¡Farafarachín! El ritmo que no puede faltar en una mascarada
No hay mascarada sin cimarrona. Estas dos expresiones culturales forman una alianza que trascendió los turnos patronales y se convirtió en protagonista de bodas, cumpleaños, graduaciones y pasacalles patrios.
La improvisación, el estruendo de los instrumentos de viento y los golpes de percusión generan una "reacción química". Esa energía impulsa a los enmascarados a soportar el peso de los gigantes y las máscaras de casco para entretener al público.
Así lo explicó el maestro mascarero Danny Lara, creador de Mascarada MascaLara.
El repertorio de las cimarronas incluye ritmos tradicionales como la jota y el vals jota. Su sonido característico suele representarse mediante la onomatopeya "farafarachín".
A estas piezas se suman las dianas matutinas, las marchas festivas, las parranderas, los pasillos y otros ritmos que marcan el paso de las gigantas, los diablos y los cabezudos.
Los orígenes de la cimarrona
Las primeras mascaradas costarricenses recibían el acompañamiento de una chirimía, instrumento de viento de sonido agudo, y un tambor. Estas pequeñas agrupaciones amenizaron procesiones y actividades religiosas desde la época colonial.
Durante el siglo XIX surgieron las bandas militares. Posteriormente, a finales de ese siglo y principios del XX, aparecieron las filarmonías municipales.
Los instrumentos europeos, como clarinetes, saxofones, trompetas, trombones y tubas, sustituyeron progresivamente a la chirimía. A partir de las filarmonías se formaron pequeñas agrupaciones autónomas que con el tiempo recibieron el nombre de cimarronas.
No existe certeza sobre el lugar donde comenzó a utilizarse ese término para identificar a estos grupos musicales. Sin embargo, algunos registros documentan su uso en Heredia desde finales del siglo XIX.
La palabra "cimarrón" se utiliza para describir aquello que es silvestre o indómito. El término se relacionó con estas agrupaciones por su carácter independiente, callejero y empírico.
Otra explicación popular compara el estruendo de sus instrumentos con los fuertes sonidos del ganado cimarrón.
Un parlante no sustituye a la cimarrona
La relación entre los músicos y quienes portan las mascaradas va más allá de un simple acompañamiento sonoro.
Según Lara, la música interpretada en vivo, a pocos metros de los bailarines, es la que los "vuelve locos" y les transmite la energía necesaria para moverse.
Sostener la armazón de un gigante de más de tres metros o cargar una máscara de casco cerrada bajo el calor requiere un gran esfuerzo físico. El sonido directo de los instrumentos de viento y percusión impulsa al enmascarado a saltar, correr y animar al público.
"Un parlante no puede sustituir a la cimarrona", afirmó el artesano.
Históricamente, gran parte de esta música se ha enseñado de oído, sin partituras. Su preservación depende de que las nuevas generaciones la escuchen, memoricen y transmitan en las calles.
Las cimarronas no solo acompañan el baile de las mascaradas. También marcan el pulso de la vida comunitaria mediante las dianas que despiertan a los pueblos durante celebraciones patrias y religiosas.
De los turnos a las fiestas privadas
La unión entre mascarada y cimarrona desbordó los turnos patronales y pasó a formar parte de celebraciones privadas.
Actualmente, muchas personas contratan estas agrupaciones para bodas, cumpleaños y graduaciones. La tradición compite con opciones como los mariachis mexicanos y los carnavales de estilo brasileño.
Según Lara, la alta demanda provoca que en fechas especiales resulte difícil encontrar agrupaciones disponibles en cantones con amplia tradición, como Barva y Santo Domingo de Heredia.
Esta presencia en actividades familiares y sociales ha consolidado a la mascarada con cimarrona como una opción autóctona para animar las celebraciones.
Una forma de libertad
Lara explicó que elaborar una máscara requiere entre 20 y 30 horas de trabajo. Este proceso fomenta la paciencia entre los jóvenes y puede alejarlos de la dependencia de las pantallas.
Para el artesano, la creación de mascaradas funciona como una "medicina" y un "boleto a la libertad mental".
"Detrás de una máscara no hay ricos ni pobres, feos ni guapos; todos son iguales", expresó.
El uso de materiales modernos, como la fibra de vidrio, permite que las piezas perduren durante más tiempo. Sin embargo, también plantea un reto para los artesanos, quienes necesitan espacios amplios para almacenar sus colecciones.
Día Nacional de la Mascarada Tradicional Costarricense
Costa Rica celebra cada 31 de octubre el Día Nacional de la Mascarada Tradicional Costarricense.
El Comité Cultura Aqueserrí y un grupo de artesanos locales organizaron en 1996 un pasacalle por las principales vías de Aserrí. La actividad buscaba fortalecer la identidad nacional frente a celebraciones extranjeras.
El Gobierno firmó el 9 de diciembre de ese año el Decreto Ejecutivo n.° 25724-C, que estableció oficialmente la efeméride.
La celebración pretende promover las diferentes manifestaciones culturales del país, así como recuperar y consolidar la identidad costarricense.
En 2022, la Asamblea Legislativa declaró las mascaradas como símbolo nacional mediante la Ley n.° 10239.
Ese mismo año, el Decreto Ejecutivo n.° 43302-C declaró la música tradicional de cimarrona como patrimonio cultural inmaterial de Costa Rica. Ambas designaciones buscan fomentar la valoración, divulgación y preservación de estas expresiones culturales.
