Tico cuenta cómo es estar en una cárcel de ICE: “Nos daban comida como si fuéramos cerdos”
Ulises Cerdas, un tico detenido por el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de Estados Unidos (ICE), regresó a Costa Rica después de permanecer dos meses bajo custodia. A su llegada al país, denunció discriminación racial, mala alimentación y condiciones que deterioraron su salud.
Cerdas afirmó que les daban alimentos que ni siquiera un animal comería y describió el trato recibido durante su permanencia en varios centros de detención.
Agentes de ICE lo detuvieron el 7 de agosto, cuando se dirigía a su trabajo. Según relató, los oficiales viajaban en vehículos sin rotular, le bloquearon el paso, quebraron las ventanas de su carro y lo arrestaron.
Primero lo trasladaron a un centro de detención en Elizabeth, Nueva Jersey, donde permaneció tres días. Posteriormente, lo enviaron al Moshannon Valley Processing Center, considerado el centro de detención de inmigrantes más grande del noreste de Estados Unidos.
Según Cerdas, ese centro albergaba a más de 2.000 personas.
La vida dentro del centro de detención
El costarricense aseguró que los guardias no ejercían violencia física contra él. Sin embargo, afirmó que las dinámicas internas reflejaban un marcado trato discriminatorio, pues las labores más pesadas recaían exclusivamente sobre los detenidos hispanos.
A ellos les asignaban trabajos en la cocina, mantenimiento de zonas verdes y limpieza profunda de pasillos, lavatorios y servicios sanitarios.
Cerdas recordó que, en una ocasión, una supervisora se dirigió únicamente al grupo de hispanos para exigirles que realizaran las tareas de limpieza.
Según su relato, el pago por esas labores consistía en una galleta y un refresco, cuyo valor equivalía a un dólar diario, en lugar de dinero en efectivo.
La comida
Cerdas calificó la alimentación como "superfatal" y "humillante". Según describió, las porciones de carne tenían una textura similar a la suela de una chancleta de hule y, al exprimirlas, expulsaban una grasa densa y espesa.
También aseguró que los propios guardias admitían que nunca consumirían esos alimentos.
La dieta diaria incluía arroz duro y sin sal, frijoles sin sazón, zanahorias cocinadas hasta convertirse en una masa y pequeñas porciones de lechuga. El pollo se servía una vez al mes y las frutas eran escasas.
En una oportunidad, les entregaron bananos verdes que no podían comer.
"¿Cómo nos van a dar un banano verde? Ni que fuéramos cerdos o tuviéramos tiempo para guardarlo", cuestionó Cerdas.
Por temor a enfermarse, algunos detenidos desechaban la comida, bebían agua directamente del tubo y compraban sopas instantáneas en la tienda del centro.
Cerdas perdió 19 libras, casi 9 kilos, durante los dos meses que permaneció detenido.
Su salud se deterioró durante el encierro
Antes de su detención, Cerdas trabajaba hasta 12 horas diarias y se consideraba una persona muy activa. Sin embargo, aseguró que durante el encierro sufrió episodios graves de hipertensión arterial y recibió un diagnóstico de prediabetes.
El costarricense atribuyó esas complicaciones al estrés constante y a las deficientes condiciones de alimentación.
Según relató, el personal médico le realizó chequeos diarios, electrocardiogramas y radiografías de tórax. También le aplicó inyecciones de emergencia ante el riesgo de que sufriera un infarto.
No obstante, Cerdas afirmó que las autoridades médicas nunca le entregaron los resultados de los exámenes ni su expediente clínico antes de salir del centro.
Al regresar a Costa Rica, dijo sentirse débil y sufrir mareos al caminar debido a la falta de nutrientes y proteínas.
"Ya no siento que sea yo mismo", expresó.
Conflictos entre los detenidos
La convivencia también generaba constantes enfrentamientos. Según Cerdas, los módulos albergaban hasta 70 personas, quienes dormían en camarotes de metal con colchonetas de dos pulgadas de grosor.
El costarricense relató que algunos detenidos jóvenes permanecían despiertos y hacían ruido hasta las 5:00 a. m. Después dormían durante el día, mientras impedían el descanso nocturno de los demás.
Cuando las personas de mayor edad pedían silencio, surgían discusiones. Cerdas recordó que incluso tuvo un fuerte altercado con un pastor evangélico detenido, quien lo llamó "Satanás" porque exigió respeto durante la noche.
Traslados con cadenas y discriminación durante los vuelos
Cerdas optó por la salida voluntaria de Estados Unidos. A partir de ese momento, inició un recorrido por centros de detención en Luisiana y Texas.
Según relató, la sobrepoblación en Luisiana obligaba a decenas de migrantes a dormir directamente sobre el piso de concreto en los pasillos.
Para el viaje hacia Costa Rica, lo trasladaron en autobuses de uso militar y aviones. Durante el recorrido permaneció sujeto con cadenas en los pies, las manos y la cintura.
Cerdas aseguró que los oficiales que custodiaban los vuelos daban a los costarricenses apenas cinco minutos para comer antes de retirarles los platos. También restringían el acceso al baño y mantenían cerradas las persianas de las ventanillas.
Según su testimonio, después de entregar a los migrantes en sus respectivos países, algunos custodios se burlaban, tomaban refrescos y decían que ya habían "dejado a esos animales".
Cuando aterrizó en Costa Rica, recibió sus pocas pertenencias dentro de una malla plástica para papas.
Finalmente, Cerdas agradeció a todas las personas que oraron por su regreso, pero manifestó su decepción con el Consulado de Costa Rica en Nueva York.
Aseguró que esa sede diplomática no respondió los correos electrónicos de su familia ni realizó llamadas para verificar su estado de salud. Según indicó, únicamente el Consulado de Costa Rica en Houston mostró interés en su caso.
Ahora, de regreso en el país, Cerdas busca recuperar su condición física y mejorar su alimentación después de una experiencia que, según afirmó, lo marcó profundamente.
