(Audio) Privado de libertad relata golpizas y falta de alimentos en centro penitenciario
Un privado de libertad recluido en alta contención de La Reforma relató agresiones físicas, intimidaciones, escasez de alimentos y otras malas condiciones que, según denunció, afrontan los reos desde hace meses.
Según dijo, la Policía Penitenciaria los mantiene sometidos con agresiones diarias, que van desde puñetazos y patadas hasta el uso de armas no letales de reglamento con las que cuentan los agentes.
"Nos tratan como si fuéramos basura. Nos sacan a todos del dormitorio, nos pegan con la cara contra la pared y no podemos ni volver a ver hacia atrás porque nos leñatean también".
Según relata Diego (nombre ficticio del privado de libertad, quien pidió que se le protegiera su identidad), esto ocurre especialmente durante las revisiones que realizan los oficiales y los recuentos de reos. Asegura que, aunque los privados de libertad no tengan objetos prohibidos ni opongan resistencia, reciben constantes golpizas.
"Entran ahí pegándole manazos en la cara a la gente y pegando leñazos por nada. Vienen a hacer sus requisas, a hacer su trabajo, pero a la vez vienen ahí con ganas de agarrar a la gente a punta de patadas y leñazos".
Aunque en algunas ocasiones los mismos reclusos denuncian estas situaciones, las alertas terminan en nada, especialmente por falta de testigos.
Otros privados de libertad optan por guardar silencio para evitar represalias. Además, afirma que parte de la estrategia de los agresores consiste en realizar los actos de espaldas para evitar que queden testigos, dado que nadie logra verlos.
Huelga de hambre
Diego es uno de los pocos privados de libertad de su pabellón específico —compuesto por alrededor de 50 personas— que se unieron a la reciente huelga de hambre que, según organizaciones no gubernamentales, se mantiene hasta hoy como señal de protesta por el racionamiento de alimentos.
Sin embargo, él mismo relata que muchos no se suman y comen a la fuerza, aunque estén inconformes, para evitar más agresiones. En su caso concreto, tuvo que recurrir a autoridades externas porque, en los últimos meses, perdió alrededor de 40 kilogramos de peso.
Ya van tres directores diferentes a quienes les han enviado notas escritas con solicitudes que, según denuncia, no han sido atendidas. De acuerdo con Diego, nunca han recibido una explicación sobre por qué las porciones son cada vez más pequeñas.
A esto se suma la reducción en las visitas que solían proveer alimentos extra, así como la disminución en la cantidad y frecuencia de las entregas de comida que podían recibir.
"Aquí ni nos quieren dar comida suficiente ni tampoco permiten que nos manden. No se puede recibir nada, ni un confite. Aquí no podemos tener enjuague bucal, ni aplicadores para los oídos, nada de esas cosas.
Con costos, es una vez cada dos meses para traer un desodorante, una pasta, un cepillo y así sus cositas personales".
Pese a este relato, el Ministerio de Justicia, mediante un comunicado, aseguró que se trata de un grupo reducido que no está de acuerdo con el tamaño de las tazas donde se sirven las porciones de comida y que la protesta fue depuesta rápidamente luego de que estas personas retomaran voluntariamente sus tiempos de alimentación.
Además, defendió que las porciones alimentarias que reciben los privados de libertad responden al índice calórico mínimo requerido y contemplan proteína conforme al menú diario establecido por criterios nutricionales y técnicos, así como que los recipientes son higiénicos y salubres.
La Asociación Ayudando a Privados de Libertad y sus Familias desmintió rápidamente esas aseveraciones. Rafael García, presidente de la ONG, aseguró que la huelga de hambre responde a la cantidad insuficiente de comida, situación que ya fue denunciada ante la Sala Constitucional.
"Es una tortura física y psicológica que están recibiendo los privados de libertad por parte de la cartera de Justicia. Es falso que la huelga de hambre ya terminó. No están imponiendo mano dura, están incurriendo en una violación a los derechos humanos fundamentales de los privados de libertad", detalló.
Según los cálculos de la organización, alrededor de 2.400 personas continúan sin ingerir alimentos.
Situación médica
Las condiciones han empeorado especialmente durante los últimos meses. En el caso de Diego, relata que pasó ocho meses solicitando atención médica sin ser atendido. Pese a padecer gastritis y afecciones en la piel, no recibió durante un largo periodo los tratamientos que requería.
También asegura que, producto de las golpizas, algunos presidiarios terminan heridos y requieren atención en las enfermerías.
"Les abren la cabeza, los golpean duro con leños en la espalda, en las costillas, en los brazos, en todo lado le dan".
A todo esto se suman limitaciones para comunicarse con familiares. Según denuncia, en algunas zonas carcelarias los teléfonos públicos permanecen dañados durante largos periodos antes de ser reparados, por lo que pierden contacto con sus allegados e incluso se enteran de tragedias, como fallecimientos de familiares, meses después. Además, aseguran que tampoco tienen acceso a medios de comunicación.
Un informe del Mecanismo Nacional de Prevención de la Tortura (MNPT), publicado el lunes anterior, detalla que durante 2025 detectaron riesgos de subnutrición y malas prácticas en la manipulación de alimentos en el Circuito de Alta Contención del Sistema Penitenciario Nacional.
El cierre de las pulperías penitenciarias limitó el acceso a alimentos complementarios, lo que obligó a la administración a aumentar la entrega de insumos, aunque sin un plan de acción integral formal que compensara esas limitaciones.
Además, se observó que, al no poder calentar la comida después de ser entregada, los privados de libertad podían experimentar ayunos forzados de entre 16 y 17 horas, superando el estándar internacional de 14 horas.
En uno de los pabellones también se constató la manipulación inadecuada de alimentos, con bandejas grandes para el transporte de comida colocadas directamente sobre el suelo, el cual no estaba en condiciones higiénicas adecuadas, además de la presencia de gatos. Asimismo, la comida se enfriaba durante el trayecto.
El informe agrega que los alimentos no se entregaban en bandejas individuales, sino que los privados de libertad debían utilizar tazas inadecuadas o bolsas, mientras que la cantidad de jabón para lavarlas era insuficiente.
La Defensoría de los Habitantes confirmó que han recibido tres denuncias recientemente relacionadas con el Centro de Atención Específica (Máxima Seguridad) en temas de alimentación, mismas que están en el proceso de atención y de verificación.
Aunque ya emitieron una postura, este medio también consultó al Ministerio de Justicia sobre los más recientes alegatos, pero la respuesta está en trámite.






