Las abuelas que llenan los vacíos del sistema de cuido

Cada mañana, Rosa Ramírez prepara el desayuno, alista a dos niñas y se encarga de que todo esté listo para comenzar el día. Lo hace desde hace años y, a simple vista, parece la rutina de cualquier madre.

Pero las niñas no son sus hijas. Son sus nietas.

Rosa cumple 71 años este 15 de agosto. Cuida a la menor, de 7 años, desde que nació y a la mayor, de 9, desde hace cuatro años.

Como Rosa, miles de abuelas asumen tareas de crianza que sus hijos no pueden atender por razones económicas, laborales o familiares. Preparan meriendas, llevan a sus nietos a la escuela, los acompañan a citas médicas y están pendientes de sus estudios.

Su trabajo sostiene a muchas familias, pero también evidencia un problema mayor: el sistema de cuido no alcanza para cubrir las necesidades de todos los hogares.

"La menor solo me dice 'mami' porque yo siempre he visto por ella. Esas niñas son mi vida. Me hacen sonreír todos los días. Yo las veo como mías porque se criaron conmigo", dijo Rosa.

 

El Estado no llega

Para Óscar Valverde, director ejecutivo de la Fundación Paniamor, que las abuelas regresen a las tareas de crianza no debe entenderse únicamente como una muestra de solidaridad familiar.

También refleja las limitaciones de la Red Nacional de Cuido, que nunca logró cubrir toda la demanda y cuyos espacios se redujeron aún más con los recortes presupuestarios de los últimos años.

"No es una cuestión de decisión. Muchas familias simplemente necesitan que las personas adultas salgan a trabajar para poder sobrevivir. Entonces la pregunta es: ¿quién cuida? Y ahí aparecen miles de abuelas que vuelven a criar cuando ya habían terminado esa etapa de su vida", comentó.

Según Valverde, el debate suele centrarse en el amor y el sacrificio de estas mujeres, pero deja de lado la pregunta de fondo.

"La pregunta no debería ser por qué las abuelas cuidan. La verdadera pregunta es por qué tantas tienen que hacerlo y, muchas veces, solas, sin el apoyo de un Estado o de instituciones que acompañen esas tareas", explicó.

El director de Paniamor advierte que incluso algunas abuelas utilizan su pensión para sostener a toda la familia, mientras otras enfrentan largas jornadas de cuido pese a su edad, problemas de salud o desgaste físico.

Damaris Hernández, de 56 años, conoce esa realidad.

Buena parte de sus días gira alrededor de su nieta de 10 años. La lleva a la escuela, está pendiente de sus estudios y alimentación.

"Yo la quiero como a una hija, la hija que Dios no me dio", dijo.

Para ella, cuidar a su nieta es una responsabilidad asumida desde el cariño.

"Yo me preocupo porque vaya bien a la escuela, porque lleve todo lo que necesita y porque siempre ande bien presentada. Todo lo hago con amor", comentó.

Jenny fue abuela a los 36 años

El caso de Jenny Jiménez muestra otra cara de esta realidad.

La mayoría de las mujeres se convierte en abuela después de los 50 años. Jenny asumió ese papel a los 36.

Cuando su hija, Leishka, tuvo a Emma, decidió convertirse en su principal red de apoyo para que pudiera continuar con sus estudios.

Durante los primeros años de vida de la niña, Jenny asumió buena parte de su crianza. Alimentaba a la bebé y se encargaba de sus rutinas mientras su hija asistía a clases.

"No le llamamos sacrificio porque viene desde el amor", expresó.

La tarea, sin embargo, no fue sencilla. Jenny también tenía que cuidar a su propio hijo, Yerik, que apenas tenía dos años.

Recuerda que hubo momentos en los que tuvo que dividir su atención entre ambos niños.

"Muchas veces, se me parte el corazón al recordar eso, porque lloraba de la impotencia. Emma era una bebé, tenía un mes, y Yerik apenas iba para los dos años. A veces tenía que ponerle la pantalla a mi hijo, aunque no quería hacerlo, para poder cuidar a Emma, o dejarlo llorar un poquito mientras intentaba dormir a la bebé", recordó.

Hoy la situación es distinta. Leishka estudia Administración de Recursos Humanos en la universidad y mantiene un papel activo en la crianza de su hija. Jenny, por su parte, ayuda con Emma dos o tres veces por semana, pero ya no asume la responsabilidad que tuvo durante los primeros años.

"Cuando la gente me dice: '¡Uy, su hija tan joven, y ya la hicieron abuela!', a mí no me avergüenza. Me da orgullo decir que hoy ella está en la universidad. Yo sé que el apoyo que le di fue crucial para que pudiera llegar hasta donde está", comentó.

Los recortes que preocupan a especialistas

El problema del financiamiento de los servicios de cuido quedó expuesto este año.

En junio, la Comisión de Asuntos Hacendarios de la Asamblea Legislativa aprobó un recorte de ₡40.000 millones al presupuesto de los Centros de Educación y Nutrición y de los Centros Infantiles de Atención Integral (CEN-CINAI) para 2026.

La decisión generó cuestionamientos por su impacto en la atención de niños y niñas en condición de vulnerabilidad. El oficialismo defendió la medida y explicó que los recursos serían reasignados para cubrir el déficit del Régimen No Contributivo de la Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS).

Para Valverde, el problema de fondo es la falta de una inversión sostenida en políticas de cuido.

"Yo me atrevería a decir que en el país no hay un foco de priorización en el bienestar de la niñez y la adolescencia", dijo.

A su criterio, la Red Nacional de Cuido quedó como una aspiración que no alcanzó a convertirse en una política pública con recursos suficientes y sostenibles.

Sin una inversión que permita ampliar y sostener los servicios de cuido, la responsabilidad seguirá recayendo sobre los hogares y, en muchos casos, sobre las abuelas.