¿Por qué preocupa el aumento de escaladores en el Monte Everest?

 

Si tiene solo unos segundos, lea estas líneas:

  • El Everest enfrenta una creciente saturación de escaladores, con filas humanas en la "zona de la muerte" que aumentan el riesgo de agotamiento, falta de oxígeno y accidentes fatales.
  • El turismo masivo deja una fuerte huella ambiental: toneladas de basura, equipos abandonados y cuerpos congelados permanecen en la montaña, mientras el cambio climático agrava el deterioro.
  • Aunque las expediciones generan millones de dólares para Nepal, especialistas cuestionan si el Everest sigue siendo una aventura extrema o un destino de turismo masivo cada vez más peligroso para las personas y el ecosistema.

Las largas filas humanas en el Monte Everest volvieron a encender las alertas sobre dos problemas cada vez más graves en la montaña más alta del planeta: el aumento del riesgo para los escaladores y el fuerte impacto ambiental provocado por el turismo masivo.

La preocupación resurgió luego de que 274 personas alcanzaran la cima en un solo día desde la ruta de Nepal, un nuevo récord que superó las 223 cumbres registradas en mayo de 2019, cuando imágenes de embotellamientos humanos dieron la vuelta al mundo.

Especialistas advierten que el Everest enfrenta una presión creciente debido al aumento constante de expediciones comerciales, la saturación de rutas y el deterioro ambiental en uno de los ecosistemas más extremos y frágiles del planeta.

El peligro de las filas humanas en la "zona de la muerte"

Uno de los mayores riesgos ocurre por encima de los 8.000 metros de altura, en el tramo conocido como la "zona de la muerte".

En esa área el oxígeno es extremadamente escaso y el cuerpo humano comienza a deteriorarse rápidamente. Los escaladores pueden sufrir agotamiento extremo, pérdida de coordinación, confusión, alucinaciones y daños en órganos vitales como pulmones y cerebro.

El problema es que las rutas hacia la cima son muy estrechas y en muchos sectores solo puede avanzar una persona a la vez. Esto provoca largas filas de montañistas obligados a esperar durante minutos —o incluso horas— en condiciones extremas.

Cualquier retraso puede convertirse en una situación mortal.

Si un escalador presenta agotamiento, problemas físicos o necesita cambiar tanques de oxígeno, quienes vienen detrás quedan detenidos en temperaturas extremas, expuestos al frío, el viento y la falta de aire.

Expertos señalan que estos embotellamientos aumentan considerablemente el riesgo de muerte porque los montañistas permanecen demasiado tiempo en una altitud donde el cuerpo prácticamente empieza a "apagarse".

Además, las ventanas de buen clima son muy cortas y cientos de expediciones intentan alcanzar la cima al mismo tiempo para evitar tormentas o fuertes vientos.

Temperaturas extremas y riesgos constantes

Escalar el Everest implica enfrentar algunos de los entornos más peligrosos del planeta.

Entre los principales riesgos están:

  • Falta severa de oxígeno.
  • Temperaturas inferiores a -60 °C.
  • Avalanchas y derrumbes de hielo.
  • Mal de altura.
  • Congelación e hipotermia.
  • Caídas en zonas de gran pendiente.
  • Tormentas repentinas y vientos extremos.

Uno de los sectores más peligrosos es la cascada de hielo de Khumbu, una zona compuesta por enormes bloques de hielo en constante movimiento donde históricamente ocurrieron múltiples accidentes mortales.

La creciente crisis ambiental

El aumento de escaladores también eleva la presión ambiental sobre la montaña.

Cada temporada quedan abandonadas toneladas de residuos, incluidos tanques de oxígeno vacíos, plásticos, tiendas de campaña, equipo de montaña e incluso cuerpos humanos que permanecen congelados durante años.

Las bajas temperaturas dificultan la descomposición de los desechos, por lo que gran parte de la basura permanece atrapada en la montaña durante décadas.

Organizaciones ambientalistas advierten que algunas zonas del Everest ya presentan niveles alarmantes de contaminación debido al incremento constante de expediciones comerciales.

El cambio climático agravó todavía más el problema.

El derretimiento de glaciares comenzó a exponer basura y restos humanos que permanecieron cubiertos por hielo durante años, además de volver más inestables algunos tramos de la montaña.

Aunque Nepal impulsó campañas de limpieza para retirar toneladas de residuos, especialistas consideran que las medidas siguen siendo insuficientes frente al crecimiento del turismo de montaña.

Un negocio millonario que sigue creciendo

Pese a los riesgos, el Everest continúa atrayendo a cientos de personas cada año.

Solo el permiso para intentar alcanzar la cima ronda los ₡7,6 millones por persona, sin incluir gastos en equipo, transporte, oxígeno suplementario, seguros y contratación de sherpas.

Las expediciones generan millones de dólares y representan una importante fuente de ingresos para Nepal, lo que también alimenta el debate sobre limitar o no la cantidad de permisos de ascenso.

Por eso, expertos en conservación y montañistas experimentados cuestionan cada vez más si el Everest sigue siendo una aventura extrema o si terminó convertido en un destino de turismo masivo con consecuencias cada vez más peligrosas para las personas y el ambiente.

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