Claves para detectar el abuso contra menores de edad y saber cómo actuar
La violencia contra los menores de edad puede manifestarse mediante abuso sexual, violaciones, manipulación, agresiones y muchas otras conductas. Algunas señales pueden pasar inadvertidas si los adultos no saben cómo detectarlas ni cómo actuar ante estos casos.
El OIJ recibió 205 denuncias por abuso sexual contra menores de edad durante 2025. En 2026 ya contabiliza 155 casos, solo en San José.
Ante este panorama, la Policía Judicial pide a los adultos prestar atención a los cambios físicos, emocionales o de comportamiento que podrían presentar los niños y adolescentes víctimas de violencia.
Señales físicas y cambios de comportamiento
En el ámbito físico, los adultos deben prestar atención a quemaduras, cortes o moretones que no tengan una explicación lógica. También pueden presentarse dolores frecuentes de cabeza o estómago sin una causa médica identificada.
Otras señales de alerta incluyen dolor o picazón en la zona genital, así como manchas inusuales en la ropa interior.
En cuanto al comportamiento, los menores de edad pueden retomar conductas propias de etapas anteriores de su desarrollo, como orinarse en la cama o chuparse el dedo. Además, podrían experimentar insomnio, miedo a permanecer solos, pérdida del apetito o una ingesta excesiva de alimentos.
Otra señal puede aparecer cuando los niños adquieren repentinamente conocimientos sexuales avanzados para su edad. Esto puede reflejarse en el uso de determinados términos, juegos o conductas hipersexualizadas que no corresponden a su etapa de desarrollo.
En el ámbito emocional, pueden presentar irritabilidad intensa, llanto desmedido sin una razón aparente, falta de interés por socializar o un aislamiento pronunciado. Por ejemplo, podrían negarse a salir de sus habitaciones.
La importancia de creer y denunciar
Roberto Pérez Vargas, investigador de la Sección Especializada en Violencia de Género, Trata de Personas y Tráfico Ilícito de Migrantes del OIJ, insistió en que resulta fundamental creerles a los menores de edad cuando revelan un posible abuso.
Los adultos no deben desacreditar de inmediato su relato. Lo recomendable es denunciar el caso ante las autoridades para que una investigación determine qué ocurrió.
El investigador explicó que muchos de los casos atendidos escalaron hasta situaciones más graves o provocaron daños mayores porque los adultos no creyeron inicialmente a los menores de edad cuando contaron lo que sucedía.
"Estar atentos a las señales y creer en sus relatos puede salvarles la vida o evitar una situación peor", alertó Pérez.
Recomendaciones para prevenir el abuso
El investigador destacó la importancia de hablar con los niños y adolescentes, así como mantener una relación cercana que les permita alertar sobre cualquier situación de peligro.
También recomendó no dejar sin supervisión a los menores de edad cuando utilizan redes sociales o videojuegos. Los adultos deben conocer qué páginas visitan, qué contenido consumen y con quiénes mantienen contacto. Por esa razón, el control parental debe ser una prioridad.
Estas medidas permiten detectar a posibles depredadores sexuales que intenten acosar o manipular a los menores de edad por medios digitales. Estas personas podrían ofrecerles "regalos" para exigirles posteriormente algún tipo de contenido o favor sexual.
Pérez pidió a los adultos prestar atención a las pertenencias cuya procedencia desconocen. Además, recomendó explicarles a los menores que nunca deben compartir datos sobre dónde viven, cómo se llaman, dónde estudian, si están solos ni otra información personal.
También deben recalcarles que nunca compartan fotografías íntimas, sensibles o privadas, sin importar quién se las solicite.
Perfil de los denunciados
Aunque las redes sociales y los videojuegos facilitan que personas desconocidas contacten a menores de edad, cualquier persona podría convertirse en un potencial agresor. Por lo tanto, no existe un perfil único.
Sin embargo, el agente del OIJ explicó que la mayoría de las denuncias señala como presuntos agresores a personas allegadas o integrantes del núcleo familiar.
Estas personas se aprovechan de la cercanía y la confianza para acceder con mayor facilidad a los menores de edad.
