¿Elecciones en territorio ajeno? Le explicamos la jugada chavista en el Esequibo

Chavismo eligió gobernador y legisladores para la zona en disputa

28 de May. 2025 | 5:32 am

El pasado fin de semana, en medio de unas elecciones ampliamente cuestionadas, el chavismo dio un nuevo paso simbólico en su disputa territorial: eligió un gobernador y legisladores para el Esequibo, o como lo denomina Caracas, el "estado Guayana Esequiba". Se trata de una zona rica en recursos que Venezuela reclama desde hace más de un siglo, pero que está bajo control guyanés.

Los cargos elegidos no tienen autoridad real sobre el territorio. De hecho, fueron votados únicamente por comunidades del estado Bolívar, dentro del territorio venezolano, sin participación alguna de los habitantes del Esequibo. Aun así, la jugada encendió las alarmas en Guyana y tensó aún más un conflicto que mezcla nacionalismo, petróleo y geopolítica.

¿Una elección ilegal?

Desde el punto de vista del derecho internacional, la elección fue ilegal. La Corte Internacional de Justicia (CIJ), que lleva el caso, ya había ordenado a Venezuela abstenerse de realizar cualquier tipo de elección o acción administrativa en el Esequibo.

Pese a la orden, el chavismo siguió adelante. Para el Gobierno de Nicolás Maduro, se trató de un acto de soberanía. Para Guyana, fue "una farsa". Y para la comunidad internacional, un gesto provocador que desafía las normas y eleva la tensión regional.

¿Qué está pasando en el Esequibo?

Aunque Caracas lo reclama como propio, el Esequibo está bajo control total de Guyana desde hace más de un siglo. El gobierno guyanés administra servicios, rutas, escuelas y hospitales. La región opera bajo soberanía guyanesa, sin presencia institucional venezolana.

En 2023, el Gobierno de Maduro organizó un referendo simbólico en el que la ciudadanía aprobó "la anexión del Esequibo". A partir de ese resultado, Caracas lo declaró un nuevo estado, nombró un gobernador y fijó una capital provisional en Tumeremo, una ciudad venezolana cercana a la zona.

Sin embargo, en la práctica, nada cambió. La administración y el control efectivo siguen en manos de Guyana, respaldada por la comunidad internacional. Las iniciativas del chavismo, hasta ahora, son solo simbólicas.

Un conflicto con raíces coloniales

El origen de esta disputa se remonta al siglo XIX. En 1899, un tribunal arbitral internacional trazó las fronteras actuales a favor de la entonces Guayana Británica. Venezuela nunca aceptó del todo ese laudo: en 1962 lo declaró nulo y, en 1966, firmó con el Reino Unido el Acuerdo de Ginebra, poco antes de la independencia de Guyana.

Ese tratado abrió la puerta a una solución pacífica —por vía diplomática o judicial—, pero el conflicto quedó congelado durante décadas.

En tiempos recientes, sin embargo, todo cambió. Caracas revivió su reclamo y Guyana decidió llevar el caso ante la Corte Internacional de Justicia. Desde entonces, la tensión ha ido en aumento.

¿Por qué se reactivó el conflicto?

La disputa resurgió con fuerza por una razón clave: petróleo.

En 2015, Guyana descubrió vastos yacimientos de crudo en aguas del Esequibo. Desde entonces, firmó acuerdos con compañías extranjeras —como ExxonMobil— que comenzaron a explotarlos. Venezuela lo percibió como una amenaza directa a su reclamo.

A partir de entonces, Caracas intensificó sus acciones. En 2018, Guyana presentó una demanda formal ante la CIJ. En 2023, Maduro celebró el referendo que "anexó" el Esequibo. En 2024, el Parlamento venezolano aprobó leyes que autorizan incluso la exploración petrolera en la zona.

La tensión escaló aún más en 2025. Primero, con una patrulla naval venezolana que se acercó a plataformas de ExxonMobil. Luego, con las elecciones simbólicas del 25 de mayo, realizadas pese a la advertencia de la CIJ.

¿Qué gana Maduro con este conflicto?

Para el Gobierno venezolano, el Esequibo tiene valor en tres frentes: simbólico, político y económico.

En el plano simbólico, se presenta como una "reivindicación histórica" y un acto de soberanía. El chavismo lo asocia con la herencia de los libertadores y con un mandato constitucional. Es una narrativa poderosa que apela al nacionalismo, en medio de la perenne crisis económica y el descontento social.

En el terreno político, el conflicto sirve para movilizar a las bases y desviar la atención de los problemas internos. La causa del Esequibo se ha convertido en un recurso retórico útil para Maduro, especialmente en momentos clave como procesos electorales.

Pero también hay intereses muy concretos: petróleo, gas, minerales, agua. La zona en disputa podría representar una oportunidad para revitalizar la industria energética venezolana en ruinas.

El ajedrez geopolítico detrás del Esequibo

La disputa ha trascendido las fronteras bilaterales. Potencias regionales como Brasil, y bloques como Caricom, han intentado mediar. En diciembre de 2023, incluso se organizó una cumbre de emergencia en San Vicente para frenar la escalada.

Estados Unidos y la Unión Europea respaldan la posición de Guyana, que ha fortalecido sus vínculos con Occidente a medida que se consolida como potencia petrolera emergente. Venezuela, por su parte, cuenta con el apoyo diplomático —aunque más tibio— de aliados como Rusia y China.

A nivel militar, la tensión también se ha hecho sentir. Ambos países han elevado el nivel de alerta de sus fuerzas navales, y los analistas advierten de un "riesgo pequeño pero real" de enfrentamiento armado.

¿Qué hay debajo de la selva?

El Esequibo abarca unos 160.000 km² de selva, ríos y costas. Pero lo que está en juego no es solo el territorio, sino lo que hay debajo de él.

Desde 2015, se estima que Guyana ha descubierto más de 11.000 millones de barriles de petróleo en sus aguas. También hay gas natural, oro, diamantes y recursos hídricos. Gracias a estos hallazgos, el país ha pasado de ser una economía agrícola a convertirse en uno de los polos energéticos más prometedores del mundo.