
Pizzería y focaccias al estilo Nueva York, llenas de sabor y texturas crujientes.
Introducción
Facci nació de una decisión tomada una noche comiendo pizza en Lisboa.
Juanchi Damiani, ingeniero industrial y exgerente de Uber, trabajaba en el mundo corporativo entre análisis y pantallas cuando empezó a preguntarse si quería algo más humano, más tangible, más conectado al día a día. La respuesta apareció durante una cena con su novia en una pizzería llamada Lupita. No fue solo la pizza lo que lo marcó, fue la vibra. Casual, cercana, auténtica. Esa noche decidió que quería construir algo propio.
La masa ya era una obsesión personal. Su hermano, pizzero, le había enseñado que una gran pizza empieza abajo, no arriba. La clave no es solo el tomate o el queso, es la base. En Facci usan masa madre con una historia de casi 10 años, fermentada en frío entre 48 y 72 horas, con una hidratación levemente por debajo del 65%. Procesos largos, paciencia y técnica para lograr una pizza ligera, digerible y lejos de la versión rápida y pesada que muchos asocian con el término "pizza".
La idea inicial era napolitana, pero mientras investigaban y probaban, conectaron más con lo que están haciendo algunas pizzerías en Nueva York, como L'Industrie, que han reinterpretado el estilo sin traicionar su esencia. Facci terminó encontrando su identidad ahí: artesanal, con hornos eléctricos como los que se usan en Nueva York, pero adaptada a la harina disponible en Costa Rica y a su propia forma de tratar la masa.
El proyecto es completamente familiar. Hermanas, papá, todos involucrados. No es solo un negocio, es una decisión de vida. Y desde el inicio también hubo claridad en algo importante: querían mantener la pizza como algo accesible, compartible, familiar. Alejarse de la idea de que una buena pizza tiene que costar ₡20 mil por persona.
Ambiente
Facci mantiene esa energía casual que inspiró su origen. Es un espacio relajado, donde la pizza no se viste de lujo, pero tampoco se descuida. Aquí se viene a compartir, a pedir varias, a probar.
Hay técnica detrás de cada masa, pero no se siente rígido. El proceso es serio, el resultado es ligero y el ambiente es acogedor. Se percibe el cariño en el detalle y también la intención clara de construir algo sostenible, incluso en la operación: trabajan con un sistema pensado para reducir al máximo la merma y aprovechar cada ingrediente con propósito.
Qué pedir:
Focaccia Bolonia
Mortadella de pistacho o jamón cocido italiano, stracciatella de búfala y pesto de pistacho sobre focaccia de masa madre con mayor hidratación.

Pizza Margherita
Tomate, mozzarella rallada y fresca, albahaca y queso italiano Grana Padano. Sencilla en apariencia, pero exigente en ejecución. Aquí la fermentación larga y la base bien trabajada permiten que el tomate brille y que la mozzarella no pese.

La Facci (la de la casa)
Tomate, mozzarella rallada y fresca, nduja, stracciatella de búfala, queso Grana Padano y un toque de miel. Es intensidad bien balanceada: picante, cremoso, salino y ligeramente dulce.


