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Ciencia

Océanos cumplen 100 días consecutivos con temperaturas récord

11 de Sep. 2026 | 2:50 am

Los océanos del mundo completaron este 10 de septiembre una racha sin precedentes: 100 días consecutivos con temperaturas superficiales récord para cada fecha del año.

La racha comenzó el 2 de junio de 2026, cuando la temperatura global igualó el récord registrado ese mismo día de 2024. Desde el 3 de junio, cada jornada ha sido más caliente que la misma fecha de cualquier otro año.

Los últimos tres meses han mantenido un calor oceánico constante y sin precedentes. Además, el fenómeno se presenta después de tres años en los que las temperaturas de la superficie del mar superaron ampliamente las de décadas anteriores.

Para el 9 de setiembre, la temperatura de los océanos fuera de las regiones polares era de 21,17 °C. En esa misma fecha de 2015, cuando se presentó un fenómeno de El Niño de intensidad récord, alcanzó los 20,73 °C, cifra que entonces estableció una marca.

Actualmente, la temperatura oceánica global está 0,95 °C por encima del promedio registrado entre 1982 y 2010.

El científico climático de Climate Central, Zachary Labe, explicó que el dato más preocupante no es únicamente alcanzar los 100 días, sino la permanencia del calor extremo.

"El principal mensaje para mí no es el número 100, sino el hecho de que hemos visto un calor récord tan constante", afirmó.

Labe considera muy poco probable que se produzca una caída repentina de las temperaturas que interrumpa esta racha, debido a las tendencias observadas.

Además, las temperaturas registradas entre el 22 y el 25 de agosto alcanzaron los 21,18 °C. Con ello superaron el récord absoluto de 21,17 °C establecido el 24 de abril de 2024.

Cambio climático impulsa el calor

El cambio climático es el principal responsable del calentamiento de los océanos. La quema de combustibles fósiles eleva la temperatura del planeta y el mar absorbe la mayor parte de ese calor.

Durante los últimos 20 años, los océanos han absorbido calor a una tasa que supera en más del doble la registrada en las cuatro décadas anteriores.

Solo durante la última década recibieron cerca de 104 zettajulios de energía. Esta cantidad equivale a la energía de 1.700 millones de bombas atómicas.

El océano ha absorbido el 93% del exceso de calor atrapado en la Tierra. Sin embargo, esa capacidad de protección se debilita. Las temperaturas superficiales aumentan con rapidez y los mares absorben cada vez menos dióxido de carbono.

El Niño que se encuentra en formación agrava el calor durante este año, pero los científicos señalan que el fenómeno ocurre sobre una tendencia de calentamiento de largo plazo.

Incluso después de que El Niño disminuyó en 2024, los océanos no se enfriaron. Los años actuales bajo condiciones de La Niña son más calientes que años anteriores marcados por El Niño.

La investigadora Claire Bergin, del Centro de Investigación Climática ICARUS de la Universidad de Maynooth, advirtió que un aumento de apenas 1°C puede causar efectos importantes en la vida marina.

A diferencia de las personas en tierra, los mares y las especies que los habitan tienen posibilidades muy limitadas de adaptarse al incremento de la temperatura, explicó.

Por eso, considera esencial reducir rápidamente el uso de combustibles fósiles para proteger los ecosistemas, la pesca, la producción de alimentos y el turismo costero.

Daños alcanzan ecosistemas y economías

El cambio climático ha provocado que las olas de calor marino sean diez veces más intensas y duren tres veces más que antes. La mitad de las registradas desde el año 2000 no habría ocurrido sin el calentamiento global.

Las oleadas de calor de 2023 y 2024 causaron pérdidas de miles de millones de dólares y miles de muertes. También ocasionaron el blanqueamiento de coral más grave registrado hasta ahora.

Entre sus consecuencias figuran varamientos masivos de ballenas y delfines, muertes de peces y mariscos y proliferaciones de algas nocivas. Las aguas calientes también fortalecen los ciclones y favorecen lluvias extremas y olas de calor en tierra.

El impacto llega hasta la alimentación. El calentamiento oceánico amenaza la nutrición y la seguridad alimentaria, principalmente en los países de ingresos bajos y medios donde la proteína marina es esencial. Además, aumenta la mortalidad infantil.

Los efectos también golpean una economía oceánica global valorada en casi $3 billones al año.

"Esto debería preocupar a cada ministro de Finanzas, no solo a cada ministro de Ambiente", alertó Tom Pickerell, director global del Programa Oceánico y jefe de la Secretaría del Panel de Alto Nivel para una Economía Oceánica Sostenible del World Resources Institute.

Pickerell explicó que un océano más caliente altera la pesca y el suministro de alimentos. También daña los arrecifes y las playas que sostienen el turismo, aumenta la presión sobre la infraestructura energética y alimenta fenómenos extremos que afectan a las comunidades y los negocios costeros.

Aunque las personas pueden tomar decisiones conscientes, el especialista señaló que la prioridad es reducir las emisiones. También destacó que el océano puede formar parte de la solución.

Según Pickerell, el uso a gran escala de tecnologías existentes, como la descarbonización del transporte marítimo y las energías renovables en alta mar, podría aportar el 35% de las reducciones de emisiones necesarias para 2050.

América Latina y el Caribe sienten los efectos

El impacto del calentamiento oceánico ya es visible en América Latina y el Caribe.

Entre 2023 y 2024, prácticamente todo el Arrecife Mesoamericano estuvo expuesto a un estrés térmico grave. Cerca de la mitad de sus corales sufrió afectaciones severas por el blanqueamiento.

Entre 2023 y 2025, este sistema arrecifal perdió alrededor de la mitad de su coral vivo. Se trata de la mayor pérdida generalizada registrada. Su cobertura de coral vivo se redujo al 17%.

"El calentamiento de nuestros océanos está teniendo impactos visibles en todo el mundo", afirmó Melanie McField, directora ejecutiva de Healthy Reefs for Healthy People.

En el Caribe, la cobertura de coral disminuyó un 43% en comparación con el periodo comprendido entre 1980 y 2009.

Las olas de calor marino también impulsaron un número cercano al récord de tormentas durante 2024. Entre ellas estuvo el huracán Beryl, el categoría cinco más temprano de la historia, que devastó partes del Caribe y Estados Unidos entre finales de junio y principios de julio de ese año.

Las aguas más calientes causadas por el cambio climático también potenciaron al destructivo huracán Melissa, que golpeó Jamaica y Cuba en 2025.