¿Quiénes asumirían el suministro de la droga tras la caída de varios capos? Esto dice el OIJ
La caída de los cárteles de la droga liderados por Edwin López, "Pecho de Rata", Luis Manuel Picado, "Shock"; y Alejandro Arias, "Diablo", considerados los principales proveedores de droga que se consume en el país, arbrió un nuevo capítulo en la configuración criminal, según el Organismo de Investigación Judicial (OIJ).
Disidentes de esas mismas estructuras o nuevas organizaciones narcotraficantes tratan de asumir las rutas de importación de marihuana y cocaína desde Sudamérica, ya sea para la exportación o para asegurar el suministro de droga dentro del país.
Lejos de desaparecer, el crimen muta y se adapta a través de lo que las autoridades denominan «resiliencia criminal». La reorganización es prácticamente inmediata. La posición geográfica estratégica de Costa Rica la mantiene como un punto clave para el tránsito y la distribución de drogas.
Por ello, las autoridades tienen claro que el flujo de estupefacientes no se va a detener. Cuando una gran organización es golpeada, como ocurrió con las recientemente desarticuladas, y sus líderes son arrestados, las líneas internacionales de tráfico son asumidas rápidamente por grupos emergentes.
Este proceso de reacomodo implica que las nuevas estructuras buscan de inmediato restablecer contactos en Colombia o Ecuador, para garantizar la continuidad del ingreso de cargamentos al territorio nacional. La dinámica criminal demuestra que, en cuestión de semanas, meses o años, surgirán nuevos alias que hoy no resultan significativos para la opinión pública, pero que asumirán el control que antes tenían los grandes capos.
"Realmente lo que van a hacer es reacomodarse y podría generar algún tipo de violencia, pero no se va a detener. Va a seguir evolucionando, surgiendo. Probablemente en los próximos meses o años vamos a conocer alias nuevos de personas que hoy no son tan significativas. Es algo que hemos visto a lo largo de los años.
Yo le podría enumerar desde las últimas tres décadas personas que a lo largo del tiempo tuvieron el control de territorios y hoy están muertas, hoy están privadas de libertad y surgieron otras personas que hoy son más llamativas. Eso es lo que va a ocurrir dentro de pocos meses, semanas o años: vamos a conocer cabecillas nuevos", explica Michael Soto, director a.i. del OIJ.
De la influencia regional al control local
Una de las transiciones más marcadas que ha identificado el OIJ es el cambio en la escala del liderazgo. Mientras figuras como Diablo ejercían una distribución y un control de carácter regional, los nuevos cabecillas están optando por un enfoque de distribución desde lo local.
Este vacío de poder y la consecuente disputa por el control de los territorios generan brotes de violencia interna. El OIJ ya mantiene bajo la mira e investiga activamente a los sujetos que intentan apoderarse de estos espacios vacíos, tanto para apropiarse de las rutas internacionales como de las internas.
Para frenar la capacidad de adaptación de estas bandas, el OIJ ha implementado estrategias drásticas. Una de las principales medidas para evitar que los capos sigan dirigiendo las operaciones desde los centros penitenciarios —ya sea directamente o a través de intermediarios— ha sido detener a sus familiares y a los miembros de sus círculos más cercanos.
Al remover todo el entorno de confianza, se generan vacíos de poder más profundos y difíciles de llenar de forma inmediata. La cooperación internacional y las extradiciones juegan un papel fundamental para desmantelar los tentáculos de estas redes, especialmente mediante el trabajo conjunto con la Administración de Control de Drogas (DEA).
La caída de Pecho de Rata es una de las que más podría golpear el mercado de drogas en Costa Rica, dado que era considerado el principal proveedor de marihuana del territorio nacional. Aliado con el clan colombiano Los Costeños, recibía marihuana de alta potencia, conocida como "creepy", y cocaína en Limón para su distribución nacional e internacional. Además, servía como proveedor de otras bandas, incluida la de Diablo.
Diablo tenía un rol distinto al de Pecho de Rata. No era principalmente un importador, sino un distribuidor de la droga que López ingresaba al país para colocarla en comunidades de las siete provincias. Trabajaba mediante una especie de franquicias de la droga: aunque no necesariamente tenía jerarquía sobre todas las células, sí les aportaba producto, armas, logística e incluso su nombre, que se había convertido en un mito, para enfrentarse a grupos rivales.
Fue detenido tras evadir a la justicia durante años y luego de un feroz enfrentamiento a tiros con la policía que dejó a varios oficiales heridos. Shock lideraba, junto con su hermano Jordie Picado, otro cártel dedicado principalmente a la exportación de droga, pero que también tenía un importante papel como proveedor de bandas nacionales, en una situación similar a la de Macho Coca.
Nuevo centro: el sur
Tras la caída de los capos del Caribe, el foco de violencia en la zona sur del país podría recrudecerse aún más. Esta región se ha convertido en los últimos años en una de las principales puertas de entrada de droga, especialmente en los alrededores de la península de Osa, que funciona como una vía acuática para el ingreso de cargamentos o alijos de cocaína y marihuana procedentes del sur del continente.
Se trata de un área de gran valor para las organizaciones criminales que se extiende prácticamente desde Punta Burica hasta el Pacífico central. Dentro de esta región, puntos específicos como Drake, Sirena, Golfito y Quepos son considerados estratégicos para la operatividad del narcotráfico.
Según los análisis de radares internacionales y las «trazas» del movimiento de embarcaciones, el Pacífico sur presenta una intensa actividad marítima. Por esta razón, es una zona que requiere vigilancia aérea y marítima constante, por lo que la presencia de Guardacostas y otros cuerpos policiales resulta de suma importancia.
Al ser un territorio clave para el ingreso y suministro de sustancias ilícitas, la zona sur ha experimentado brotes de violencia asociados principalmente con las disputas por el control del tráfico local de drogas.

