¿Qué cambió en Afganistán cinco años después del regreso de los talibanes?

Imagen con fines ilustrativos (Photo by Atif ARYAN / AFP).
Si tiene solo unos segundos, lea estas líneas:
- Los talibanes retomaron el poder en 2021 tras la retirada de las tropas estadounidenses y el colapso del Gobierno afgano, pero no cumplieron buena parte de sus promesas iniciales sobre derechos y libertades.
- Mujeres y niñas sufren las mayores restricciones, con prohibiciones y limitaciones para estudiar, trabajar, movilizarse y participar en espacios públicos, también aumentaron las denuncias de abusos contra periodistas y activistas.
- Afganistán sigue sumido en una crisis humanitaria y económica, con millones de personas necesitadas de asistencia, desplazamiento de población y una creciente vulnerabilidad ante sequías, inundaciones y otros efectos del cambio climático.
Cinco años después de que los talibanes retomaran el poder, Afganistán continúa atrapado en una profunda crisis humanitaria, económica y social. El régimen consolidó su control sobre el país, mientras millones de personas enfrentan pobreza, inseguridad alimentaria y dificultades para acceder a servicios básicos.
El regreso de los talibanes ocurrió el 15 de agosto de 2021, cuando sus combatientes entraron en Kabul en medio de la retirada de las tropas estadounidenses y provocaron el colapso del gobierno respaldado por Occidente.
Desde entonces, las nuevas autoridades impusieron numerosas restricciones, especialmente contra mujeres y niñas, cuyos derechos y participación en la educación, el trabajo y la vida pública se vieron reducidos.
¿Quiénes son los talibanes?
Los talibanes son un movimiento político y religioso fundamentalista que gobierna Afganistán bajo el nombre de Emirato Islámico de Afganistán.
El grupo surgió a mediados de la década de 1990, después de la retirada de las tropas soviéticas, que habían entrado en Afganistán en 1979 para respaldar al gobierno comunista aliado. Posteriormente, el país quedó sumido en una guerra civil y un escenario de creciente inestabilidad.
En 1996, los talibanes tomaron Kabul y establecieron un régimen basado en una interpretación estricta de la ley islámica, conocida como sharía. Durante ese periodo, impusieron fuertes restricciones a las mujeres y niñas y dieron refugio a organizaciones terroristas, entre ellas al-Qaeda.
El régimen fue derrocado en 2001 por una coalición internacional encabezada por Estados Unidos, tras los atentados del 11 de setiembre. Sin embargo, el grupo mantuvo una insurgencia durante las dos décadas siguientes.
Durante ese periodo, Afganistán continuó enfrentando guerra, debilidad institucional, corrupción, narcotráfico y desplazamiento de población. Los talibanes se refugiaron en zonas fronterizas y mantuvieron ataques contra puestos de seguridad, carreteras y centros urbanos.
Mientras las fuerzas estadounidenses comenzaban su retirada, los talibanes lanzaron una ofensiva que les permitió recuperar rápidamente el control del territorio. El 15 de agosto de 2021 entraron en Kabul y el gobierno afgano colapsó.
En su primera conferencia de prensa, el portavoz talibán Zabihullah Mujahid prometió respetar los derechos de las mujeres, conceder una amnistía a antiguos funcionarios y soldados, impedir que Afganistán fuera utilizado para planificar ataques terroristas y permitir el trabajo de los medios de comunicación.
También aseguró que las mujeres podrían acceder a la educación y al empleo dentro del marco establecido por la ley islámica.
Cinco años después, buena parte de esas promesas no se concretó.
Mujeres y niñas: las principales afectadas
La situación de las mujeres se convirtió en uno de los principales puntos de conflicto entre Afganistán y la comunidad internacional.
Desde su regreso al poder, los talibanes impusieron prohibiciones que restringieron el acceso de mujeres y niñas a la educación, el empleo, la movilidad y los espacios públicos.
Las niñas y adolescentes quedaron excluidas de la educación secundaria y las mujeres, también de las universidades. Las restricciones alcanzaron numerosos trabajos, organizaciones y espacios públicos.
Para Naciones Unidas y organizaciones de derechos humanos, estas medidas forman parte de un sistema de discriminación institucionalizada contra las mujeres.
El retorno de los talibanes también significó un profundo retroceso en materia de derechos humanos. Las autoridades sustituyeron progresivamente el sistema político y jurídico establecido durante las dos décadas anteriores por normas y decretos propios.
El Parlamento dejó de funcionar, la Constitución de 2004 quedó prácticamente sin efecto y los tribunales pasaron a operar bajo las normas emitidas por las autoridades talibanas, concentrando el poder político y religioso en el Emirato Islámico.
Las restricciones también alcanzan a periodistas, activistas y organizaciones de la sociedad civil. Persisten denuncias de detenciones arbitrarias, torturas, ejecuciones extrajudiciales y otros abusos, mientras las posibilidades de supervisión independiente son limitadas.
Crisis económica y humanitaria
La crisis económica y humanitaria constituye otro de los principales desafíos para Afganistán.
Tras la toma de Kabul, varios países congelaron activos afganos en el extranjero y redujeron drásticamente la ayuda internacional que durante años sostuvo buena parte de la economía del país.
El deterioro económico y la falta de servicios esenciales dejaron a millones de afganos en necesidad de asistencia humanitaria. Una parte importante de la población enfrenta dificultades para conseguir alimentos, atención médica, vivienda y empleo.
La crisis también provocó un enorme desplazamiento de población. Millones de afganos viven fuera del país, mientras los retornos y las deportaciones desde naciones vecinas aumentan la presión sobre los recursos disponibles.
A estos problemas se suma la vulnerabilidad ante el cambio climático. Sequías, inundaciones y otros fenómenos extremos afectan la producción agrícola y dificultan aún más el acceso a alimentos y agua.
Aunque Afganistán contribuye poco a las emisiones globales de gases de efecto invernadero, sus habitantes sufren de manera directa las consecuencias del calentamiento global.
Un nuevo escenario internacional
El régimen talibán continúa sin un reconocimiento internacional amplio, aunque su aislamiento comenzó a disminuir. Varias naciones mantienen contactos diplomáticos con Kabul y algunas han ampliado sus relaciones por motivos vinculados con la seguridad, el comercio y la migración.
Este acercamiento genera preocupación entre organizaciones de derechos humanos, que advierten sobre el riesgo de normalizar al régimen sin exigir cambios en sus políticas hacia las mujeres y otros sectores de la población.
La comunidad internacional enfrenta así un difícil equilibrio: mantener la presión sobre los talibanes para evitar una normalización del régimen, mientras garantiza la asistencia humanitaria necesaria para una población que depende de ella para sobrevivir.