¿Por qué la seguridad sigue siendo el mayor desafío de Daniel Noboa en Ecuador?

Si tiene solo unos segundos, lea estas líneas:
- Daniel Noboa sigue enfrentando el mismo reto que definió su llegada al poder: contener la violencia y debilitar a las organizaciones criminales que operan en el país.
- El Gobierno defiende avances como capturas de cabecillas, decomisos de drogas y una reducción de algunos indicadores de seguridad, apoyados en el despliegue militar y el denominado Plan Fénix.
- Pese a esos resultados, la inseguridad sigue siendo una de las principales preocupaciones ciudadanas y persisten factores estructurales —como el narcotráfico, la pobreza y la crisis penitenciaria— que dificultan una solución duradera.
Daniel Noboa inicia un año más al frente de Ecuador con el mismo desafío que marcó su llegada al poder: la seguridad.
Tras ganar la reelección en mayo de 2025 y convertir la lucha contra el crimen organizado en el eje de su gestión, el mandatario enfrenta la tarea de demostrar que los avances reportados por su Gobierno pueden sostenerse en el tiempo y traducirse en una mejora perceptible para la población.
El reto no es menor. Aunque la administración destaca golpes contra organizaciones criminales, capturas de cabecillas y una reducción de algunos indicadores de violencia, amplios sectores de la ciudadanía continúan identificando la inseguridad y la delincuencia como los principales problemas del país.
Desde que declaró un conflicto armado interno a inicios de 2024, Noboa apostó por una estrategia de confrontación directa contra las estructuras criminales, con una mayor participación de las Fuerzas Armadas en tareas de seguridad y una serie de reformas orientadas a debilitar las finanzas del crimen organizado.
Ahora, con un nuevo periodo por delante, el presidente enfrenta el desafío de consolidar esos resultados en un país donde la violencia sigue presente en varias regiones y donde persisten factores estructurales que alimentan la expansión de las organizaciones delictivas.
La seguridad, eje de la estrategia de gobierno
La principal apuesta de Noboa continúa siendo el denominado Plan Fénix, una estrategia orientada a recuperar el control territorial y debilitar a las organizaciones criminales que operan dentro y fuera de las cárceles.
Entre las acciones impulsadas por el Gobierno destacan el despliegue conjunto de las Fuerzas Armadas y la Policía Nacional en zonas de alto riesgo, el fortalecimiento de los controles fronterizos, la intervención de centros penitenciarios y las operaciones dirigidas contra líderes de estructuras criminales.
La administración también promueve una Ley Antimafias inspirada en modelos europeos para atacar las finanzas de las organizaciones delictivas, decomisar bienes y combatir el lavado de dinero.
A esto se suma una mayor cooperación internacional, especialmente con Estados Unidos, en materia de inteligencia y combate al crimen transnacional.
Los resultados que defiende el Gobierno
El Ejecutivo sostiene que la estrategia permitió debilitar a grupos criminales que operaban con amplia capacidad de acción en distintas zonas del país.
Entre los resultados que destaca figuran la captura de líderes vinculados al narcotráfico, mayores decomisos de drogas y armas, así como una reducción de la tasa de homicidios respecto a los momentos más críticos de la crisis de seguridad.
Sin embargo, especialistas y sectores de oposición sostienen que los avances son desiguales. Provincias costeras y corredores estratégicos para el narcotráfico continúan registrando elevados niveles de violencia, extorsión y otros delitos vinculados al crimen organizado.
Un problema que sigue lejos de resolverse
La violencia en Ecuador responde a factores que anteceden la llegada de Noboa al poder.
La posición geográfica del país lo convirtió en una ruta estratégica para el tráfico internacional de drogas, lo que favoreció el crecimiento de organizaciones criminales que disputan territorios, puertos y corredores logísticos.
A esto se suman problemas estructurales como la pobreza, la falta de oportunidades para jóvenes en comunidades vulnerables y las debilidades históricas del sistema penitenciario, donde las bandas criminales consolidaron poder durante años.
Las organizaciones delictivas también ampliaron su alcance hacia actividades como la extorsión, el secuestro, el tráfico de armas y la minería ilegal.
