Los primeros pasos de su bebé lo motivaron para dejar atrás 38 kilos
Cuando Samuel empezó a caminar, su padre Andrés Hernández se dio cuenta que no podía seguirle los pasos… ¡Le faltaba el aire y sentía que su corazón se aceleraba más de la cuenta!
Su gordura nunca había sido un obstáculo para nada, hasta ese momento. Sin pensarlo, tomó los zapatos deportivos y se fue para un gimnasio muy cerca de su casa, en San Ramón.
Eso ocurrió en febrero de este año, cuando pesaba 129 kilos. Aunque al principio fue difícil, Andrés recordaba la razón que lo llevó hasta el gimnasio y así tomaba fuerzas de donde no las tenía para seguir. Así, con motivación, disciplina y mucho esfuerzo, ha perdido 38 kilos, casi 84 libras.
La relación entre las gaseosas azucaradas y él acabó. En su lugar, optó por comer frutas y verduras y hacerse amigo del ejercicio. Trabaja en San José y viaja en bus desde San Ramón todos los días. Al regreso, se baja en el gimnasio y llega a su casa a las 9:30 p.m. ¿Difícil? ¡Sí, pero no imposible!
"Llego a mi casa prácticamente a dormir porque al otro día hay que tomar bus de 4:40 de la mañana porque entro a las 7:00 al trabajo. Es un sacrificio y el tiempo sí hay que sacarlo. Con mi esposa y mi bebé llegué como a un acuerdo porque es algo que estoy trabajando para mi salud", explicó.
A este hombre de 34 años no le gustaba correr, hasta que su entrenador le dijo que era un buen aliado para bajar ese peso extra que tenía.
"Empecé a hacer atletismo y la verdad me enamoró por completo. Ahora estoy en el equipo de atletismo del gimnasio; ya he hecho varias carreras… Un proyecto que creo que voy a hacer en noviembre es mi primera media maratón". Ahora Andrés pesa 91 kilos y está a tan solo 16 libras de llegar a su meta.
Una de las anécdotas que más recuerda Andrés fue la de una camiseta del Boca Juniors. Hace algún tiempo la compró por Internet en talla XL, con el nombre de su jugador favorito, pero no le quedó, así que decidió vendérsela a un amigo.
"Le vendí la camisa porque a él sí le quedaba. Pues resulta que él la usaba muy poco, no tanto como yo esperaba usarla. Un día, después de 6 meses de haber iniciado el proceso, me devolvió la camisa, me la regaló y me dijo: ‘¡aquí está el premio a su esfuerzo!' y ahora la camisa me queda super bien", dijo.
Andrés y su hijo ahora corren por todos lados, él está feliz porque alcanzó su objetivo y va a poder dar a su pequeño las mejores alegrías jugando juntos.









