Opinión: “WhatsAppito, ¿dime con qué alimento mi odio, desde que revisé ayer?”
Aparentemente habrá que añadir un nuevo grupo de Libros Sagrados a la Biblia: las "Epístolas Zuckerbérgicas", pues si algo nos llega por Facebook, Instagram o WhatsApp entonces es automáticamente Sagrada Verdad.
Veo una sonrisa disimulada: como chiste, hasta alguna gracia tendrá, pero en el fondo es un asunto muy serio. Nos estamos convirtiendo en incautos digitales capaces de admitir cualquier estupidez con tal de que llegue a nosotros a través de un conocido, por medio de WhatsApp.
El ejemplo más reciente es doloroso. Es difícil de creer y de aceptar pero el Ministro de Educación fue removido del puesto a punta de mentiras. Sí, de mentiras.
Porque es mentira que exista alguna actividad en el calendario del MEP para celebrar el orgullo gay y es una flagrante mentira que los drones para los colegios técnicos agropecuarios sean sistemas de espionaje "a lo 007". Es mentira que los baños neutros sean antros de libertinaje (de hecho, todos tenemos un baño neutro en la casa… a menos que el arquitecto le instalara dos inodoros juntos).
Lo curioso del caso es que cualquiera de estas cosas puede ser comprobada rápidamente buscando en internet. Sin embargo, un venenoso coctel de pereza, credulidad y comportamiento de manada nos hace incapaces de detenernos un momento y hacernos preguntas obvias, preguntas naturales, preguntas evidentes. Por ejemplo: ¿Cómo sabe esto la persona que me lo envía – cuál es su fuente? ¿Qué dicen los diarios, los telenoticieros, los programas de opinión en la radio al respecto? ¿Algún analista o periodista reconocido ha denunciado este asunto? ¿Algún Diputado, la Contraloría, la Fiscalía? ¿Qué dice la página del Ministerio o de la entidad a la cual ataca el mensaje? ¿Podrá tener algún interés en particular la persona que comparte "esto" para atacar así?
De repente el mensaje pasa la prueba y resulta ser verdad, pero aceptarlo así como así es muy peligroso. No hace mucho Edgar M. Welch condujo seis horas desde su casa para luego entrar y disparar en la pizzería "Comet Ping Pong" en Washington DC. ¿Por qué? Bueno, el caballero en cuestión había leído "noticias" en Facebook y Twitter donde se aseguraba que en ese lugar operaba una organización mafiosa que explotaba sexualmente a niños que era dirigida por… Hillary Clinton. Nada de eso era cierto. Dichosamente, la policía actuó rápidamente y nadie salió herido, capturando al crédulo de Mr. Welch con su rifle de asalto AR-15.
La lección es evidente, pero vamos a dejarla por escrito: si el mensaje viene por redes sociales, no hay que creerlo sin antes investigar. Esto es especialmente válido cuando el mensaje "suena bien", o sea, cuando refuerza lo que yo ya creo saber. Es muy probable que simplemente me estén manipulando. Me están "endulzando" el oído, diciéndome precisamente lo que quiero escuchar: el Gobierno hizo tal cosa, el Ministro es un tal por cual, los "Progresistas" están cambiando aquello, los "Conservadores" hicieron tal y tal barbaridad.
Dice el refrán que uno no ve el mundo como es sino como quiere verlo. Nunca ha sido esto más cierto que ahora, porque su WhatsApp y su Facebook, amigo lector, son un espejo de quien Usted es. Están diseñados para eso, para que Usted los revise todos los días, a cada instante, mostrándole solo lo que Usted quiere ver. Son una "chupeta digital", son su burbuja privada, su mundo, un sistema que refuerza incesantemente sus creencias y posturas. Ahora bien: ¿Qué clase de reflejo devuelve ese espejo?
Finalicemos con un cuento: "Con ojos desorbitados, la malvada bruja preguntó: "WhatsAppito, WhatsAppito, que habitas en mi cel, ¿dime con qué alimento mi odio, desde que revisé ayer?". Y el espejo respondió: "Sí mi ama, a tus órdenes responderé, mira cuánta basura y rencor recolecté para Usted".
Cuidemos ese reflejo. Cuidémoslo.
Fernando Quesada V.
Gerente de Proyectos
fquesadav@gmail.com
www.fernando-quesada.com