Banda de Pecho de Rata descargaba droga de día y a pocos metros de la policía

Edwin Danney López Vega, Pecho de Rata, líder de un cártel de la droga que operaba en el Caribe Sur, tenía tal dominio de la zona que su banda descargaba lanchas cargadas con paquetes de droga a plena luz del día en una playa ubicada muy cerca de un puesto policial.

El Organismo de Investigación Judicial (OIJ) obtuvo acceso a videos de un teléfono celular decomisado, en los que se observa a grupos de sospechosos descargando alijos y paquetes de aparente droga.

En las imágenes también se aprecia que preparan las lanchas para zarpar. Entre los sujetos identificados figura Josué Eras, alias Kokue, integrante de la organización criminal.

En algunas fotografías aparecen dos embarcaciones. Una de ellas, denominada Micaela, estaba inscrita registralmente a nombre de Estefanía McDonald Rodríguez, esposa de Luis Manuel Picado Grijalba, Shock, líder del otro cártel de la droga que operaba en Limón. Para los investigadores, esto evidencia una operación conjunta entre ambas estructuras criminales.

Asimismo, fueron identificados hijos de López Vega y Kedward Vaz McLeod, integrante de la conocida familia Vaz, de Cahuita, considerados socios de Pecho de Rata. También aparecen Joseph Spencer Huertas, Sherman Spencer Huertas y Gabriel Botty Villa, quienes desempeñaban labores logísticas para la distribución de estupefacientes.

Las embarcaciones transportaban varios estañones de combustible, lo que, según el informe policial, es una práctica utilizada para internarse en el mar a recoger cargamentos de droga o brindar asistencia a lanchas que transportan estupefacientes.

De acuerdo con el video analizado, el punto desde donde zarpaban las embarcaciones corresponde al mismo sitio donde, mediante otras grabaciones obtenidas a partir de intervenciones telefónicas, se observa el arribo de lanchas con droga y el posterior traslado de los cargamentos a camiones.

Los investigadores también obtuvieron imágenes de trasiegos de paquetes de droga de una lancha a otra en mar abierto.

En grabaciones adicionales se observa a un sujeto lanzarse al mar para recuperar un saco con aparente droga que flotaba. Posteriormente, otro individuo recibe el bulto y lo sube a la embarcación, mientras un tercer sujeto registra toda la operación en video.

En el audio de una de las grabaciones se escucha a un hombre decir que ojalá sea una de "30", en aparente referencia a un saco con 30 paquetes de droga, ya que existen bultos con distintas cantidades.

El OIJ conoce que algunos habitantes de Limón salen al mar con el propósito de localizar paquetes de droga que quedaron flotando tras ser lanzados desde otras embarcaciones para evitar su incautación por parte de la policía. La investigación determinó que Edwin López Vega compraba posteriormente la droga recuperada de esa forma.

Cerca de la policía

La audacia de la organización para operar cerca de las autoridades quedó evidenciada en los mapas y análisis elaborados por el OIJ. Los informes de la Delegación Regional del OIJ en Limón identificaron un punto de descarga de lanchas con droga ubicado a tan solo 130 metros de un puesto de la Fuerza Pública.

Para realizar estas descargas a plena luz del día y evadir la presencia policial, la organización reclutaba personas en puestos estratégicos, entre ellas Anthony Slack Joseph, oficial de seguridad del Parque Nacional Cahuita, quien participaba físicamente en las labores de descarga y resguardo de los cargamentos de droga en las playas.

Esa posición le otorgaba acceso privilegiado a información sobre los movimientos rutinarios de patrullaje y la presencia policial en el sector. De esta forma, realizaba labores de inteligencia para alertar con anticipación a la organización sobre operativos y facilitar las descargas sin ser interceptados.

La organización criminal también aprovechaba su enorme capacidad económica para neutralizar el control marítimo en las zonas de desembarco, incluso mediante el reclutamiento de funcionarios policiales.

El OIJ detectó comunicaciones telefónicas —específicamente desde la línea utilizada por Joselito Esquivel Ortiz, alias Chelo, encargado de la logística de la organización— dirigidas a un número fijo registrado a nombre del Ministerio de Seguridad Pública e instalado en la sede del Servicio Nacional de Guardacostas de Moín, ubicada dentro del plantel de RECOPE en Limón.

Según el expediente del caso Riverside, debido a las grandes cantidades de droga que movilizaba, la organización tenía la capacidad de reclutar y pagar dinero a funcionarios del Servicio Nacional de Guardacostas.

El objetivo era que estos les brindaran apoyo o facilitaran el paso por las localidades de interés para el trasiego de la organización, entre ellas Penshurt, Cahuita, Puerto Viejo y Manzanillo, desde el cantón central de Limón hasta el Caribe Sur.

Michael Soto, director del OIJ, explicó el día de los operativos contra el cártel que el grupo aprovechaba lo sensible de la zona costera y la poca presencia policial.

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