Servilletas, GPS y ADN fueron claves para resolver el femicidio de Tamara Centeno
Unas servilletas blancas con puntos verdes, el GPS del teléfono de la víctima y el ADN encontrado bajo sus uñas fueron algunas de las evidencias que permitieron vincular a David John Moriondo con el femicidio de su esposa, Tamara Centeno Murillo.
Las servilletas aparecieron en dos momentos de la investigación. Unas fueron encontradas dentro de una bolsa plástica donde también estaba el teléfono de Tamara, mientras que otras aparecieron durante el allanamiento de la vivienda donde la joven residía con Moriondo.
Las características particulares de esos objetos permitieron establecer una conexión entre los hallazgos y la casa.
La investigación del Organismo de Investigación Judicial (OIJ) y la Fiscalía de San Ramón permitió además reconstruir los movimientos de Moriondo mediante grabaciones de cámaras de seguridad y el rastreo de la ubicación del teléfono de Tamara.
El estadounidense recibió una condena en firme de 25 años de prisión por el femicidio y por el aborto sin consentimiento del bebé que Tamara gestaba cuando murió.
Primeras conexiones
Poco después de que la familia denunciara la desaparición de Tamara, los investigadores utilizaron el rastreo de ubicación de su teléfono celular, cuya localización estaba compartida con sus allegados.
La aplicación mostró como último punto las inmediaciones de una licorera en San Ramón.
Los agentes revisaron las cámaras de seguridad del establecimiento y observaron a Moriondo llegar en el Toyota RAV4 rojo propiedad de Tamara.
En las imágenes también aparece cuando baja del vehículo y deposita una bolsa plástica dentro de un basurero.
Los investigadores localizaron posteriormente el celular dentro de esa bolsa. También encontraron una cola para el cabello y una servilleta con características particulares.
Esas características coincidían con otras servilletas encontradas posteriormente en la vivienda.
Durante el allanamiento, los agentes también detectaron sangre humana en un minigimnasio y recolectaron diferentes materiales para análisis.
Entre ellos había servilletas blancas con puntos verdes y características particulares, similares a las localizadas en la bolsa donde apareció el teléfono.
La evidencia fue remitida a los laboratorios bajo los protocolos de cadena de custodia para realizar las respectivas comparaciones.
Las cámaras siguieron el recorrido del carro
Mientras avanzaba la investigación, el cuerpo de Tamara apareció en Palmares, dentro de bolsas plásticas y abandonado en la vía pública, en una calle cercana entre Palmares y San Ramón, en el sector de La Granja.
Los investigadores sabían que Moriondo se había desplazado en el vehículo rojo de Tamara, por lo que buscaron más grabaciones de cámaras de seguridad.
Una de ellas, instalada en una vivienda, permitió observar el paso del RAV4 a unos 100 metros del lugar donde apareció el cuerpo.
Moriondo también llevaba ropa que posteriormente fue localizada durante el allanamiento de su residencia.
El ADN apareció bajo las uñas de Tamara
La autopsia determinó que Tamara murió por asfixia. Además, estableció que tenía un embarazo de cuatro meses y que el producto de la gestación murió como consecuencia de la asfixia materna.
Los médicos forenses también identificaron dos fuertes golpes en la cabeza que le provocaron heridas abiertas.
Los hallazgos coincidieron con la evidencia localizada en la vivienda, donde los investigadores habían detectado sangre.
Uno de los análisis más relevantes correspondió al material subungueal de la mano izquierda de Tamara, es decir, lo encontrado debajo de sus uñas.
El análisis determinó que ese material era compatible con el ADN de Moriondo.
El estadounidense también presentaba una lesión en el cuello compatible con un estigma ungueal, es decir, un arañazo.Además, tenía lesiones en las rodillas. Moriondo afirmó que se las había provocado mientras limpiaba los pisos de la vivienda.
Los investigadores cuestionaron esa explicación debido al estado en que encontraron la casa. Además, el propio imputado indicó que las lesiones se habían producido el día anterior, cuando ocurrió la muerte de Tamara.
Una cola para el cabello también aportó evidencia
Los investigadores examinaron la cola para el cabello localizada dentro de la bolsa que contenía el teléfono celular.
Los cabellos encontrados en ese objeto compartían características tricológicas con los de Tamara.
También se acreditó mediante documentos que la vivienda donde residía la pareja estaba registrada a nombre de una sociedad en la que Moriondo figuraba como gerente. La propiedad había sido adquirida en 2022.
Las certificaciones de matrimonio permitieron acreditar la relación entre ambos, mientras que los registros migratorios documentaron los movimientos de Moriondo dentro y fuera de Costa Rica desde 2021.
Tamara sufrió durante la relación
La investigación también incorporó información sobre la relación entre Tamara y Moriondo.
De acuerdo con los elementos valorados durante el proceso, ambos mantuvieron una relación desde que ella tenía 16 años, en un vínculo que posteriormente terminó en matrimonio.
La información médica de Tamara registró desde 2021 episodios de ansiedad y un intento de autoeliminación asociado con esa condición.
Su madre también aportó información obtenida de la computadora personal de su hija y relató las circunstancias que llevaron a la familia a sospechar de su desaparición.
Después de un viaje que realizó con Tamara al extranjero para visitar familiares, la madre intentó comunicarse con ella sin obtener respuesta.
Fue entonces cuando, mediante una aplicación de ubicación, detectó movimientos que le parecieron extraños en el GPS del teléfono.
La mujer acudió a la vivienda de su hija para buscarla. Allí encontró a Moriondo dentro del vehículo, aparentemente intentando quitarse la vida.
Para el Tribunal Penal de San Ramón, la valoración conjunta de las evidencias permitió establecer la responsabilidad de Moriondo en el femicidio.
Aunque algunos dictámenes médicos señalaron afectaciones en su estabilidad mental, los jueces determinaron que conservaba sus capacidades para comprender sus actos, por lo que esa condición no lo eximía de responsabilidad.



