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Ruta de boyeros… ya no queda ni la huella de las carretas

Iba desde el Valle Central hasta Puntarenas

Carretas de la época. Foto suministrada por el Museo Histórico Juan Santamaría.

Carretas de la época. Foto suministrada por el Museo Histórico Juan Santamaría.

El camino de carretas que comunicó el Valle Central con Puntarenas se construyó en 1843 y fue escenario de gloriosas páginas de nuestra historia.

Su influencia decayó una vez se inauguró el ferrocarril, en 1910. Pero los recuerdos perduran.

Por aquí pasaron los gloriosos miembros del ejército costarricense que derrotaron a los filibusteros comandados por William Walker en la Batalla de Santa Rosa, el 20 de marzo de 1856. Entre otros, Manuel Quirós, José María Gutiérrez y Manuel Rojas, junto a 16 más que allá fueron y murieron en la lucha.

Para Julián Marchena, las carretas eran ambulancia, medio de transporte y hasta lecho nupcial. Foto Museo Histórico Juan Santamaría.

Para Julián Marchena, las carretas eran ambulancia, medio de transporte y hasta lecho nupcial. Foto Museo Histórico Juan Santamaría.

Por esta vía rechinaron las ruedas de miles de carretas hacia y desde Puntarenas cuando este era el único medio de transporte que comunicaba el Valle Central con el puerto por el que exportábamos café y otros productos.

De madrugada, alumbrándose con carburas o después de las 3 de la tarde para que no se agotasen los bueyes, aquello ha de haber sido una escena inolvidable: como el desfile anual de boyeros, pero a lo bestia; más de 400 carretas para allá y para acá cargadas de productos que se iban en barco o llegaban en barco.

A lo largo de esta ruta se hicieron las primeras multas de un peso cada una a quienes atravesaban el chuzo a lo largo del yugo o se montaban en la carreta pasados de tragos a sabiendas de que los bueyes conocían el camino. También multaban a los boyeros busca pleitos que se daban de trompadas en los sesteos.

En general, eran tiempos de parsimonia. Sesteos cada 21 kilómetros, pulperías, pensiones, ventas de comida, café y aguadulce, pinto con huevos, tortillas, natilla, plátano o guineo frito. Y todo despacito, al ritmo de las carretas.

Borrados del mapa

Me hice acompañar del ateniense Fernando Arguedas, buen conocedor de aquellos parajes, y atravesamos el trecho entre Barrio Jesús de Atenas y Desmonte, casi 5 kilómetros ; claro que da nostalgia y, a cada paso, no puede uno menos que recordar a aquellos compatriotas que contribuyeron con sus luchas o sus trabajos, a forjar lo que hoy somos.

Así está lo que quedó de la ruta de las carretas, construida en el siglo diecinueve.

Así está lo que quedó de la ruta de las carretas, construida en el siglo diecinueve.

A mí, además, me  dio pena. Casi todo el camino, construido en piedra, fue destruido por la modernidad. Un día de tantos a alguien se le ocurrió repararlo y mandaron niveladoras que en lugar de hacer caños laterales para que el agua corriese  revolcaron todo  y dejaron aquello como a la espera de una capa de asfalto.  Solo se conservan unos cuantos metros del diseño original.

Una vez inaugurado el ferrocarril, las carretas siguieron en funcia, como decía mamá.

Desde Atenas y en carreta se transportaron las estructuras de la iglesia católica de San Ramón,  fabricadas en Alemania allá por 1853.

De esa ruta a San Ramón y Palmares, solo queda el recuerdo y una que otra piedra en puentes viejos por donde las carretas pasaron.

Otros edificios icónicos, como el Metálico en San José o la iglesia católica de Grecia, llegaron por puerto Limón y no por Puntarenas;  por lo tanto, son harina de otro costal.

Restos centenarios de una carreta hallada muy cerca de la ruta original.

Restos centenarios de una carreta hallada muy cerca de la ruta original.

Junto con Fernando hallé una carreta vieja, tan vieja, que sus ruedas son de una sola pieza, no como las de ahora que semejan una pizza partida y lista para el deshuese. Consulté a los que saben y los restos de este monumento tienen, por lo menos, cien años.

Me cuentan que una vez al año el Museo Histórico Juan Santamaría replica el recorrido por esta parte de la calle de las carretas. Hablan con boyeros del lugar para recrear el viaje, dan charlas, sánguches y refrescos por un precio módico. Al final, docenas de ticos que ni tenían idea de esta parte de nuestra historia, vuelven con los celulares cargados de selfies y partes de la vía empedrada de cuando la palabra peaje ni siquiera figuraba en los diccionarios.

¿Cuántas carretas había en esos tiempos? Un montón. Solo en San Ramón la flotilla superaba las 1.200.

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