Llegaron a pasear y terminaron quedándose a vivir: “Costa Rica tiene absolutamente todo”

Deleitan a la comunidad con sus productos

23 de Jun. 2024 | 1:01 pm

Fiamma Salicaro y Rubín Schejtman son una pareja argentina que se enamoró de Jacó, Costa Rica, durante un viaje en el país hace 6 años.

Aquel viaje que emprendieron como mochileros, les cambió la vida, al punto de que decidieron quedarse a vivir en el país, después de que Salicaro se enfermara.

Cuando ellos estaban en Santa Teresa, Salicaro se aquejó de un dolor en la panza. Resultó ser una apendicitis y tuvo que ser operada de emergencia. Ella y Schejtman se quedaron sin dinero después de que los ahorros se acabaran durante el mes que se recuperaba de la cirugía.

"Vinimos a conocer Santa Teresa de Cóbano y pensábamos seguir viajando, pero me dio apendicitis, entonces tuvimos que parar el viaje. Nos quedamos sin dinero porque fue como un mes que tuve la recuperación, sin poder trabajar porque estaba recién operada", dijo la argentina a CRHoy.com.

"El poco dinero que teníamos de mochileros -que éramos, íbamos muy hippies por la vida- se nos terminó. Se nos terminaron los ahorros que teníamos por el tema de la operación", añadió.

Su deseo en ir a Jacó surgió después de escuchar a otros extranjeros hablar las maravillas sobre la zona mientras Salicaro se recuperaba en San José.

Jacó se convirtió en su nuevo hogar y allí abrieron su negocio de empanadas argentinas llamado "Fiaru", con la intención de recuperar el dinero. Aunque ellos soñaban visitar varios lugares de mochileros, cambiaron de idea y decidieron establecer una vida en Costa Rica.

"Nos encanta mucho la playa"

Por la cirugía de Salicaro, la pareja viajó a San José para estar cerca de un centro médico, tal y como había recomendado, y allí conocieron a varias personas extranjeras que visitaron Jacó.

"La doctora nos recomendó que no estemos en la playa, que estemos un poco más en la ciudad por estar cerca del hospital para que le puedan quitar los puntos o que la puedan atender por cualquier situación", dijo Schejtman.

"Aplicamos a un voluntariado en San José, donde estuvimos un mes en un hostel que conocimos a unas personas extranjeras que fueron a la playa y nosotros les preguntamos a dónde fueron y ellos dijeron a Jacó", añadió.

La pareja empezó a buscar en internet la ciudad puntarenense y tuvieron la impresión de que era una ciudad del surf, un deporte que les gusta disfrutar.

"Decidimos venir a Jacó a conocer y vimos que la ciudad tenía todo, que era playa con ciudad, que era de rápido acceso, (…) puedes ir y venir rapidísimo, que había bancos, había supermercado y dijimos: ‘Bueno, vamos a mudarnos acá y empezar acá de vuelta'", contó el argentino de 33 años.

Ellos, con ₡5.000 en sus bolsillos y una mochila que compartían y sin conocer la cultura tica, decidieron empezar una vida vendiendo empanadas y otros productos argentinos, por ejemplo, alfajores.

"Costa Rica tiene absolutamente todo. Todo lo que puedes encontrar en cualquier parte del mundo, creo que está todo acá y a nosotros nos encanta, nos encanta mucho la playa, el clima caliente, acá  tenemos la montaña cerca. Si tenemos que hacer algún trámite o algo, vamos a San José, estamos en una o dos horas, estamos allá. (…) nos gusta muchísimo vivir acá", indicó.

"… nosotros estamos superfelices y agradecidos", expresó.

Vendían empanadas en la playa

Cuando se mudaron a Jacó, tuvieron retos en conseguir trabajo para ganar dinero, así satisfacer sus necesidades. El encargado de un hostel les abrió sus puertas y les dio un espacio en la cocina para que hicieran las empanadas, así venderlas en la playa.

"Ninguno de los dos tenía ni idea de cómo hacer empanadas (…) Rubín, que estudió cocina, él dijo: ‘Bueno, me lo voy a jugar'. Con una receta, las hicimos y salimos a venderlas. La primera vez hicimos 10, salimos a vender y al otro día hicimos 15 y al otro 20. Donde vimos que a la gente le gustaba el producto, no paramos", dijo la argentina de 32 años.

"Todos los días era salir a vender a la playa y comprar una ollita, una cuchara y ahorrar. El tiempo que nos dio para ahorrar estando en el hostel, nos mudamos a un apartamento, una cabina", continuó.

La pareja vendía sus empanadas por la zona a bordo de una bicicleta que estaba rota. Salicaro y Schejtman, quienes utilizaban grandes sombreros de paja para cubrirse del sol, tienen anécdotas divertidas de los momentos que atravesaban diferentes lugares para vender sus productos.

Ellos recuerdan que los locales los reconocían y les pedían las empanadas. Un día una señora se encontró con ellos y les compró 40 de ellas, así como 20 alfajores.

"Era el día anterior de Navidad y ella se iba para una cena familiar. Se llevó las empanadas y los alfajores, estaba feliz", dijo Schejtman.

Él recordó que cuando ofrecían sus productos en la playa, muchos los felicitaban por su esfuerzo en trabajar y ganarse la vida con las ventas. La calidez de los ticos también los enamoró del país.

"Es muy confortable que te reciben muy bien, por lo menos desde nuestro punto de vista, siempre fue así. Siempre fuimos muy bien recibidos", dijo.

Cuentan con un puestito

Cuando la pareja sintió que estaban cada vez más estables económicamente, la pandemia del Covid-19 llegó.

"Fue bastante duro porque cerraron las playas. (…) O sea, nosotros vendíamos en la playa y no teníamos donde más vender. Ahí fue cuando nos tuvimos que reinventar", dijo Salicaro.

A pesar de las adversidades, la pareja abrió un puesto en Jacó Walk. Actualmente, cuentan con 6 personas en el establecimiento.

"Son excelentes, son todos jovencitos; todos costarricenses que están comprometidos con el proyecto", indicó la argentina.

"Le pusimos mucha pasión, mucho corazón, mucho esfuerzo", expresó Salicaro. "Nosotros éramos dos hippies mochileros que nada queríamos trabajar y de ser dos vendedores ambulantes, pasamos a ser empresarios con grupo de trabajo y un proyecto".

Ellos tratan de innovar con los sabores, así sus clientes pueden disfrutar del deleite de sus empanadas con distintos ingredientes en el relleno.

La enseñanza que les dejó

Salicaro contó que una de las mayores enseñanzas que esta experiencia les dejó es que hay que luchar por los sueños.

También comentó que tuvieron que aprender a creer y confiar en sí mismos.

"Primero, si uno no se levanta y no va por lo que quiere, nadie se lo va a venir a traer en la vida. O sea, nadie nos debe nada en la vida. Entonces, es la responsabilidad de uno mismo salir a buscar lo que quiere", dijo.

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