
Restaurante clandestino, escondido dentro de las montañas de Salitral, Santa Ana.
Introducción
Rancho Mayito no nació como restaurante. Nació como necesidad, oficio y calle.
Antes de prender fogones, Mayito manejó tráiler por Centroamérica durante casi 20 años, pero mucho antes de eso, fue vendedor, encargado de inventarios y uno de esos personajes que se saben los números de memoria. Cuando decidió dejar la carretera, empezó vendiendo chicharrones en la orilla de la calle, sin mucha idea de cocina formal, pero con intuición, sazón y hambre de trabajar.
La gente llegó sola. Tanto, que tuvo que moverse del borde de la calle al patio de su propia casa, en Salitral de Santa Ana, donde armó un ranchito sencillo que con el tiempo se convirtió en lo que hoy es Rancho Mayito. La televisión llegó después, pero el reconocimiento ya estaba ahí: mesas llenas, platos grandes y clientes que volvían.
Todo se cocina a la leña, como se hacía antes, y el menú corto, directo, funcional, está inspirado en las boquitas de cantina de toda la vida, solo que servidas en plato grande y sin tacañería. Rancho Mayito es eso: cocina popular bien hecha, con historia real detrás.
Ambiente
El ambiente de Rancho Mayito es parte esencial de la experiencia. Los pisos son de tierra, tal como era antes, y desde que uno entra queda claro que este no es un lugar que intente verse "bonito", sino real. Cada paso, cada mesa y cada rincón cuentan una historia.
La decoración es un reflejo directo de la vida de Mayito. El espacio está lleno de antigüedades y objetos acumulados a lo largo de los años, piezas que no fueron compradas para decorar, sino que llegaron ahí porque tienen significado. Hay recuerdos del fútbol, placas de camiones, letreros de los países que recorrió manejando tráiler por Centroamérica, y teléfonos análogos viejos repartidos por todo el lugar.
Nada está puesto por moda. Todo está ahí porque pasó por sus manos en algún momento. Eso le da al rancho una identidad única, casi de museo vivo, donde comer se mezcla con observar, recordar y conversar. Es un espacio rústico, honesto y sin filtros, que se siente más como una extensión de su dueño que como un restaurante en el sentido tradicional.
En Rancho Mayito, el ambiente no acompaña la comida. La explica.
Qué pedir:
Boca de olla de carne: Uno de los platos más pedidos del lugar, tanto para comer ahí como para llevar a la casa. Reconfortante, bien servida y hecha como manda la tradición, con ese sabor profundo que solo se logra cocinando con tiempo y leña.

Chifrijo: Un chifrijo clásico, sin inventos, pero elevado por los aromas que aporta la cocina de leña. Arroz, frijoles, chicharrón y acompañamientos bien integrados, donde el humo sutil hace toda la diferencia.

Costilla francesa: Un pedazo entero de costilla, con hueso, generoso y contundente. Es un plato para compartir fácilmente entre tres personas, pensado para comer sin prisa y con hambre real.


