga y de ahí, me empezaron a pedir. Así fue como empezó hace dos años RocaTica", aseguró.

Marcela tenía 14 años de trabajar como maestra, pero reconoce que se sentía agotada y que un problema en su espalda le impedía dedicarse a cada uno de los niños. Por ello, decidió renunciar y vivir de las manualidades. 

"El estrés laboral me estaba afectando muchísimo y una pequeña lesión en la espalda me impedía agacharme a la altura de los niños, me dolía mucho. Hoy día la educación está un poquito más complicada porque los chicos tienen más la razón que los profesores y los papás creen que solo los chicos de ellos existen y uno tiene todo un grupo al cual dedicarse. Fueron 14 años y los últimos 2 años pasé pensando en renunciar, aunque yo amaba dar clases, es mi vida", citó.

Desde que inició en su negocio Dios nunca la ha desamparado y cada semana recibe varios pedidos de clientes con acabados especiales. Por ello, dedica varias horas para buscar cada una de las piezas. 

"Son horas de dedicación sentada en la playa o en los lugares donde sé que voy a encontrar piecitas que me puedan servir. Es algo que lleva mucho tiempo porque todo tiene que calzar a la perfección y me gusta que cada pieza se acople", añadió.

Con 37 años, Marcela da tutorías a unos pequeños, para mantener ese lazo que la une a los niños. Sin embargo, no se ve como maestra en un kinder nuevamente.

"En mi taller tengo tiempo para mi, trabajo a mi ritmo (…) Yo creo que el que no se arriesga, no gana. Me gustaría mucho que la gente aprecie el arte que se hace a mano, porque también me he topado con personas que quieren regatear, sin saber que esto implica muchas horas de trabajo", expresó.

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