Tica en California se queda sin cita de residencia por ola de deportaciones
Lucía (seudónimo) se preparaba para su entrevista final de residencia estadounidense como quien se alista para cerrar un ciclo. Llevaba meses esperando, había contratado a un abogado y reunido todos los documentos necesarios. El 16 de junio era la fecha señalada. La esperanza era que fuera el último paso. Incluso ya hacía planes para viajar a Costa Rica en diciembre y visitar Manuel Antonio. Celebrar con su familia.
Pero este miércoles le llegó un correo. Un mensaje seco, burocrático, sin explicación: la cita había sido cancelada.
"Decía: 'Hemos cancelado su entrevista', y ya. Yo dije: '¿Cómo?' Llamé a mi abogado, y me dijo que estaban cancelando las citas porque los recursos ahora están enfocados en deportaciones", cuenta Lucía, aun con voz incrédula.
Lucía vive en Whittier, una ciudad del condado de Los Ángeles. Llegó a Estados Unidos en 2021. Dos años después, en 2023, se casó con un ciudadano estadounidense, y un mes más tarde comenzó su proceso de regularización con ayuda legal.
"En diciembre me llegó mi permiso de trabajo. Todo iba bien. Pensaba que, después de la entrevista, en dos meses tendría la residencia. Yo ya me veía en diciembre en Costa Rica", dice. Pero todo se detuvo sin previo aviso.
De momento, no hay nueva fecha para la entrevista y no hay comunicación oficial más allá del correo de cancelación. Su abogado le explicó que el Gobierno está redirigiendo a los oficiales que atendían casos como el de ella hacia la gestión de deportaciones.
"No nos han dicho si van a dar otra cita. Solo cancelaron, sin reprogramar ni dar razones. Y eso es lo más duro: la incertidumbre".
Tensión
Según Lucía, en Whittier y en gran parte del sur de California, el ambiente cambió en los últimos días. La presencia de agentes del ICE (Servicio de Control de Inmigración y Aduanas) se siente con fuerza. Y se ve. Las calles están vacías. Los restaurantes latinos, desiertos. Los supermercados, más silenciosos. La gente no quiere arriesgarse.
"El miedo está en la calle. Mis compañeros en el trabajo están temerosos. No pueden ver una patrulla del sheriff sin ponerse nerviosos. Los parques están vacíos. Eso no lo había visto nunca".
"Aunque tengo permiso de trabajo, mi esposo me dice: "No salgas". Él hace las compras. Él hace todo. Por miedo a que me detengan en la calle".
"Yo lo entiendo, pero es como vivir en las sombras. Uno solo sale para lo estrictamente necesario".
Aunque su estatus migratorio está en proceso y tiene documentos temporales, Lucía siente que eso ya no es garantía de nada.
"Aquí agarraron gente en un Home Depot. A quien se encuentren, lo primero que agarren. No importa de dónde sea".
Miedo en el santuario
Para muchos migrantes, California era el estado refugio. El "santuario" que protegía a los suyos frente a las políticas más duras del Gobierno federal. Pero desde que Donald Trump regresó al poder, incluso este estado cambió. La presión es mayor y los recursos se están usando para ejecutar órdenes de deportación a gran escala.
"Uno siempre pensó que estas cosas pasaban en Texas, en Arizona. Pero no en California. Aquí era donde uno podía estar tranquilo. Pero ya no".
La situación es tal que incluso personas con décadas de vivir en EE. UU. están revisando sus rutinas, tomando precauciones.
"Tengo una amiga tica que lleva más de 40 años aquí, casada, con residencia. Me dijo: ‘Nunca he andado mis papeles encima. Ahora no salgo sin ellos'. Nunca lo había hecho, pero ahora sí".
¿Y si toca devolverse?
Lucía conoce a varias personas que están viviendo lo mismo. Migrantes con permisos, con familia, con trabajo legal. Todos sienten que la posibilidad de ser detenidos y deportados creció de manera desproporcionada.
"Tengo una conocida que está casada, con una hija. Vive indocumentada. Ella y su esposo decidieron que él se queda en casa. Me dijo: ‘Es mejor que si me agarran, sea a mí. No a los dos'".
Lucía no sabe cuándo volverá a tener su cita. No sabe si podrá ir a Costa Rica en diciembre. No sabe siquiera si es seguro planear algo. Pero sigue trabajando. Sigue esperando. Sigue cuidándose. Y trata de no perder la esperanza.
"Es frustrante, porque uno ha hecho todo bien. He trabajado, tengo permiso. Pero ahora eso no importa".