Estudio de la UCR revela alta presencia de parásitos intestinales entre escolares

31 de Ago. 2026 | 5:22 pm

Una investigación realizada con 4.812 muestras de escolares de 24 distritos de Costa Rica encontró que el 56,4% tenía al menos un parásito intestinal.

El estudio, publicado en 2026 por la Universidad de Costa Rica (UCR), identificó las mayores concentraciones en Limoncito, Chirripó, Telire y Sixaola.

En varios de estos lugares habitan pueblos originarios y persisten limitaciones en el acceso al agua potable y al saneamiento. Estas condiciones facilitan la transmisión de los parásitos.

"Que hayamos identificado focos activos de transmisión de parásitos intestinales es de gran importancia, debido a que estas infecciones se consideran prácticamente erradicadas en gran parte del país", explicó Javier Mora Rodríguez, microbiólogo y uno de los investigadores que lideró el estudio.

Según el especialista, la mayoría de los focos se encuentra en zonas con condiciones que favorecen la permanencia de la transmisión.

Infecciones pueden afectar el desarrollo infantil

Los parásitos intestinales pueden ingresar al organismo por medio del consumo de agua o alimentos contaminados. Algunos también penetran por la piel cuando una persona entra en contacto con el suelo.

Si estas infecciones no reciben tratamiento, pueden afectar el crecimiento, el estado nutricional y la capacidad de aprendizaje de los niños. También pueden provocar anemia, desnutrición, agotamiento y molestias gastrointestinales.

La lombriz intestinal, cuyo nombre científico es Ascaris lumbricoides, fue el helminto encontrado con mayor frecuencia. Alcanzó una prevalencia del 19,6% en las muestras estudiadas en algunas regiones del país.

Entre los protozoarios destacó la Giardia intestinalis, presente en el 13,5% del muestreo de ciertas regiones.

En Sixaola, distrito al que pertenece la comunidad de Tanagra, el 31,9% de las muestras presentó helmintos y el 39,3%, protozoarios intestinales.

Una comunidad depende de un solo punto de agua potable

Tanagra se encuentra en Sixaola, Talamanca. Allí viven cerca de 125 personas y aproximadamente el 60% pertenece al pueblo Ngäbe.

Las familias deben caminar con baldes hasta el único punto de agua potable disponible para toda la comunidad. Esto contrasta con el promedio nacional: el 97,3% de las viviendas de Costa Rica tiene agua por tubería en su interior.

La comunidad tardó cerca de seis años en conseguir esa fuente de agua potable. Antes dependía de pozos que quedaban expuestos a contaminación durante las inundaciones.

En 2011, después de un proceso de organización comunitaria, Tanagra obtuvo el acceso al agua potable y redujo su dependencia de los pozos para consumo.

"Antes de tener ese tubo consumíamos agua de pozo y era peor. Era cuando más casos de esos bichos había", recordó Ana Beker Bonilla, habitante Ngäbe de la comunidad.

Los análisis de laboratorio efectuados en la zona permitieron detectar infecciones cuya gravedad no podía reconocerse a simple vista.

"En una muestra que analizamos vimos una gran cantidad de parásitos, lo que evidenciaba la magnitud de la infección que algunos niños en Tanagra estaban experimentando", relató Mora.

Conocimientos ancestrales forman parte de la respuesta

A unos 240 kilómetros de Tanagra, habitantes del territorio Bribri de Talamanca también enfrentan esta problemática.

En Telire, la investigación encontró una prevalencia de protozoarios intestinales del 62,8%, una de las cifras más altas entre los sitios estudiados.

Las familias Bribri han utilizado durante generaciones sus conocimientos para atender distintas enfermedades. Entre ellos se encuentra el uso de una planta conocida como "amargo".

"Lo que la comunidad indígena Bribri utiliza para eliminar los parásitos es una planta que se conoce como amargo, un remedio tradicional", explicó Jairo Morales Mora, habitante Bribri y director de la Escuela Wawet.

Los habitantes también acuden al Awá, médico tradicional Bribri que emplea plantas medicinales y prácticas culturales, incluidos los cantos de sanación.

A estas prácticas se suman actualmente los diagnósticos de laboratorio y las acciones de prevención y tratamiento.

"Hoy vemos a nuestros niños más sanos y contentos", afirmó Morales.

Trabajo ha llegado a 24 zonas del país

Durante casi 18 años, dos iniciativas coordinadas por Mora han capacitado a cerca de 5.170 personas en prevención, efectuado más de 4.800 análisis de heces y gestionado tratamientos para pacientes con infecciones parasitarias.

Se trata del proyecto "Prevención de parasitosis en escolares de zonas vulnerables de Costa Rica" y del "Estudio coproparasitológico en escolares de comunidades rurales".

Los equipos se trasladan hasta las comunidades para brindar capacitación, recolectar las muestras y llevarlas a los laboratorios. Después de los análisis, gestionan el tratamiento y seguimiento de las personas que presentan infecciones.