La hermosa historia de amor entre un policía y una refugiada

1 de Ene. 2017 | 8:34 am

Entre los miles de relatos dramáticos que ha dejado la crisis de refugiados en Europa, una singular pero hermosa historia de amor: la de una kurda iraquí, Noora Arkavazi y Bobi Dodevski, uno de los policías que lo custodiaba.

Ella llegó a principios de este año a un puesto fronterizo en Macedonia y allí conoció a Bobi, de quien se enamoró.

Cuatro meses más tarde, esta joven de 20 años dejó a su familia, que seguiría  su ruta hacia Alemania para quedarse en Macedonia y casarse con este hombre de 35 años, miembro de una fuerza policial reputada por su dureza.

Bobi se acuerda de ese día lluvioso. Estaba de servicio en la frontera con Serbia tras haber cambiado un turno a un compañero por cosas del "destino".

Noora había salido en enero de la provincia de Diyala, en el este de Irak. Su padre fue secuestrado por los yihadistas y su rescate costó a la familia miles de dólares.

La familia huyó entonces por Turquía, llegó en barco a la isla griega de Lesbos y después continuó hacia Macedonia, la ruta empleada por cientos de miles de personas que huyen de la guerra y la miseria.

"Tenía un sueño simple: vivir en Alemania con mi familia. No imaginaba que aquí me esperaba una sorpresa así", dijo la joven.

Entre los países más pobres de Europa, Macedonia no es más que una etapa para miles de demandantes de asilo. En la época en que la familia Arkavazi llegó al país, la Unión Europea había cerrado esta "ruta de los Balcanes".

El sueño de Alemania

El día del encuentro, Noora estaba muy enferma, con mucha fiebre. Se acercó a Bobi, que habla inglés, para preguntarle si ella y su familia podrían cruzar la frontera. El policía se encargó de dar mantas y cuidados médicos a la joven y a su madre.

"Dijo ‘no se preocupe, todo va a ir bien en su vida'", recordó.

Él quedó encantado con la muchacha "cuando la vi por primera vez, vi la bondad en sus ojos".

En los días siguientes, los migrantes esperaban en el campo superpoblado de Tabanovce. El policía llevó a la joven y a su madre al supermercado para comprar comida y ropa.

Ella, quien habla seis idiomas, echaba una mano a las asociaciones humanitarias. Y veía al oficial jugar con los niños mientras el resto de sus compañeros permanecían impasibles.

Las fuerzas de seguridad macedonias han sido muy criticadas por su uso excesivo de la fuerza, especialmente por lanzar gas lacrimógenos a los migrantes que tratan de cruzar la frontera.

Cortar lazos

Una tarde, el policía la invitó a un restaurante. Nervioso, le pidió que se casara con él. "Yo le dije que no, que no podía hablar en serio. Pero él repitió quizá 10 veces ‘¿Quieres casarte conmigo?'"", narró Noora.

Pese a la hostilidad de sus padres hacia el matrimonio con un no musulmán, ella acabó aceptando. "He elegido un hombre bueno y me voy a casar con él. No quiero casarme con otra persona", les dijo a sus padres.

El 13 de julio y con la oposición rotunda de la familia de Noora dieron el "sí acepto", en compañía de 120 invitados de "de todas las religiones", como albaneses, turcos musulmanes, serbios, gitanos, eslavos macedonios…

"Fue un casamiento muy bonito y divertido", expresó la joven, que está embarazada.

Juntos viven con los tres hijos que  Bobi tiene de dos matrimonios precedentes.

Noora echa "mucho" de menos Irak. Pero la hospitalidad de los Balcanes le recuerda a su país: en Macedonia "me siento como en casa, nadie me considera una refugiada", asegura.

La de Noora y Bobi "es una bonita historia. Nos gustaría tener más como esa", asegura Dejan Kladarin, de la oficina de Skopje de la Agencia de la ONU para los Refugiados (Acnur).