Mascaradas ticas llevan la huella de distintos pueblos y culturas
La creación de las mascaradas costarricenses constituye una labor que se nutre de diferencias culturales, tanto nacionales como extranjeras. En cada proceso confluyen técnicas, formas e inspiraciones que circulan entre los artistas. No existe una única manera "correcta" de confeccionar una mascarada, pues cada maestro imprime su propio sello en las piezas.
Danny Lara, creador de Mascarada MascaLara, compartió su experiencia de cara a la celebración del Día Nacional de la Mascarada Tradicional Costarricense, este 31 de octubre. Además, explicó parte del contexto histórico y cultural de este arte.
Lara señaló que la mascarada nacional no constituye una tradición homogénea. Por el contrario, se caracteriza por su constante adaptación y por la mezcla de influencias indígenas, europeas y africanas.
Una de sus principales raíces se encuentra en la costumbre española de los gigantes y cabezudos, utilizada durante las procesiones religiosas del Corpus Christi. Según el artesano, estas figuras representaban en Europa a reyes y reinas de diferentes continentes y servían para atraer a los fieles a los desfiles.
Cada pueblo desarrolló su propio estilo
Lara explicó que cada cantón con tradición mascarera desarrolló una firma técnica, estilística y de juego.
La historia de la mascarada criolla suele situar su origen en Cartago durante el siglo XIX, con Rafael Ángel "Lito" Valerín. Una de las versiones más difundidas señala que Valerín organizó en 1877 una mascarada para las celebraciones en honor a la Virgen de los Ángeles.
La tradición oral cuenta que el artesano encontró antiguas cabezas de máscaras españolas en un templo de La Puebla de los Pardos y las utilizó como inspiración para elaborar sus propias figuras.
Su hijo, Jesús Valerín, preservó el oficio y fabricó mascaradas con arcilla, papel, yeso y alambre. Más adelante vendió los moldes a Pedro y Manuel Freer, quienes llevaron las figuras a las fiestas de Zapote y a otras comunidades del país.
Barva de Heredia se convirtió posteriormente en un importante centro de perfeccionamiento artístico. Carlos Salas Cabezas elaboró sus primeras máscaras en 1934 y aportó mayor realismo y detalle anatómico a las piezas de papel maché.
Décadas después, Adrián Villegas, conocido como "Chamoni", experimentó con fibra de vidrio. Este material evitaba que los aguaceros de agosto, durante las fiestas de San Bartolomé, destruyeran las obras de papel.
Santo Domingo de Heredia heredó parte de ese estilo y se caracterizó por sus desfiles con parejas de gigantes de gran altura.
En Escazú destacó Pedro Arias Zúñiga, conocido como "el maestro de los mascareros". El artesano comenzó su labor en 1931 junto con Santiago Bustamante y diseñó armazones de varilla para aumentar la estatura de los gigantes.
El cantón se distinguió desde entonces por sus figuras estilizadas, así como por la elaboración de personajes amorfos y fantásticos.
Las tradiciones indígenas también enriquecen el arte de las máscaras en Costa Rica. En Boruca y Rey Curré, los artesanos tallan piezas en madera de balsa para el Juego de los Diablitos, denominado Cabrú Rójc en lengua boruca.
Esta celebración representa la lucha del pueblo indígena contra la conquista española. Los diablitos simbolizan a la comunidad boruca, mientras que el toro representa al invasor.
Influencias que traspasan las fronteras
Las influencias de la mascarada costarricense también provienen de otros países.
Lara ha incorporado en su trabajo elementos de los Krampus, figuras demoníacas propias de las tradiciones navideñas de Alemania y Austria. Esta inspiración se refleja en diablos con cuernos, pelaje de res, dientes de animales y bastones.
El artesano también toma referencias del carnaval suizo Fasnacht para modelar rostros humanos estilizados. De España conserva rasgos asociados con la fisonomía tradicional de los diablos cabezudos.
Las marionetas mecánicas gigantes de Francia inspiraron otras piezas innovadoras. Entre ellas figura una marioneta articulada con forma de oso perezoso, de cuatro metros de altura.
Lara agregó que la mascarada tradicional de Guanacaste evidencia una marcada influencia nicaragüense. Las gigantas de esa provincia presentan trazos más estilizados, finos y delgados, en contraste con las figuras caricaturescas de la Meseta Central.
La experiencia de Danny Lara
Danny Lara es mecánico y descubrió un espacio en la artesanía gracias al entusiasmo de su primer hijo por los gigantes tradicionales.
Hace unos 18 años comenzó a fabricar máscaras para él. La buena acogida de los vecinos lo motivó a continuar con el oficio y aceptar encargos.
Lara nació en Barva de Heredia, pero reside desde hace más de dos décadas en Santo Domingo. Junto con su esposa y sus dos hijos conformó un taller dedicado a elaborar gigantes, cabezones, máscaras de casco y marionetas de gran tamaño.
Un escultor cubano que alquilaba un local contiguo a su taller mecánico, en San Isidro de Heredia, le enseñó técnicas de modelado y el vaciado en negativo con yeso. Posteriormente, Lara compartió ese conocimiento con artesanos de Barva.
Su amigo de juventud, el reconocido artista y ganador de varios Premios Nacionales Adrián Arguedas Ruano, le enseñó a aplicar pintura al óleo en las máscaras.
Ahora, Lara procura darles a sus obras una firma personal mediante la combinación de pintura al óleo con materiales naturales y reciclados. Utiliza cuernos de res, colmillos, pelo y colas de vaca en lugar de fibras sintéticas.
A sus 54 años, orienta su creatividad hacia personajes infantiles e innovadores, como el Coyote y diferentes animales autóctonos. Su objetivo es despertar alegría entre los niños.
En su taller conserva cerca de 50 máscaras y ha vendido entre 20 y 25 piezas a lo largo de su trayectoria.
Día Nacional de la Mascarada Tradicional Costarricense
El Comité Cultura Aqueserrí y un grupo de artesanos locales organizaron el 31 de octubre de 1996 un pasacalle por las principales vías de Aserrí.
La actividad buscaba fortalecer la identidad del pueblo y contrarrestar celebraciones ajenas a la cultura costarricense.
El Gobierno firmó el 9 de diciembre de ese año el Decreto Ejecutivo n.° 25724-C, que declaró el 31 de octubre como Día Nacional de la Mascarada Tradicional Costarricense.
La efeméride busca promover las diferentes manifestaciones culturales del país, así como recuperar y consolidar la identidad costarricense.
Además, la Asamblea Legislativa declaró en 2022 a las mascaradas como símbolo nacional mediante la Ley n.° 10239. Esta designación pretende fomentar su valoración, divulgación y preservación como expresión del patrimonio cultural del país.


