Salida de multinacionales amenaza al mercado inmobiliario y otros sectores económicos
La salida de multinacionales del país amenaza con extender sus efectos más allá del empleo. Una reducción de operaciones podría dejar oficinas vacías, presionar los alquileres y afectar a constructoras, bancos, proveedores y comercios que dependen de la actividad de estas compañías.
Así lo advirtió Daniel Álvarez, CEO de Cushman & Wakefield | AB Advisory, firma de servicios inmobiliarios corporativos y comerciales en Centroamérica y el Caribe que opera como extensión integrada y firma aliada de Cushman & Wakefield.
"Cuando reportamos pérdidas de empleo, estamos reportando una tercera parte de la historia. El impacto es mucho más profundo que eso", sostuvo Álvarez.
Más oficinas vacías y presión sobre los alquileres
Uno de los principales riesgos está en el mercado de oficinas. Cuando las multinacionales reducen sus actividades o trasladan sus operaciones a otros países, parte de los espacios que ocupan puede quedar desocupada.
Según las estimaciones de Álvarez, cada puesto de trabajo representa alrededor de 11 metros cuadrados de oficinas.
A julio de este año, las zonas francas habían perdido 2.205 puestos de trabajo. Aplicado el cálculo del experto, esa cifra equivale a unos 24.000 metros cuadrados de oficinas, una superficie comparable con la de una torre de oficinas de clase A.
El riesgo se suma a una oferta de inmuebles que, según Álvarez, ya supera la demanda del mercado costarricense.
"Después de Ciudad de México, San José es la ciudad de toda América Latina con más metros cuadrados de oficinas por cada 1.000 habitantes económicamente activos. Esto significa que no hay manera alguna de que, ante la salida de estas grandes empresas, estos edificios de oficinas se vuelvan a ocupar", afirmó.
Con más espacios disponibles, los propietarios tendrían mayores dificultades para encontrar inquilinos y podrían verse obligados a reducir los alquileres. Esto disminuiría los ingresos de los edificios y afectaría su rentabilidad.
El análisis presentado por Álvarez estima que la tasa promedio de desocupación de oficinas, actualmente cercana al 19%, podría aumentar al 27,1% en 2030.
Bancos y desarrolladores también asumirían los riesgos
La pérdida de inquilinos no solo afectaría a los propietarios de los edificios. También podría repercutir en las entidades financieras que otorgaron créditos para construirlos o remodelarlos.
Si los inmuebles generan menos ingresos, sus propietarios podrían tener dificultades para cumplir con sus obligaciones financieras. Los bancos quedarían expuestos a esos riesgos y podrían enfrentar problemas para recuperar el dinero prestado.
En mercados inmobiliarios más grandes existen fondos especializados que compran propiedades obsoletas para renovarlas y buscarles nuevos usos. Sin embargo, Álvarez advirtió que Costa Rica tiene un mercado más pequeño y con menor liquidez, lo que limita las alternativas para vender y reposicionar los edificios.
"Estamos en una economía pequeña y con una fragilidad estructural gigantesca, no existen ese tipo de plan B y plan C. Es un mercado sin liquidez y sin profundidad", señaló.
La eventual reducción de inversiones también alcanzaría a constructoras, desarrolladores y proveedores que participan en el acondicionamiento y la operación de las oficinas. Si los propietarios posponen remodelaciones o recortan gastos de mantenimiento, limpieza y otros servicios, esas empresas podrían perder contratos y reducir su actividad.
El efecto se extendería a comercios y hogares
Las consecuencias también podrían llegar a otros sectores mediante la reducción del consumo de los trabajadores que pierdan sus empleos o abandonen el país.
Una menor cantidad de trabajadores vinculados a estas compañías podría reducir la demanda de viviendas en alquiler, vehículos y otros bienes y servicios. El efecto alcanzaría así a negocios que no trabajan directamente para las multinacionales, pero que dependen del gasto de sus empleados.
Álvarez describió esa relación como una cadena en la que la salida de una empresa repercute en distintas actividades económicas.
"Los bancos, que son los más entrelazados en el mercado de capitales, le prestan plata al desarrollador para que haga el edificio, al constructor que hace la remodelación interna, le maneja las planillas a esas compañías, le dan tarjetas de crédito a los muchachos que trabajan ahí, le prestan plata para que compren el carrito, para que alquilen el apartamento. Se fueron los muchachos, se fue la tarjeta de crédito, se fue la venta del carro, se fue el alquiler del apartamento, se fue la remodelación de las oficinas, hay un encadenamiento alrededor de esto. El impacto es muy fuerte".
El costo de operar amenaza la inversión
Además de las condiciones del mercado inmobiliario, los costos de operación podrían influir en la decisión de las multinacionales de mantener o trasladar sus actividades fuera del país.
Álvarez señaló que la inversión extranjera directa (IED), en particular la del sector de servicios, podría trasladarse a otros países por la prolongada apreciación del colón frente al dólar. Este comportamiento encarece las planillas de las empresas que generan ingresos en otras monedas.
Entre los destinos que podrían resultar más competitivos mencionó México, Guatemala, Filipinas e India.
"Creo que esa tendencia va a seguir por un buen rato. Las empresas de servicios son compañías absolutamente sensibles a la estructura de costos y están establecidas en Costa Rica desde hace muchos años, y la razón por la que se establecieron aquí es porque había mano de obra relativamente calificada, bilingüe y a bajo costo, y la realidad es que ya hoy no es a bajo costo. Somos de los países más caros de América Latina", afirmó.
