Crimen organizado busca tomar el control político: ya no se limita a “comprar” policías o jueces

Las bandas de crimen organizado no se enfocan exclusivamente en reclutar policías o jueces, para garantizar su impunidad: ahora buscan controlar a los políticos y a los gobiernos con el fin de transformar el escenario institucional de un país y facilitar el desarrollo de sus operaciones ilícitas.

Douglas Farah, periodista investigador y consultor estadounidense, explicó que la delincuencia organizada ya no se limita a conquistar un territorio aislado o a obtener una inmunidad limitada.

Su objetivo ahora es acceder al poder político para modificar las leyes, de manera que las actividades que antes eran perseguidas dejen de ser ilegales o resulten más difíciles de combatir.

El control político y el control territorial pueden retroalimentarse. Las bandas o los cárteles buscan influir en los procesos electorales mediante amenazas a comunidades enteras —como advertir que matarán a personas o sacarán a sus hijos de la escuela— o a través del financiamiento de campañas políticas.

Esto puede provocar que comunidades enteras voten por determinados candidatos o partidos, logrando así un control político impuesto por la fuerza, pero con apariencia democrática. Acceder a ese poder también les garantiza el control territorial, como ha ocurrido en Honduras.

"Antes, lo que ellos buscaban era tener un policía corrupto, alguien de aduanas en la frontera que dejara pasar su cargamento, un juez que los liberara. Ahora quieren no solo ese control, sino meterse en ambos niveles, también a nivel nacional.

Compran voluntades y se compenetran en la política, casi siempre en el Poder Legislativo, el Congreso, porque ahí es más fácil poner dinero del narco en las campañas", puntualizó Farah.

Costa Rica vulnerable

El problema es que Costa Rica, al ser una de las democracias más funcionales de la región, junto con Chile y Uruguay, figura entre los países que enfrentan un fuerte ataque del crimen organizado transnacional. En una democracia, explicó Farah, la toma de decisiones y la aprobación de leyes suelen ser procesos más lentos.

Además, desde hace muchos años existe en Costa Rica —como en otros países de la región— una estrategia sistemática de los grupos narcotraficantes para comprar voluntades dentro de la clase política.

La falta de leyes robustas para rastrear el origen del dinero utilizado en las campañas políticas ha facilitado la infiltración de recursos provenientes del crimen organizado.

Este escenario también abre la puerta a modelos más autoritarios, como el de Nicaragua, donde, según Farah, el poder político opera de forma cercana al crimen organizado. Otros países de la región, como El Salvador, también muestran señales preocupantes.

"Estamos viendo mucho el modelo de Bukele, de criminalizar todo lo que tenga que ver con los medios, con la difusión de información y con la información pública, porque eso es lo que perjudica al narco: poder ver hacia dónde va el dinero, la corrupción y quién se está aprovechando de ella.

Si quitas eso y lo haces ilegal, como ha hecho Bukele, que estableció siete años de reserva para casi toda la información que debería ser pública, ya estás desarmando a los periodistas, a los medios y a los investigadores, porque publicar esa información ya constituye un delito dentro del sistema que diseñaron", explicó Farah.

Según el experto, cada vez son más los países que siguen esa ruta hacia el autoritarismo, lo que considera sumamente peligroso porque limita el acceso de la población a información necesaria para tomar decisiones informadas.

Otras debilidades

El país enfrenta otros retos importantes para combatir el crimen transnacional, entre ellos las debilidades para perseguir el blanqueo de activos proveniente del narcotráfico y de otros delitos.

Cada vez son más los casos en que extranjeros llegan a Costa Rica para legitimar ganancias ilícitas y son descubiertos por el Organismo de Investigación Judicial (OIJ) o por autoridades internacionales, como la DEA.

"Lamentablemente, Costa Rica es uno de los países más débiles de la región en ese sentido. Hay cantidades enormes de dinero que fluyen por Costa Rica sin que exista un contexto claro para determinar de dónde provienen. El flujo de capitales es mucho mayor de lo que justificaría una economía como la costarricense", señaló el estadounidense.

Tal ha sido el caso en otras latitudes, como Bolivia, donde le llamaban el ‘colchón blanco', para referirse a que el dinero generado por la cocaína servía para amortiguar cualquier crisis económica", comentó.

Para Farah, la forma más eficiente de combatir el narcotráfico y el crimen transnacional es atacar sus finanzas.

Pero en toda la región hay cada vez menos voluntad para hacerlo, porque eso sí toca los intereses de grandes capitales y grandes negocios.

Todo el mundo tiene miedo de frenar la economía, aunque, a largo plazo, esos flujos de dinero ilícito destruyen la economía formal, porque nadie puede competir con un narcotraficante que no necesita obtener ganancias de su negocio, sino que lo utiliza para lavar dinero.

Otro aspecto que merece atención es el contrabando de animales silvestres, dado que los narcotraficantes suelen sentir fascinación por determinadas especies. Normalmente, las rutas utilizadas para el tráfico de fauna coinciden con las empleadas para el narcotráfico y otras actividades ilícitas, hasta el punto de convertirse en un solo negocio altamente lucrativo.

Douglas Farah es un reconocido periodista de investigación, autor estadounidense y consultor internacional especializado en seguridad nacional y crimen organizado transnacional. Fue corresponsal de asuntos exteriores para The Washington Post cubriendo conflictos armados y narcotráfico, y actualmente preside la firma de consultoría estratégica IBI Consultants.

Recientemente estuvo en el país brindando un taller especializado coorganizado junto con la Fundación Konrad Adenauer (KAS) para periodistas de la región.

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