Piloto de Los Chapitos admitió recoger 400 kilos de cocaína en Costa Rica
Un piloto de Los Chapitos admitió ante autoridades de EE. UU. haber participado en operaciones de narcotráfico que incluyeron la recolección de cargamentos de cocaína en Costa Rica, según consta en una acusación de la Corte del Distrito de Columbia.
Se trata de Mauro Alberto Núñez Ojeda, alias "El Jando", quien en abril firmó un acuerdo de culpabilidad tras ser acusado de conspirar para distribuir droga con destino final en territorio estadounidense.
"El Jando" reconoció haber formado parte de una red de tráfico de cocaína durante más de una década, bajo las órdenes de figuras como Iván Archivaldo Guzmán Salazar, uno de los líderes del Cártel de Sinaloa y encargado de la facción de Los Chapitos. Conocida así por ser encabezada por los hijos de Joaquín Guzmán Loera, "El Chapo".
Núñez admitió que en 2017 viajó por vía aérea a Costa Rica para recoger un cargamento de cocaína de más de 400 kilos, el cual posteriormente trasladó hasta Sinaloa, México.
"El Jando" operó aeronaves utilizadas para movilizar importantes cargamentos de droga desde Centro y Sudamérica, con conocimiento de que estos serían introducidos ilegalmente al mercado estadounidense. El piloto también habría participado en el traslado de miembros de alto rango de la organización criminal, así como en el movimiento de armas destinadas a enfrentar a grupos rivales.
Núñez se declaró culpable del delito de conspiración para traficar al menos cinco kilogramos de cocaína, aunque en la investigación se le atribuyen responsabilidades por al menos 450 kilogramos.
Por este cargo, enfrenta una pena que va desde 10 años de prisión hasta cadena perpetua. Asimismo, podría recibir una multa de hasta $10 millones y el decomiso de bienes vinculados a sus actividades ilícitas.

La acusación
Según la acusación presentada en EE. UU. el piloto integró durante más de una década una estructura de narcotráfico internacional con operaciones en varios países del continente.
"Desde enero de 2014 aproximadamente, y hasta al menos abril de 2025, en México, Costa Rica, Ecuador, EE. UU. y otros lugares, el acusado formó parte de una conspiración cuyo objetivo era fabricar y distribuir cinco kilogramos o más de cocaína, con la intención, el conocimiento y la creencia razonable de que dichas sustancias serían importadas ilegalmente a EE. UU.", detalla el expediente.
El documento judicial señala que, durante ese período, el acusado transportó personalmente múltiples cargamentos de droga por orden de Iván Archivaldo Guzmán Salazar, uno de los líderes del Cártel de Sinaloa.
La acusación es enfática en vincular a Costa Rica como punto clave dentro de la operación: "En 2017, pilotó una de las aeronaves del cártel desde México hasta una pista de aterrizaje en Costa Rica para recoger aproximadamente 400 kilogramos de cocaína", precisa.
Tras recoger el cargamento, el imputado voló la droga de regreso a Culiacán, Sinaloa, donde fue descargada por colaboradores de otro miembro del cartel para su posterior distribución hacia EE. UU.. Por este traslado, habría recibido cerca de $200.000.
Además, la investigación sostiene que después de 2017 el acusado continuó realizando numerosos vuelos bajo órdenes de la cúpula criminal, transportando cientos o miles de kilogramos de cocaína desde distintos puntos, incluyendo Ecuador, hacia México.
"Sabía que los cargamentos de cocaína que pilotaba eran distribuidos por miembros del Cártel de Sinaloa para su importación ilegal a Estados Unidos", concluye la acusación.
Pistas clandestinas y autorizadas
Según el fiscal adjunto de Delincuencia Organizada, Mauricio Boraschi, el uso de aeronaves y pistas —tanto clandestinas como legales— sigue siendo uno de los métodos preferidos del narcotráfico y está lejos de desaparecer.
El fiscal explicó a este medio que las organizaciones criminales han evolucionado sus estrategias y ya no dependen únicamente de pistas ocultas. Por el contrario, también logran operar en pistas autorizadas, incluso sin que sus propietarios lo detecten.
"Ya disponen de sistemas de iluminación portátiles que pueden instalar y desinstalar en cuestión de minutos para facilitar aterrizajes o despegues", detalló Boraschi, al describir el nivel de sofisticación alcanzado por estas estructuras.
El fiscal agregó que la adecuación de terrenos para estas operaciones no representa una limitante significativa, ya que también depende de la experiencia de los pilotos involucrados, muchos de ellos altamente capacitados para operar en condiciones complejas.
Casos recientes han evidenciado esta modalidad. Investigaciones han detectado el uso de pistas en fincas agrícolas y hoteles en zonas como Nandayure, Santa Cruz, Nicoya y Bagaces, en Guanacaste, así como en el Caribe Sur y Puerto Jiménez, en la zona sur del país.
Expedientes recientes como el caso Coraza y el caso Furtivo han dejado en evidencia cómo estas organizaciones utilizan tanto pistas clandestinas como instalaciones formales para ingresar o sacar cargamentos de droga del país.
"En algunas pistas autorizadas y otras construidas por el narco, se reclutó a vigilantes o administradores, o simplemente operaron sin conocimiento de los propietarios", señaló el fiscal.
Ante este escenario, la Fiscalía advierte la necesidad de reforzar la fiscalización y supervisión estatal sobre este tipo de infraestructura.
El fenómeno, agregó, no es exclusivo de Costa Rica, sino que se replica en distintos países de la región, donde las organizaciones criminales analizan las condiciones del entorno y las capacidades de respuesta de las autoridades para facilitar el traslado de droga.



