Semana de la Novela: Carlos Villalobos y el olvido a las víctimas del nemagón

Donde nadie recibió reconocimientos en España y Costa Rica y busca visibilizar una tragedia que, según el autor, muchos todavía desconocen.
El escritor y periodista costarricense Carlos Villalobos convirtió en literatura la historia de las personas afectadas por el nemagón. Su novela Donde nadie tardó 10 años en gestarse, obtuvo reconocimientos en España y Costa Rica y busca mantener viva la memoria de una tragedia que, asegura, todavía es desconocida por muchas personas.
Casi 50.000 personas envenenadas, familias marcadas por la imposibilidad de tener hijos y un daño ambiental que contrasta con la imagen ecológica de Costa Rica. Esa es parte de la realidad que el escritor quiso rescatar del silencio con Donde nadie, una novela que nació de una investigación periodística y terminó convirtiéndose en uno de los proyectos más significativos de su carrera.
La obra aborda las consecuencias del nemagón, un nematicida utilizado en plantaciones bananeras que afectó a trabajadores agrícolas y sus familias. Para construir la historia, el autor recopiló testimonios, revisó documentos y encontró experiencias que, pese a su gravedad, habían tenido poca presencia en la literatura costarricense.
El proyecto le tomó una década entre investigación y escritura. En ese proceso, una de sus principales preocupaciones fue cómo contar una tragedia que no se limitaba a una persona o una familia, sino que involucraba a miles de afectados.
"Descubrí que nadie hablaba de estas casi 50.000 personas envenenadas. Descubrí que no había un lugar donde se les pudiera ubicar porque realmente estaban por todo el país. Y nadie sabía sus nombres", relató.
De un reportaje a una novela
La idea de escribir Donde nadie surgió cuando Villalobos trabajaba como periodista y realizaba una asesoría para el Instituto Nacional de Seguros (INS). Parte de sus labores consistía en analizar noticias relacionadas con la institución, entre ellas, informaciones sobre personas afectadas por el nemagón.
Al terminar ese trabajo, conservaba una cantidad importante de materiales y quiso profundizar en el tema. Su primera intención fue elaborar un reportaje que pudiera publicarse en algún medio de comunicación.
Sin embargo, mientras investigaba, buscó referencias en la literatura costarricense sobre las consecuencias del uso de ese producto químico y encontró muy pocos antecedentes.
La ausencia de obras sobre el tema lo llevó a cambiar de rumbo. En lugar de limitarse a un reportaje, decidió desarrollar una novela que permitiera mantener la historia en circulación más allá del momento de su publicación.
"Los reportajes quizás lo leen en su momento y luego quedan por ahí. Y, en cambio, la literatura suele tener como una presencia más en el tiempo", explicó.
A partir de esa decisión, comenzó un proceso que incluyó entrevistas con personas afectadas, revisión de documentos y recopilación de testimonios. El resultado fue una obra que combina hechos reales con recursos de ficción para mostrar las consecuencias humanas de la tragedia.
Historias reales reunidas en una familia
Uno de los principales retos fue encontrar una forma narrativa que permitiera reunir tantas experiencias sin perder de vista el impacto de cada una.
Durante la investigación, Villalobos encontró historias de personas afectadas en Costa Rica y otros países donde operaban compañías bananeras, como Nicaragua, Honduras y Ecuador.
En lugar de presentar cada caso por separado, decidió reunir distintas experiencias en una familia ficticia encabezada por Berta, una mujer inspirada en una lideresa real que luchó para obtener una indemnización por los daños sufridos.
La historia de Berta lo marcó especialmente. La mujer padecía cáncer y falleció cuando se acercaba el momento en que se concretaría la indemnización.
Alrededor de ella, la novela desarrolla las experiencias de sus hijos, un nieto y otras personas que sufrieron las consecuencias del envenenamiento. También aparece Manuel, un periodista que visita una localidad ficticia llamada Santo Toribio y Lumo para conversar con los habitantes y reconstruir lo ocurrido.
Para el escritor, la ficción fue una herramienta para conectar esas historias y mostrar que detrás de las cifras había personas con proyectos de vida, familias y aspiraciones que quedaron truncadas.
La estructura de la novela también tuvo que cambiar durante el proceso. Villalobos comenzó a escribirla de manera lineal, pero la cantidad de personajes y relatos paralelos lo llevó a buscar otra forma de narrar.
"Decidí que se tenía que contar el destrozo con el destrozo mismo", recordó.
Así, optó por fragmentar la obra y construir una especie de collage en el que las historias se entrelazan alrededor de la familia de Berta. Ordenar todas esas piezas para que tuvieran sentido fue, según reconoció, una de las tareas más difíciles de la escritura.
Una denuncia que también habla del ambiente
El daño provocado por el nemagón no se limita a las consecuencias que sufrieron los trabajadores. La novela también plantea una reflexión sobre el impacto ambiental de los productos químicos utilizados en la agricultura.
Villalobos considera que existe una contradicción entre la imagen internacional de Costa Rica como país comprometido con la protección de la naturaleza y las consecuencias ambientales asociadas al uso de agroquímicos.
A su juicio, la historia del nemagón permite observar esa tensión, pues el daño alcanzó tanto a las personas como a la flora y la fauna.
En el caso de los trabajadores, uno de los efectos que más lo impactó fue la afectación de la fertilidad de cientos de hombres que laboraron en plantaciones bananeras.
El escritor recordó los testimonios de parejas jóvenes que deseaban formar una familia y vieron frustradas esas expectativas por las consecuencias del producto químico.
Para él, esas experiencias representan una serie de tragedias que merecen mayor atención pública.
"Me parece que correspondía evidenciar" lo ocurrido, afirmó al explicar por qué decidió convertir la investigación en una obra literaria.
Del rechazo en Costa Rica al reconocimiento internacional
El recorrido editorial de Donde nadie también tuvo momentos difíciles. La novela participó inicialmente en un concurso en Costa Rica, pero el jurado determinó que ninguna de las obras presentadas tenía méritos suficientes para ser publicada.
La decisión lo frustró, aunque no abandonó el proyecto. En cambio, buscó oportunidades fuera del país y envió la novela a un concurso en Salamanca, España, donde quedó entre las 10 finalistas de casi mil obras participantes.
Posteriormente, la presentó a un certamen organizado por el diario español Jaén, en el que resultó ganadora.
El reconocimiento permitió que la obra recibiera atención en España. Sin embargo, traer ejemplares al mercado costarricense resultaba complicado, por lo que Villalobos y la editorial española llegaron a un acuerdo con la editorial nacional Uruk para publicar una edición en el país.
Esa versión le permitió, además, corregir algunos detalles de la edición española.
Villalobos aseguró que desconocía que la novela participaba en los Premios Nacionales de Cultura de Costa Rica, pues el trámite lo había realizado la editorial. Por eso, recibir la noticia del reconocimiento del Premio Nacional de Literatura Aquileo J. Echeverría 2024 fue una sorpresa.
El premio también generó dudas sobre cuál edición debía ser considerada, pero finalmente el Ministerio de Cultura determinó que no existía impedimento para otorgarlo.
Para el autor, el reconocimiento tuvo un significado que va más allá del galardón: permitió que la novela llegara a colegios, universidades y lectores de otros países. Incluso, señaló que la obra se estudia en Argentina.
Una carrera que encontró otro camino
Villalobos publicó poesía, narrativa y ensayo, pero reconoce que buena parte de sus obras anteriores había llegado a un público reducido, en un país donde, a su criterio, los lectores habituales de libros son pocos.
Con Donde nadie, la situación cambió. La editorial Uruk tuvo que preparar una segunda edición y el autor recibió la noticia de que se habían vendido más de mil ejemplares, una cifra que considera inusual en el mercado costarricense.
Aunque considera que la obra representa un momento importante de su trayectoria, no atribuye su alcance únicamente a los premios. Para él, el libro encontró una historia que necesitaba ser contada y un público dispuesto a escucharla.
"Podría decir que con esta novela hay una… dirían popularmente que la pegué, pero yo diría que la novela simplemente encontró un camino", manifestó.
Esta información forma parte de un especial elaborado en el contexto de la Semana Mundial de la Novela. Estas son las otras publicaciones de la serie: