Aumentan casos de violencia en centros educativos, advierte informe PISA

Fines ilustrativos
Los reportes de robos y vandalismo aumentaron en los centros educativos entre 2022 y 2025, según las pruebas del Programa para la Evaluación Internacional de los Estudiantes (PISA).
Los robos pasaron de 28,3% a 40,9%, mientras que el vandalismo subió de 27,7% a 40,1%.
Los datos corresponden a lo reportado por directores de centros donde estudian jóvenes de 15 años evaluados por PISA.
Ambos indicadores superaron el promedio de los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE). En 2025, fue de 12,4% en robos y de 25,1% en vandalismo.

PISA también registró un porcentaje mayor de agresiones físicas entre estudiantes. El indicador pasó de 27,5% en 2022 a 36,7% en 2025.
La intimidación o agresión verbal contra docentes y otros funcionarios pasó de 22,9% a 24,2% en ese mismo periodo.
En 2025, el promedio de la OCDE fue de 12% en agresiones físicas entre estudiantes y de 12,3% en agresiones verbales contra docentes y funcionarios.
¿Qué está pasando en los centros educativos?
Especialistas consultadas señalan que no hay una sola explicación para estos problemas.
Ingrid Naranjo, psicóloga experta en prevención de las violencias, explicó que parte de lo que ocurre fuera de los centros educativos termina reflejándose dentro de las aulas.
Mencionó factores como la desigualdad, la falta de recursos y la violencia en las comunidades, que pueden dificultar que la escuela se mantenga como un espacio seguro.
Mónica Barquero, vocera del Colegio de Profesionales en Orientación, señaló la presión de grupo, los problemas familiares y las dificultades para manejar la frustración.
Algunos jóvenes, explicó, pueden repetir ciertas conductas para sentirse aceptados y evitar quedar aislados.
A esto se suma la exposición constante a contenidos sobre violencia, drogas y criminalidad en redes sociales, así como situaciones económicas que pueden hacer a algunos estudiantes más vulnerables a personas que se aprovechan de sus necesidades.
La pandemia aparece como otro elemento. Naranjo aseguró que el aislamiento redujo el contacto cara a cara y limitó el desarrollo de habilidades para manejar emociones y frustraciones.
Ese contexto se refleja en la vida diaria de los centros educativos. Barquero mencionó daños a pupitres, paredes, baños y otros espacios, además de amenazas entre estudiantes.
Algunos jóvenes llegan incluso a pedir ayuda por temor a que las agresiones continúen fuera del colegio. En ciertos casos, ese miedo puede llevarlos a aislarse o decir a sus familias que ya no quieren seguir estudiando.
Barquero aseguró que las amenazas también han cambiado: ya no se habla únicamente de peleas, sino de esperar a otros estudiantes fuera del centro o incluso atacar sus casas.
La violencia puede comenzar con una palabra
El uso de malas palabras o lenguaje ofensivo fue el indicador que más creció entre 2022 y 2025.
El porcentaje pasó de 55,8% a 76,4%, mientras que el promedio de la OCDE fue de 52,1% en 2025.
Para Naranjo, parte del problema comienza con lo que los adolescentes escuchan a su alrededor. Muchos crecen entre insultos, humillaciones y formas agresivas de hablar entre adultos, lo que puede hacer que terminen viendo esas expresiones como algo normal.
En el colegio, las palabras también pueden utilizarse para intimidar, amenazar o provocar a otro estudiante.
"La violencia tiene un antes del golpe, y es la parte verbal", afirmó Barquero.
Para las expertas, detectar esas primeras señales permite intervenir antes de que el conflicto termine en una agresión física.
Cómo responden los centros ante estos casos
Ante un robo, el centro puede pedir apoyo de la Fuerza Pública, explicó Barquero.
En los casos de vandalismo, si se identifica al responsable, se puede aplicar el Reglamento de Evaluación de los Aprendizajes y exigir la reparación del daño.
Para Naranjo, la respuesta no debe quedarse solo en sanciones o medidas de seguridad. También hace falta atender el impacto emocional que estos hechos pueden dejar en estudiantes y funcionarios.
Señaló que ese apoyo puede ayudar a evitar que la violencia termine viéndose como algo normal dentro del centro educativo.