Relojería Julio Fernández: la historia de un negocio emblemático que cierra tras 121 años

7 de May. 2026 | 2:54 pm

Tras 121 años de atención al público, la relojería Julio Fernández cerrará sus puertas al finalizar este mes de mayo. No se trata de una quiebra ni de problemas de insolvencia económica, recalcó su dueña, Flora Fernández, quien tomó la decisión ante un panorama cada vez más complicado; aclaró que la empresa se encuentra libre de deudas y al día con el pago de impuestos y las cuotas de la Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS).

El cierre marca el final de un negocio cuya historia comenzó en 1905 gracias a la curiosidad de Julio Ángel Fernández, abuelo de Flora. Tras intentar sin éxito convertirse en sacerdote y militar, encontró un manual sobre reparación de relojes suizos al salir de la iglesia La Soledad.

Su habilidad técnica llamó rápidamente la atención y logró establecer contacto con fabricantes de relojes en Suiza.

Desde el país europeo quedaron sorprendidos por su capacidad y lo nombraron relojero oficial en Costa Rica. Así nació el negocio, primero en un pequeño taller en el Paseo de los Estudiantes, luego en el edificio Chelles, cerca del Hotel Presidente, y finalmente en su ubicación actual detrás del Club Unión en el centro de San José.

El negocio y sus dueños

Tras la muerte de don Julio Ángel Fernández en 1950, su hijo Julio César —padre de Flora— asumió la dirección del negocio. Según relató la actual propietaria, gracias a un premio de lotería que invirtió en la empresa, la relojería creció hasta convertirse en la más grande de Centroamérica.

El establecimiento se consolidó como un referente histórico de la Avenida Central, sobreviviendo a momentos clave de la historia nacional, como la huelga contra Alcoa y cambios políticos del país.

Flora Fernández asumió la dirección en 1993, luego de la muerte repentina de su padre. Bajo su gestión, el negocio se enfocó exclusivamente en relojes y dejó de vender joyería. En esa etapa logró recuperar el prestigio y el éxito comercial de la marca.

Sin embargo, el negocio se vio gravemente afectado por la pérdida de ahorros familiares en el caso Aldesa, situación que redujo el capital de trabajo y debilitó la competitividad de la empresa. Para doña Flora, el cierre de la relojería representa un proceso profundamente doloroso, no solo por el legado familiar, sino principalmente por el impacto humano en su equipo de trabajo.

Su equipo de trabajo

Entre lágrimas, explicó que sus colaboradores no son simples empleados, sino personas a las que considera "sus hermanos". Incluso afirmó que, en su vida cotidiana, su gata, su perra y sus trabajadores son los más importantes debido a la convivencia diaria y los años de lealtad compartida.

Asimismo, aseguró que siempre contó con "los mejores empleados del país": personas honestas, trabajadoras y leales que la acompañaron durante los momentos más difíciles.

Aunque ya procedió con las liquidaciones, confesó que su principal angustia es la incertidumbre sobre el futuro de ellos, pues considera que ninguna compensación económica sustituye la estabilidad laboral.

Fernández sostuvo que, si hubiera recuperado el dinero perdido en el caso Aldesa, habría podido contratar a un gerente para mantener abierto el negocio y conservar los puestos de trabajo. Sin embargo, la falta de capital volvió inevitable el cierre.

El cuidado de su madre

Flora también describió la compleja tarea de administrar la relojería mientras cuidaba de su madre, luego del diagnóstico que recibió en 2015 por Alzheimer. Según relató, cuando notó que su madre ya no podía manejar dinero como antes, tuvo que intervenir y conversar con su hermano para evitar que le enviaran efectivo directamente, con el fin de protegerla de posibles errores o engaños.

Ella y su esposo tomaron la decisión de dejar su casa en Santa Ana para mudarse a vivir con su madre y cuidarla a tiempo completo. Además, explicó que tuvo que vender el vehículo de su madre para cubrir los elevados gastos médicos y de cuidado personal, especialmente cuando dejaron de percibir intereses de sus inversiones.

Con el paso del tiempo, también asumió el costo de terapias, medicamentos y consultas médicas, procurando que su madre tuviera tranquilidad durante su vejez, pese a las dificultades económicas derivadas de la pérdida de los ahorros familiares.

Búsqueda de un "heredero" para su personal

La actual propietaria explicó que su mayor preocupación ahora es encontrar a alguien que continúe atendiendo a los clientes y dé respaldo a los relojes. Incluso afirmó estar dispuesta a regalar el mobiliario, las cajas fuertes y las herramientas a cualquier grupo de relojeros que desee continuar con el negocio, siempre y cuando contraten y mantengan a su personal.

"No quiero que los relojes de mis clientes queden huérfanos, pero sobre todo no quiero que mi gente quede en la calle", expresó.

Actualmente, la relojería mantiene un 30% de descuento en su inventario y ya ha vendido cerca del 80% de la mercadería. Finalmente, doña Flora manifestó su profunda gratitud hacia la clientela que acompañó al negocio durante tantos años.

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