Pescadores a la deriva comieron cocos y pescados para sobrevivir durante siete días

Eric Hernández Madriz, Omar Dunkley  y Dexter González, pescadores limonenses. Cortesía

Eric Hernández Madriz, Omar Dunkley  y Dexter González, pescadores limonenses. Cortesía

Lo que debía ser una jornada habitual de pesca terminó convirtiéndose en una lucha por sobrevivir durante siete días para tres pescadores costarricenses que quedaron a la deriva en el Caribe.

Eric Hernández Madriz, Omar Dunkley  y Dexter González salieron de Limón alrededor de las 4 a. m. del 21 de setiembre con la intención de regresar ese mismo día. Sin embargo, mientras navegaban, el motor de la panga comenzó a fallar.

A eso de las 3 p. m., cuando se encontraban a unas 20 millas de la costa, el motor dejó de funcionar.

Según explicó Eric, a partir de ese momento quedaron a merced de las corrientes, que los fueron alejando de Costa Rica.

"Pasaron rayos y aguaceros de una hora. Los rayos caían y sonaban durísimo. ¡Madre de Dios! También vimos que se estaba formando un torbellino, una tromba. Nosotros lo 'cortamos' con un cuchillo. La ley del mar es así: uno saca un cuchillo y le hace un par de cruces, una X, y al ratito desapareció", afirmó.

Afirmó que la panga pasó por Bocas del Toro y otras zonas de Panamá hasta terminar cerca del Canal de Panamá. El problema más grande comenzó cuando se quedaron sin comida.

 Pescado, cocos y lo que encontraban en el mar

Hernández explicó que los tres llevaban agua suficiente, pero la comida se agotó rápidamente. Ante el hambre, tuvieron que ingeniárselas para conseguir alimento.

Primero capturaron un pez pequeño que utilizaron como carnada para atrapar uno más grande.

"Lo fileteamos y hacíamos tajaditas delgadas Las poníamos en la parte delantera del barco. El sol estaba demasiado caliente y les dábamos vuelta al pescado para que se tostara. Esa era nuestra 'cocina élite'. Ya más o menos tostado, uno lo probaba y comía. También nos hicimos unos pinchos. Agarrábamos el tenedor, metíamos los pedacitos de pescado y, con una propela vieja de repuesto, algodón, camisas y telas, hacíamos fuego y humo. Despedazamos dos camisas para hacer el fuego. Usábamos alcohol, gasolina y diésel para prenderlo y, con el tenedor, pasábamos el pescado por las llamas para terminar de cocinarlo", afirmó Eric.

Él explicó además que también aprovecharon lo que encontraban flotando en el mar. En una ocasión, Hernández vio un coco y se lanzó al agua para alcanzarlo, sin darse cuenta de que únicamente se trataba de la cáscara. Posteriormente sí lograron conseguir cocos y los compartieron entre los tres.

Uno de ellos comenzó a vomitar

Con el paso de los días, la situación empeoró. Omar, quien padecía gastritis, comenzó a vomitar constantemente desde el tercer día.

"Ese hombre casi se le revienta una úlcera", relató Hernández.

Los pescadores solo tenían algunos medicamentos en un pequeño botiquín y varios estaban vencidos. Aun así, intentaron ayudarlo mientras continuaban esperando un rescate.

Pese al hambre, el cansancio y la enfermedad de su compañero, Hernández asegura que procuraron mantener el ánimo. Conversaban, bromeaban, jugaban y oraban juntos.

"Diosito nos dio fuerzas para no perder la cabeza", afirmó.

De acuerdo con las declaraciones, durante esos días observaron varios barcos pasar cerca de ellos. Intentaron llamar su atención utilizando telas, capas, pedazos de madera, humo e incluso un pequeño espejo que llevaban en un botiquín para reflejar la luz del sol, pero nadie logró localizarlos.

"Nos quedan dos rayas"

Después de 6 días en el mar, llegó el momento que terminó cambiando la historia. Uno de los teléfonos todavía tenía aproximadamente dos rayas de batería y lograron llamar al 9-1-1, el sábado 26 de setiembre.

La primera llamada se cortó, por lo que volvieron a intentarlo. Ahí lograron pasarle los datos a la operadora.

"¡Muchacha, que estamos botados aquí, por favor! (…) Tengo siete días y estoy vomitando ya casi sangre y de ahí la muchacha se asustó cuando escuchó eso, se puso hasta a llorar, no sabía ni qué hacer. ", recordó Hernández.

De acuerdo con los datos, la operadora logró comunicarse con la esposa de uno de los pescadores para informarle que estaban vivos. La llamada fue trasladada al Servicio Nacional Aeronaval (SENAN) de Panamá.

Los pescadores no podían proporcionar coordenadas exactas porque el GPS llevaba varios días apagado, pero dieron referencias sobre su ubicación cerca del Canal de Panamá. Antes de que el teléfono se apagara, lograron transmitir la información necesaria.

 La avioneta los encontró

Hernández indicó que, al día siguiente, una aeronave comenzó a sobrevolar la zona. Los pescadores observaron cómo daba varias vueltas hasta que finalmente logró ubicarlos. Posteriormente llegó una embarcación de rescate. Luego fueron trasladados a Colón, donde recibieron atención médica y permanecieron 24 horas en observación.

Hernández destacó el trato que recibieron en Panamá y contó que incluso les ayudaron a conseguir ropa y artículos de higiene antes de emprender el regreso a Costa Rica. Después de 7 días a la deriva, los 3 pescadores finalmente pudieron regresar con sus familias.

Para Hernández, la experiencia dejó una enseñanza.

"Nos hizo cambiar. Hay que cumplir las promesas que uno hizo".