Costo del transporte y distancia limitan acceso a mamografías en zonas rurales

19 de Oct. 2026 | 12:02 am
Fotografía cortesía de Alsalus.

Fotografía cortesía de Alsalus.

Para Cinthia, hacerse una mamografía en el hospital implicaría pagar un taxi hasta el ferry, salir a las 6:30 a.m. y viajar a Puntarenas para conseguir una cita. Después tendría que repetir el recorrido para realizarse el examen. 

Desde San Rafael de Paquera, cada trayecto en taxi hasta el ferry cuesta entre ₡10.000 y ₡12.000.

Una unidad móvil de mamografía le permitió acceder al examen más cerca de su casa. Allí detectaron su cáncer.

"Gracias a la móvil, mi cáncer se vio a tiempo", relató.

Su experiencia muestra las barreras que enfrentan las mujeres de zonas rurales para acceder a una mamografía. 

La distancia, el costo del transporte y la necesidad de ausentarse del trabajo o buscar quién cuide a sus familiares dificultan un examen que puede detectar lesiones antes de que se sientan al tacto.

A la dificultad económica se sumaba el miedo.

"Fue muy duro al principio porque como mi mamá había muerto de eso, entonces uno relaciona al cáncer con muerte", recordó.

Después llegó una noticia que cambió el motivo de sus lágrimas.

"Cuando el doctor me dijo: 'Ya no tienes cáncer', otra llorada, pero esa de felicidad", expresó.

Mauren Fonseca, encargada del componente de cáncer de mama y de la coordinación institucional de las clínicas de mama de la Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS), explicó que las dificultades de acceso pesan sobre las decisiones de muchas familias.

Pagar un traslado puede consumir dinero destinado a la alimentación u otras necesidades. También puede exigir un día completo fuera de casa, perder una jornada laboral o buscar quién cuide a los niños o a una persona adulta mayor.

Estas condiciones, señaló, hacen que algunas mujeres posterguen los exámenes preventivos y consulten solo cuando tienen una enfermedad.

Cuando el transporte marca la cita

Las barreras cambian según la comunidad. Fonseca mencionó a mujeres de Isla Chira, Isla Venado e Isla Caballo, quienes dependen de transporte marítimo y terrestre para movilizarse. Incluso el nivel del agua puede dificultar el recorrido en bote.

En otras zonas, el bus pasa una vez por la mañana y otra por la tarde. Si esos horarios no coinciden con la cita, el traslado se complica.

La funcionaria también relató experiencias de mujeres de comunidades indígenas de Talamanca que deben caminar durante dos o tres días para llegar a un centro poblacional y recibir atención.

Según explicó, las poblaciones costeras, fronterizas, montañosas y muy rurales enfrentan mayores dificultades para acceder a los servicios de salud. A las distancias se suman condiciones económicas y culturales.

Según datos de la CCSS hay 35 mamógrafos totales en la institución. De ellos, 18 están instalados fuera de la Gran Área Metropolitana.

La Caja realizó 210.023 mamografías en 2025. Sin embargo, para mujeres como Cinthia, llegar hasta el lugar donde se encuentra el equipo exige resolver primero cómo viajar y cómo pagar ese recorrido.

Nidia no sentía ninguna bolita

Nidia González creía que no tenía nada. Se hacía el autoexamen y no encontraba una bolita. Esa tranquilidad estuvo a punto de llevarla a descartar el examen.

"Yo ni quería ir porque ¿para qué? No tengo nada, no me toco pelotas ni nada", recordó.

Según relató, la lesión era plana y no se sentía al tacto. Su experiencia coincide con una de las razones por las que Fonseca destaca la mamografía: permite identificar lesiones antes de que se puedan ver, sentir o tocar.

La funcionaria explicó que existen mamografías de control para mujeres sin síntomas y mamografías diagnósticas. Estas últimas se indican cuando hay hallazgos o una sospecha que requiere estudio.

Según detalló, en Costa Rica el tamizaje se realiza entre los 40 y los 75 años. Para mujeres sin factores de riesgo adicionales, la frecuencia es cada dos años. Cuando existen factores de riesgo, el control puede ser anual o empezar antes, según una valoración individual.

Las mamografías diagnósticas responden a la condición de cada paciente, independientemente de su edad o de cuándo se realizó el último examen.

Acercar el examen y continuar la atención

Fotografía cortesía de Alsalus.

Fotografía cortesía de Alsalus.

Para reducir las dificultades de traslado, la CCSS coordina desde 2011 Alsalud, un programa de mamografías móviles con apoyo del sector privado.

Las unidades visitan comunidades que enfrentan barreras económicas, culturales y geográficas. Entre ellas están Paquera, Cóbano, Jicaral, Upala, Los Chiles, Guatuso, La Cruz y Talamanca.

Fonseca explicó que la iniciativa realiza visitas periódicas cada año. La Caja define las áreas de salud que reciben el servicio y coordina la identificación de las mujeres a quienes les corresponde el examen.

En 2025, el programa incorporó una segunda unidad móvil y realizó 12.300 mamografías en 14 comunidades. Para 2026 programó 12.500 estudios en 17 comunidades. Desde su inicio, acumula más de 70.000 mamografías.

Pueden acceder mujeres aseguradas y no aseguradas, nacionales y extranjeras, siempre que aporten información para identificarse y datos de contacto que permitan darles seguimiento.

El proceso continúa después del examen. Las imágenes quedan vinculadas al Expediente Digital Único en Salud (EDUS) y el programa gestiona los reportes.

Cuando aparecen resultados alterados, Fonseca coordina con las áreas de salud o con las clínicas de mama para orientar la atención. Los casos sospechosos de cáncer reciben seguimiento para conocer si la paciente accedió a la biopsia y qué ocurrió con el diagnóstico.

Las clínicas de mama también pueden coordinar citas con otros servicios. Así, algunas pacientes evitan trasladarse personalmente solo para conseguir un espacio. El seguimiento continúa incluso cuando ya reciben tratamiento contra el cáncer.

Consultar sin esperar a sentir una bolita

Fonseca explicó que, en términos generales, la ruta para acceder a una mamografía en la Caja empieza en el Ebáis correspondiente. Allí el personal médico revisa los antecedentes, identifica factores de riesgo y examina las mamas.

Si no encuentra señales que requieran atención prioritaria, emite la orden para que la mujer gestione la cita en el servicio de radiología que le corresponde.

Si identifica una condición de riesgo o una sospecha, la refiere a una clínica de mama para profundizar el estudio y coordinar los exámenes necesarios.

La funcionaria también pidió consultar ante cambios en las mamas. Entre ellos mencionó molestias persistentes, zonas más duras, secreciones por el pezón y cambios en el color de la piel, la forma o el tamaño.

No sentir una bolita no descarta una lesión, como le ocurrió a Nidia. Pero buscar atención también requiere que las mujeres puedan llegar a ella.

Para Cinthia, la unidad móvil redujo un recorrido costoso y permitió detectar su cáncer. Al recordar lo vivido, reconoce el miedo del principio y la fuerza que encontró después.

"En un principio yo dije 'no puedo' y lo logré", expresó. "Aquí vamos para allá en la lucha, pero ya vamos más adelante, ya pasamos lo más duro", concluyó.