Diez horas atrapada: así fue salir del Caribe entre derrumbes

El domingo 16 de agosto, un día después del Día de la Madre, amaneció con fuertes aguaceros en Limón. Los seis cantones de la provincia reportaban lluvias intensas y, conforme avanzaba la mañana, comenzaron a conocerse cierres y deslizamientos en diferentes rutas nacionales.

Mi familia vive en La Alegría de Siquirres, un lugar que acostumbro visitar los fines de semana. Ayer domingo necesitaba regresar a San José para presentarme a trabajar en CR Hoy al día siguiente. No iba sola. Me acompañaban otros cuatro familiares y amigos: todos teníamos que llegar a nuestros destinos; algunos debían presentarse a trabajar y uno tenía que asistir a la Universidad de Costa Rica (UCR).

Desde temprano comenzamos a revisar las condiciones de las diferentes rutas para decidir por dónde viajar.

A eso de las 9 a. m., el Ministerio de Obras Públicas y Transportes (MOPT) anunció el cierre de la Ruta Nacional 32, principal conexión entre Limón y San José.

En ese momento entendí que, debido a la intensidad de las lluvias y a los deslizamientos que ya se reportaban, esa vía difícilmente volvería a abrir durante el día, así que había que buscar otra opción.

Después de analizar las diferentes posibilidades, decidimos viajar por la Ruta Nacional 10, que comunica Siquirres con Turrialba y permite continuar hacia San José. Salimos de Siquirres alrededor de la 1 p. m.

En ese momento todavía teníamos la esperanza de que, aunque la Ruta 32 estuviera cerrada, podríamos llegar a San José por otra vía; sin embargo, esa opción se frustró poco después.

Mientras avanzábamos hacia Turrialba, otros conductores que circulaban en sentido contrario comenzaron a hacernos señales para que diéramos la vuelta. Al principio no entendíamos por qué.

Poco después encontramos la respuesta: un gran derrumbe había bloqueado el paso en las cercanías del puente sobre el río Chitaría. La carretera estaba cerrada. No podíamos continuar hacia Turrialba. Entonces decidimos regresar hacia Siquirres para intentar otra alternativa, pero tampoco pudimos.

En el sector de Tres Equis nos encontramos con otro gran derrumbe que impedía avanzar en dirección a Siquirres. Fue en ese momento cuando entendimos que estábamos atrapados. No había paso hacia Turrialba y tampoco podíamos regresar a Siquirres.

La Ruta 10 estaba cerrada por los deslizamientos. La Ruta 415, otra de las vías que comunica Siquirres con Turrialba, también tenía un derrumbe. La Ruta 32, que conecta Limón con San José, permanecía cerrada y la posibilidad de buscar una salida por Vara Blanca tampoco estaba disponible, debido al cierre de la Ruta 4, utilizada para entrar o salir de Sarapiquí.

Las rutas para salir y entrar del Caribe estaban bloqueadas. Éramos cientos de conductores y pasajeros atrapados en medio de la carretera, bajo un fuerte aguacero. Conforme pasaban las horas y la maquinaria no llegaba, la preocupación comenzó a convertirse en desesperación.

Las personas bajaban de sus vehículos, caminaban por la carretera y preguntaban cuánto faltaría para que se habilitara el paso. Otros hablaban entre sí y hacían cuentas sobre cuánto tiempo podrían permanecer ahí.

"Vamos a dormir en la calle", se escuchaba decir a algunos conductores.

No era una preocupación exagerada. Ya había ocurrido en otras ocasiones que personas quedaran varadas durante horas en carretera debido a cierres provocados por las lluvias.

La escena tenía algo de película. Por momentos pensé en El silencio, una película de terror y suspenso dirigida por John R. Leonetti, en la que grupos de personas intentan escapar por carreteras mientras huyen de unas criaturas que atacan guiadas por el sonido.

La comparación no estaba en las criaturas, sino en la desesperación. Aquí también había cientos de personas intentando avanzar antes de quedar atrapadas. La diferencia era que el enemigo eran los derrumbes y la lluvia.

Los conductores comenzaron a distribuirse entre tres negocios ubicados en la zona, entre sodas y restaurantes. Los establecimientos se llenaron. Personas que llevaban horas dentro de sus vehículos entraban para ir al baño, cargar sus teléfonos y comprar comida y agua para llevar. La sensación era que la espera sería larga.

También observábamos a los pasajeros de los buses que viajaban hacia San José. Algunos bajaban para comprar alimentos o simplemente estirarse después de permanecer durante horas dentro del autobús.

En medio de la espera, otros conductores contaban lo que estaban viviendo.

"Estamos atrapados por un gran derrumbe en Turrialba y Siquirres. Hay neblina, hay hambre, hay una fila grandísima, son muchos carros los que quedaron atrapados. Yo me quedé atrapada desde temprano, cuando cerraron el Zurquí", relató Evelyn Sánchez.

Ligia Pérez también estaba preocupada por las condiciones en las que se encontraban algunas familias.

"Me asusté mucho de ver ahorita un carro lleno de niños y debajo de árboles, con el riesgo de que caigan sobre el carro. No sabemos qué vamos a hacer", dijo.

Libni Luna, por su parte, pidió ayuda para las personas que permanecían varadas.

"Hay mucha gente, hay muchas familias con niños. Necesitamos que nos vengan a ayudar porque estamos atrapados por los dos derrumbes. Ocupamos pasar y llegar a nuestros trabajos mañana", manifestó.

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El tiempo avanzaba y seguíamos sin poder movernos. Hasta que, cuando faltaban 10 minutos para las 8 p. m., los vehículos comenzaron a avanzar.

La Municipalidad de Turrialba había llegado para limpiar el paso en las cercanías del puente sobre el río Chitaría.

Los carros comenzaron a moverse lentamente. La fila era enorme, pero después de horas de espera, finalmente había movimiento.

No significaba que el viaje hubiera terminado. Todavía quedaban kilómetros por recorrer y varias horas de carretera; pero ya había esperanza.

Finalmente, después de pasar prácticamente todo el día entre cierres, derrumbes, filas y lluvia, llegué a Sabana Sur a las 11 p. m.

Habían pasado 10 horas desde que salí de Siquirres. En condiciones normales, sin presa y con las carreteras habilitadas, ese recorrido puede hacerse en unas tres horas.

El tiempo de ese viaje también me hizo recordar otro recorrido reciente. Hace unos meses viajé en autobús desde San José hasta San Juan del Sur, en Nicaragua, una distancia de aproximadamente 330 kilómetros. El trayecto tomó ocho horas, incluido el tiempo que pasamos en los trámites migratorios.

Es decir, ese domingo tardé dos horas más en llegar a San José desde Siquirres que lo que me tomó viajar en bus desde San José hasta Nicaragua.

La diferencia fue que, esta vez, no se trató de una larga fila en una frontera ni de una parada programada. Fueron horas atrapada en una carretera, con cientos de personas más, mientras los derrumbes cerraban una salida tras otra del Caribe.