El rostro de los hogares pobres: más desempleo, rezago educativo y menos acceso a salud y agua

Imagen con fines ilustrativos. (CRH).

Imagen con fines ilustrativos. (CRH).

Los hogares en situación de pobreza en Costa Rica tienen más integrantes, entre los cuales predominan los niños; más de la mitad están encabezados por mujeres; enfrentan mayores tasas de desempleo y rezago educativo; tienen menor acceso a los servicios de salud y agua; habitan viviendas en condiciones de hacinamiento, y sus ingresos son considerablemente más bajos.

Estas son algunas de las características de los hogares en situación de pobreza que el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC) identificó en la Encuesta Nacional de Hogares (Enaho) 2026, a partir de dos metodologías distintas para medir la pobreza.

Los métodos utilizados por la institución son los siguientes:

  • Línea de pobreza: mide la insuficiencia de ingresos para cubrir las necesidades básicas alimentarias y no alimentarias.
  • Índice de Pobreza Multidimensional (IPM): contabiliza las privaciones que sufren los hogares en diferentes ámbitos de la vida (educación, vivienda, salud, trabajo y protección social) para calcular la incidencia y la intensidad de la pobreza, así como un índice global.

¿Cómo son?

Ambos métodos permiten determinar que los hogares en situación de pobreza tienen más integrantes que los hogares no pobres: 4,03 frente a 2,71 personas, respectivamente.

Además, registran una mayor cantidad de niños de cinco años o menos (0,4 frente a 0,1), más personas demográficamente dependientes (68 frente a 44 por cada 100 personas no dependientes) y una mayor proporción de hogares encabezados por mujeres (50,7 % frente a 43,4 %).

La tasa de desempleo abierto entre los hogares pobres es 3,2 veces más alta que la de los hogares no pobres (14,1 % frente a 4,5 %). Asimismo, la tasa de ocupación de los hogares no pobres supera en 22 puntos porcentuales (p. p.) a la de los hogares pobres.

Por otra parte, la relación de dependencia económica alcanza las 270 personas económicamente dependientes por cada 100 integrantes de la población económicamente activa (PEA) en los hogares pobres, frente a 97 por cada 100 en los hogares no pobres.

Además, el 85,2 % de las personas ocupadas en situación de pobreza trabaja en el sector informal, mientras que entre las personas ocupadas no pobres la informalidad afecta al 31,5 %.

En cuanto a la educación de las personas de 15 años o más, se registra una diferencia de casi cuatro años de escolaridad promedio entre ambos grupos. En el caso de las personas pobres, el promedio equivale a seis años, es decir, a la primaria completa, mientras que entre las no pobres ronda los 10 años.

Otra brecha se observa en la inasistencia a la educación regular de las personas de entre 13 y 17 años. En los hogares pobres, esta alcanza el 17,4 %, mientras que en los no pobres es del 3,9 %.

En materia de rezago escolar, el porcentaje se estima en un 29,4 % entre las personas de 7 a 17 años en situación de pobreza, mientras que entre las personas no pobres del mismo grupo de edad es del 10,3 %.

Asimismo, la población en situación de pobreza tiene menor acceso a los servicios de salud y agua. El 22,4 % de las personas pobres carece de cobertura formal de seguro de salud, frente al 6,1 % de las personas no pobres. La falta de servicio de agua dentro de la vivienda afecta al 16,3 % de los hogares pobres y al 3,2 % de los no pobres. Estas carencias se concentran principalmente en la población residente en zonas rurales.

En cuanto al acceso a la vivienda, el porcentaje de hogares sin vivienda propia es mayor entre los que están en situación de pobreza (37,8 %) que entre los no pobres (25,2 %).

Además, estos hogares presentan condiciones habitacionales más deficientes y mayores niveles de hacinamiento. El 82,3 % de las viviendas habitadas por hogares pobres se encuentra en condiciones físicas regulares o malas, y el 9,1 % presenta hacinamiento por dormitorio. Entre los hogares no pobres, el 31,0 % de las viviendas se encuentra en condiciones regulares o malas, mientras que el hacinamiento por dormitorio afecta al 0,4 %.

El acceso a internet en la vivienda también evidencia desigualdades: el 7,2 % de las viviendas de los hogares no pobres carece de este servicio, frente al 23,6 % de las viviendas de los hogares pobres.

En cuanto a los ingresos, las personas de los hogares no pobres perciben un ingreso mensual per cápita 8,2 veces mayor que el de las personas de los hogares pobres. Este asciende a ₡558.758 en los hogares no pobres, frente a ₡67.934 en los hogares en situación de pobreza.

Finalmente, el 45,9 % de los hogares en situación de pobreza recibe algún subsidio o beca. Además, el 45,1 % de las personas adultas mayores de esa población no recibe una pensión, contributiva o no contributiva. Entre los hogares que no están en situación de pobreza, estos porcentajes corresponden al 13,4 % y al 26,1 %, respectivamente.