Vestimenta, medicamentos y artículos de higiene inundan mercado de falsificaciones en Costa Rica

Comercio ilícito mueve más de un billón de dólares

El mercado ilegal de productos falsificados inunda nuestro país y mueve miles de millones de dólares anualmente. Estos negocios tienen estrechos vínculos con el crimen organizado y el narcotráfico, de acuerdo con el Organismo de Investigación Judicial (OIJ).

Los artículos que más se falsifican son el calzado, la vestimenta, los productos de uso e higiene personal y los medicamentos.

Artículos como desodorantes, pastas de dientes, cremas, maquillaje y medicinas, son los que generan más riesgo para los consumidores finales, dado que no cuentan con el registro sanitario o los controles de calidad para evitar riesgos de salubridad. El margen de mercado ilícito en estas 2 líneas es bastante notorio.

"Cualquiera de estas dos áreas es sumamente perjudicial para la salud y podría generar potencialmente, una afectación colectiva, porque no podemos establecer ingredientes, productos o contenido que tienen una falsificación, para productos de cuidado personal y fármacos", señaló Iván Rojas, de la Sección de Delitos Varios del OIJ.

Son, además, los objetos más complicados para identificar un original de una falsificación, debido a que las diferencias son mayormente en compuestos y no tanto en el etiquetado o elementos externos que faciliten su revisión.

Las autoridades judiciales tienen preocupación sobre los efectos negativos para  las personas que compran los productos, como alergias o afecciones.

Según el OIJ, existen algunas características básicas que ayudan a los consumidores a identificar de forma sencilla las réplicas. Por ejemplo, el precio.

Un zapato falsificado puede costar ₡25 mil colones, aunque en los comercios autorizados se venda en unos ₡75 mil colones. Esas diferencias tan significativas suelen ser una muestra de lo fraudulento del producto.

También existen algunas incongruencias muy visibles, como cambios en los logos de las marcas y errores de ortografía o de escritura que muestran la falsedad del artículo. Varias empresas utilizan etiquetados especiales para que los compradores tengan una herramienta más sencilla para corroborar la originalidad.

Los materiales, su calidad, texturas y grosores también permitirían identificar diferencias al tacto. Para distinguir la veracidad, el establecimiento o punto de venta donde se adquiera el producto puede ser una pista, dado que existen comercios o centros completos dedicados a vender estos productos.

Reconocer un producto original de uno falsificado no siempre es fácil, dado que algunas organizaciones se dedican a duplicar réplicas muy exactas y parecidas.

En ocasiones, principalmente en vestimenta y calzado, las autoridades judiciales tienen que echar mano de un peritaje llevado a cabo por un experto internacional para concluir el origen. En ocasiones, los falsificadores son muy detallas y se aseguran de copiar aspectos muy técnicos.

Crimen organizado

La adulteración y contrabando de productos réplica tienen conexiones muy fuertes con estructuras dedicadas a otros delitos, como el tráfico de drogas y la trata de personas. 

En gran parte de investigaciones, los agentes han determinado que la venta de artículos duplicados se emplea para lavar dinero y legitimar los capitales provenientes de las ganancias obtenidas, por ejemplo, por venta de estupefacientes.

Junto a la movilización de las mercancías ilícitas, también suelen trasladar drogas o armas empleadas por agrupaciones organizadas dedicadas a delinquir.

En ocasiones, la línea es contraria y más bien las ganancias financian las acciones ilegales. Por ejemplo, un par de tenis falsificado se pueden conseguir en ₡10 mil colones, mientras que se venden en unos ₡25 mil colones, un margen superior al 100%, es decir, hasta 4 a 5 veces mayor la ganancia al valor real.

Las rutas de contrabando suelen ser las mismas en las cuales se movilizan a personas por explotación o trata para esclavitud, según las autoridades. La mercancía suele ingresar a Costa Rica por tierra más comúnmente tiene su origen en países de Sudamérica hacia nuestro territorio, ingresando por la frontera desde Panamá.

Por mar también es muy común en ambas costas: la recepción es mayormente desde latitudes de Europa y Asia. Desde el norte es menos común el ingreso de productos réplica, pero sí ocurre mucho contrabando de armas y pólvora.

Vía aérea casi no entran artículos fraudulentos, dado que la movilización es mucho más regulada y el ingreso masivo por el tamaño del equipaje permitido a los pasajeros. Los controles y escáneres hacen difícil que no se logre detectar.

Las organizaciones dedicadas al contrabando suelen tener vínculos con operaciones regionales, para el tráfico de estos productos.

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Multimillonarias pérdidas

De acuerdo con estimaciones del Observatorio de Comercio Ilícito, de la Cámara de Comercio de Costa Rica, el contrabando y los productos falsos pueden mover por año al menos un millón de millones de colones. 

20 de cada 100 colones comprados por las familias y consumidores nacionales, corresponden a réplicas y productos falsos.

El OIJ no maneja cifras específicas de la afectación económica que genera la falsificación de productos, pero sí estiman que alrededor de un 2% de toda la riqueza generada en el país, corresponde a esta actividad. Se refieren al Producto Interno Bruto (PIB).

La falsificación de marcas, implica delitos contra la propiedad intelectual, al alterar productos formalmente registrados a nivel nacional e internacional.

Sin embargo, no se consideran delitos de índole pública: es decir, los investigadores no hacen indagaciones de oficio, sino únicamente con denuncia de por medio. Son los representantes de las marcas y las empresas que deben de interponer la denuncia. 

Las autoridades judiciales también recalcan que la venta y compra de mercancías adulteradas también afecta grandemente al país, porque son artículos que no pagan impuestos ni aranceles, con los cuales se financian programas de salud, educación, obra pública y seguridad.

Las alteraciones ocurren en una amplia gama de productos en el mercado, sin consentimiento o licencia para poder distribuirlos. En otras latitudes, este fenómeno criminal incluso financia el terrorismo.

En un caso reciente, el OIJ desmanteló una organización dedicada a esto, solo en incautaciones, capturaron un valor que rondaba los $4 millones en mercancía, una cantidad sumamente significativa que ronda los ₡2 mil millones de colones.

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