(Foto) El cara a cara de Diablo con los jefes del OIJ

24 de Jul. 2026 | 1:51 pm
Michael Soto y Vladimir Muñoz, director y subdirector del OIJ respectivamente, en el operativo de captura de Diablo.

Michael Soto y Vladimir Muñoz, director y subdirector del OIJ respectivamente, en el operativo de captura de Diablo.

Con las manos esposadas hacia atrás, el rostro serio y sin mostrar resistencia, Alejandro Arias Monge, alias Diablo, permaneció de pie frente a los jefes del Organismo de Investigación Judicial (OIJ) pocos minutos después de su captura en San Bernardino de Horquetas, Sarapiquí.

La imagen registra el primer cara a cara entre el considerado prófugo más buscado del país durante la última década y el director a. i. del OIJ, Michael Soto, así como el subdirector Vladimir Muñoz, quienes llegaron al sitio para supervisar el resultado del operativo que puso fin a años de búsqueda.

Arias Monge vestía una camiseta negra de manga corta y mantuvo la mirada hacia el suelo, mientras lo custodiaban por varios agentes del OIJ equipados con chalecos antibalas y armamento táctico. A pocos metros de él, Soto sostenía un radio de comunicación por el cual giraba instrucciones, en presencia de Muñoz y otros oficiales que participaron en la intervención.

La fotografía fue tomada en el exterior de la propiedad donde Diablo permanecía oculto, una vez que aseguraron la casa desde donde abrieron fuego contra operadores del Servicio Especial de Respuesta Táctica (SERT), intercambio que sostuvo por cerca de una hora.

El operativo permitió detener también a Jonathan Pérez Méndez, alias "Tan", y dejó como saldo seis agentes del OIJ heridos y la muerte de Ronnie Ríos Oconitrillo, alias "Coco Guácimo", identificado como uno de los principales colaboradores de Arias Monge.

La escena resume uno de los momentos más relevantes para las autoridades judiciales en los últimos años: el instante en que el hombre señalado por el OIJ como líder de una de las organizaciones criminales más violentas del país quedó finalmente bajo custodia, el mismo por el que la DEA ofrecía una recompensa de $500 mil, frente a los jerarcas que dirigieron la investigación de la Oficina Especializada Contra la Delincuencia Organizada (OECDO) que culminó con su captura.

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