Yorleny perdió a cuatro hermanos por cáncer antes de enfrentar el de mama
La palabra cáncer ha marcado buena parte de la vida de Yorleny Álvarez Badilla. Antes de recibir su propio diagnóstico, esta enfermera perdió a cuatro hermanos por distintos tipos de la enfermedad. En marzo de 2025, cuando tenía 41 años, recibió la noticia que tanto temía: tenía cáncer de mama.
Yorleny conocía de cerca las consecuencias de la enfermedad. Su hermana Flor María murió de cáncer de mama a los 33 años, en 2004. Años después, perdió a Rigoberto, quien padeció cáncer colorrectal; a Jorge Luis, por cáncer de faringe, y a Marco Tulio, por cáncer de páncreas.
A esas pérdidas se sumaron las de sus padres. Su madre, quien había superado un cáncer de mama alrededor de 2013, murió en marzo de 2025 por un evento cerebrovascular. Su padre también fue diagnosticado con cáncer orofaríngeo en marzo de ese año y falleció el 9 de julio de 2026.
Con esos antecedentes, recibir su propio diagnóstico significó enfrentarse no solo a la enfermedad, sino también al miedo de repetir la historia de sus hermanos.
"Yo tenía miedo de morirme, porque todos los familiares que había visto con cáncer se habían muerto", relató.
Un diagnóstico que cambió su vida
Yorleny lleva 20 años trabajando en el Hospital de Puntarenas. Se mantenía bajo control médico por un fibroadenoma que los especialistas vigilaban. Durante uno de esos seguimientos, detectaron otra masa y una biopsia confirmó el cáncer de mama.
En abril de 2025, se sometió a una cirugía. Entre junio y agosto de ese año, recibió quimioterapia. En octubre también pasó por una cirugía ginecológica preventiva.
Aunque superó esas etapas, su tratamiento continúa. Debe recibir terapias dirigidas durante tres años y, según explicó, ya lleva entre seis y siete meses con ese tratamiento.
La experiencia transformó su manera de ver la vida y sus prioridades. Uno de los principales aprendizajes fue comprender que no todo puede dejarse para después y que vale la pena disfrutar el presente.
"Todo es pasajero, uno se la pasa queriendo más y más y haciendo planes a futuro, y no. La vida es el presente. La vida es ahora, hay que aprovechar que todo lo que uno necesita lo tiene ahí, presente, al lado. Solo cuando te ves al borde de la muerte, con una noticia de esas, creo que te das cuenta de eso", narró Yorleny.
En los momentos más difíciles, encontró apoyo en su fe en Dios, en una actitud positiva y en el cuidado de su salud mental. También procuró despejar la mente y mantener espacios para disfrutar, como ir al teatro y al cine, visitar museos y salir.
La experiencia también despertó en ella el deseo de ayudar a otras personas con cáncer en Puntarenas, especialmente a quienes no cuentan con recursos para acceder con rapidez a servicios médicos privados.
Ahora, desde su propia vivencia, espera que su historia acompañe a quienes enfrentan el miedo y la incertidumbre que trae consigo un diagnóstico de cáncer.
Fabiola recibió el diagnóstico a los 37 años
La historia de Yorleny no es la única. Fabiola Montealegre Araya tenía 37 años cuando fue diagnosticada con cáncer de mama, en 2022.
En su caso, los antecedentes familiares también la habían llevado a mantener controles médicos estrictos. Su madre había padecido la misma enfermedad, por lo que Fabiola procuraba estar atenta a cualquier señal.
Sin embargo, pese a los controles, el diagnóstico llegó después de que comenzó a experimentar molestias en uno de sus senos. Los estudios realizados seis meses antes habían resultado normales.
Tras conocer el resultado, inició el tratamiento en el Hospital San Juan de Dios aproximadamente 22 días después del diagnóstico.
Su proceso incluyó quimioterapia, cirugía y radioterapia. Según explicó, a diferencia de otras pacientes, no perdió el seno, pues la intervención permitió conservarlo.
Fabiola concluyó la quimioterapia y la radioterapia en 2023. A partir de entonces, también hizo cambios en su estilo de vida y en su dinámica laboral.
Actualmente, tiene una tienda virtual de productos artísticos y libros para pintar, además de trabajar de manera remota para una empresa multinacional.
Para Fabiola, ser sobreviviente de cáncer de mama representa la satisfacción de haber superado el proceso y de que los esfuerzos realizados hayan dado resultado.
"Yo siento que es como la satisfacción de haber superado todo el proceso y, obviamente, gracias a Dios, de que uno lo logró. No todo el mundo logra llegar a término, sobrevivir a una enfermedad de estas. Básicamente, es la satisfacción de que todo lo que se hizo y todas las cosas por las que uno pasa tuvieron un buen fin".
Ivannia aprendió a ponerse de primera
Ivannia Lizano Argüello tenía 46 años cuando recibió el diagnóstico, hace aproximadamente cinco años. En ese momento, sus hijos tenían 16 y 14 años.
Ella se realizaba mamografías anuales, pero una vez retrasó el examen debido a unas vacaciones. Cuando regresó, acudió a realizarse el estudio y recibió un resultado que requería atención médica urgente.
El tratamiento incluyó una cirugía mediante la cual le extirparon un cuadrante del seno.
También tuvo que someterse a quimioterapia durante aproximadamente un año y recibió ocho sesiones de radioterapia. El proceso la mantuvo incapacitada durante casi un año.
Entre las dificultades que recuerda están los daños en las venas por la quimioterapia, así como las limitaciones que enfrentó al no poder trabajar ni conducir durante ese periodo.
La experiencia también le dejó una enseñanza personal: la importancia de ponerse de primera y cuidar de sí misma.
"Aprendí que tengo que ser primero yo. Tengo que estarme cuidando. Creo que uno piensa que primero los hijos, que primero el marido, y no: primero yo. Si yo estoy bien, todos los demás están bien. Eso lo vi con mis hijos y con mi marido, porque, en la medida en que yo me sentía bien, ellos estaban contentos. Pero el día que me veían baja de pilas, ellos tampoco estaban bien".
Ivannia se describe como una mujer poderosa por haber superado la enfermedad. Sin embargo, reconoce que el temor a una posible recaída no desaparece por completo.
Por esa razón, continúa asistiendo a sus controles médicos.

La satisfacción de superar la enfermedad
Rosa María Villalobos Sosa, vecina de El Roble de Alajuela y docente, recibió el diagnóstico en noviembre de 2023, cuando tenía 43 años.
La alerta surgió al notar que uno de sus senos era más grande que el otro y que tenía una masa. La situación llamó su atención, especialmente porque se había realizado una mamografía cuatro meses antes y el resultado había sido normal.
Posteriormente, los estudios confirmaron un cáncer de mama.
Rosa María comenzó la quimioterapia en enero de 2024. Además, sus médicos recomendaron inmunoterapia, pero la Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS) se la denegó.
Ante esa situación, presentó un recurso ante la Sala Constitucional con el apoyo de la Asociación Nacional Segunda Oportunidad de Vida (Anasovi), con el objetivo de acceder al tratamiento.
La primera dosis de inmunoterapia le provocó un choque séptico que requirió una hospitalización de 15 días. Posteriormente, debió suspender la quimioterapia que recibía en ese momento.
Como parte del tratamiento, le practicaron una mastectomía y le extirparon 28 ganglios linfáticos, cinco de los cuales resultaron positivos. Después recibió quimioterapia oral durante seis meses y 15 sesiones de radioterapia.
Rosa María concluyó el tratamiento en marzo de 2025 y regresó a trabajar en abril de ese año. Desde entonces, se mantiene bajo controles médicos.
Para Rosa María, ser sobreviviente de cáncer de mama significa la satisfacción de haber superado la enfermedad y saber que es posible salir adelante.
"Se siente tan bonito porque dice uno: 'Bueno, eso significa que ya lo superé, que ya todo pasó, que no quedó ahí'. Se siente bien saber que ya pasé por eso, que sí se puede y que sí se puede salir de eso".









