Elecciones en Brasil: ¿Por qué el poder de las tecnológicas está bajo debate?

El presidente Luiz Inácio Lula da Silva y su rival Flávio Bolsonaro empatan con un 50% de intención de voto, según una encuesta divulgada a días de la segunda vuelta presidencial en Brasil.
Si tiene solo unos segundos, lea estas líneas:
- Brasil define en segunda vuelta dos proyectos políticos distintos. Lula da Silva defiende un Estado activo y políticas de protección ambiental, mientras Flávio Bolsonaro propone una mayor liberalización económica y una estrategia de mano dura contra el crimen.
- Meta enfrenta acusaciones de sesgo y censura durante la campaña electoral. El equipo de Lula denunció presuntas restricciones a sus publicaciones y un trato favorable a Bolsonaro. La controversia también incluye el uso de inteligencia artificial y la difusión de contenido político.
- La disputa electoral reaviva el debate sobre la regulación de las grandes tecnológicas. Las autoridades brasileñas exigen explicaciones sobre los algoritmos, la publicidad y la moderación de contenidos, mientras el próximo Gobierno deberá definir cómo equilibrar la supervisión de las plataformas con la libertad de expresión.
La segunda vuelta de las elecciones presidenciales de Brasil no solo enfrenta dos proyectos políticos distintos. También pone sobre la mesa una discusión sobre el poder de las grandes empresas tecnológicas, la circulación de contenido político en redes sociales y la responsabilidad de las plataformas frente a la desinformación.
El debate gira en torno a los límites que pueden imponer las autoridades brasileñas a compañías como Meta, propietaria de Facebook, Instagram y WhatsApp, y al papel de las redes sociales durante una campaña electoral. A esto se suman las preocupaciones por el uso de inteligencia artificial para crear o difundir contenido político engañoso.
En la primera vuelta de las elecciones presidenciales, celebrada el 4 de octubre, el candidato de derecha Flávio Bolsonaro obtuvo el 47,03% de los votos válidos, mientras que el actual presidente, Luiz Inácio Lula da Silva, alcanzó el 45,16%. Al no superar ninguno el 50% de los votos válidos, la elección se definirá en una segunda vuelta prevista para este domingo 25 de octubre de 2026.
¿Qué está en juego para el futuro político de Brasil?
El resultado electoral tendrá consecuencias sobre la orientación económica, las políticas sociales y las prioridades ambientales del país.
En materia económica, Lula defiende un Estado activo en la inversión pública, el desarrollo industrial, la transición energética y el fortalecimiento de los servicios públicos, entre ellos el sistema de salud. Flávio Bolsonaro, por su parte, plantea una orientación más favorable a la liberalización económica y a la reducción de la intervención estatal.
La seguridad pública es otro punto de contraste. Las propuestas de Lula se orientan a una mayor coordinación entre el Gobierno federal y los estados, mientras que Bolsonaro plantea una política de mano dura contra el crimen organizado.
En el ámbito ambiental, la protección de la Amazonía y el combate a la deforestación contrastan con una visión que concede mayor peso al aprovechamiento comercial de los recursos naturales.
Las diferencias también alcanzan la gobernabilidad y la política exterior. Lula tendría que negociar con un Congreso en el que la oposición conservadora mantiene una presencia importante, mientras que Bolsonaro buscaría respaldo legislativo para impulsar sus reformas. En el plano internacional, Lula apuesta por mantener vínculos con socios como China y Rusia, mientras que Bolsonaro propone estrechar la relación con Estados Unidos y sectores de la derecha internacional.
Acusaciones de sesgo y censura contra Meta
En las semanas previas a la segunda vuelta presidencial, las grandes compañías tecnológicas quedaron en el centro de una intensa disputa política y judicial, tras ser señaladas por presunta censura, sesgo algorítmico e interferencia en el proceso electoral.
El equipo de Lula da Silva presentó denuncias ante el Tribunal Superior Electoral y organismos internacionales, como la Organización de los Estados Americanos (OEA), al señalar que Meta favorecía a Flávio Bolsonaro. La controversia aumentó cuando la empresa suspendió temporalmente la cuenta publicitaria oficial de Lula. A esto se sumaron reportes de distintas organizaciones sobre restricciones en el alcance de las publicaciones y comportamientos inusuales en las métricas de Instagram y Facebook que habrían afectado a más de 1.000 perfiles vinculados con la izquierda.
Los cuestionamientos también alcanzaron a las herramientas de inteligencia artificial. El medio Folha de S.Paulo publicó información sobre comunicaciones internas de trabajadores de Meta que, según el reporte, reconocían fallos y una tendencia del algoritmo que disminuía de manera desproporcionada la visibilidad de las publicaciones de Lula. Además, surgieron denuncias de que algunas herramientas de IA rechazaban generar imágenes de propaganda del candidato por supuestas limitaciones políticas, mientras que sí permitían crear imágenes de Bolsonaro.
¿Por qué Brasil mantiene un conflicto con las grandes tecnológicas?
Una de las principales discusiones gira en torno a la responsabilidad de las plataformas digitales por el contenido que circula en sus servicios y hasta dónde pueden intervenir las autoridades para combatir las publicaciones ilícitas.
Brasil mantiene disputas con compañías tecnológicas por la moderación de contenidos, el cumplimiento de órdenes judiciales y la difusión de mensajes considerados antidemocráticos o perjudiciales para el debate público.
Las autoridades buscan que las empresas cumplan las normas nacionales y respondan ante eventuales infracciones.
El debate también incluye la transparencia sobre el funcionamiento de los algoritmos y el tratamiento de los datos personales. La inteligencia artificial añade otro desafío, pues facilita la creación de imágenes, audios y videos manipulados que pueden engañar a los electores o atribuir declaraciones falsas a figuras públicas.
¿Qué papel desempeña Meta en la disputa?
Meta ocupa un lugar central por el alcance de Facebook, Instagram y WhatsApp, plataformas utilizadas para compartir información, difundir propaganda y organizar conversaciones políticas.
Durante una campaña electoral, las decisiones de estas compañías sobre qué contenido permiten, restringen o retiran pueden influir en la circulación de mensajes y en la visibilidad de determinadas publicaciones. Por eso, la transparencia de sus criterios de moderación y el cumplimiento de las disposiciones electorales se han convertido en puntos de fricción con las instituciones brasileñas.
En octubre de 2026, el Tribunal Superior Electoral solicitó a Meta y a X explicaciones técnicas sobre el uso de inteligencia artificial, la distribución de contenidos políticos, la publicidad electoral y la eliminación de publicaciones. La resolución estableció un plazo de 24 horas para responder y contempló una multa diaria de $99.100 para cada empresa en caso de incumplimiento injustificado.
¿Cómo podría influir el resultado electoral en la relación?
El próximo Gobierno tendrá que abordar el equilibrio entre la regulación de las plataformas digitales, la protección de los usuarios y las garantías de libertad de expresión.
Una eventual continuidad de Lula podría mantener el énfasis en la responsabilidad de las empresas y en una mayor supervisión del entorno digital. Un Gobierno de Flávio Bolsonaro podría impulsar otro enfoque, dependiendo de las propuestas que presente y de las medidas que consiga aprobar.
Sin embargo, cualquier cambio regulatorio también estaría condicionado por el Congreso, el Poder Judicial y las normas vigentes. Por eso, el resultado electoral no determinará por sí solo la relación entre Brasil y las grandes empresas tecnológicas, pero sí podría influir en las prioridades del Gobierno frente a los desafíos del entorno digital.