Marce la Recicladora: “Con esta gorra y estas trenzas tengo un superpoder”
Tiene cientos de miles de seguidores, ha llevado el reciclaje a TikTok, Instagram y hasta al New York Times, pero insiste en que todo comienza con algo muy simple: no mezclar la basura. Antes de llegar a Costa Rica, Marce la Recicladora habló con CRHoy sobre sostenibilidad, recicladores y esos errores que casi todos cometemos en casa

Hablar de reciclaje a veces puede sonar a tarea, obligación o incluso regaño. Sin embargo, desde hace más de siete años una colombiana ha logrado convertir ese mensaje en algo cercano, entretenido y capaz de reunir a cientos de miles de personas alrededor de una causa ambiental. Lo hizo creando a Marce la Recicladora, un personaje que nació en redes sociales y que hoy es considerado uno de los proyectos de educación ambiental más influyentes de América Latina.
Detrás de la gorra azul y las trenzas está Sara Samaniego, comunicadora social, emprendedora y activista ambiental. Pero cuando Marce toma la palabra, el reciclaje deja de ser un concepto técnico para convertirse en una conversación cotidiana sobre los pequeños hábitos que pueden marcar una diferencia. Su trabajo le ha permitido recorrer distintos países, colaborar con organizaciones internacionales y, sobre todo, visibilizar la labor de miles de recicladores que suelen permanecer en el anonimato.
En los próximos días visitará Costa Rica invitada por la plataforma eCoins para compartir su experiencia y conversar sobre sostenibilidad, economía circular y educación ambiental. Antes de eso, conversamos con Marce sobre los errores más frecuentes que cometemos en casa, el poder de las redes sociales para cambiar comportamientos y las historias que ha encontrado detrás de quienes viven del reciclaje.
¿Qué te permite decir o hacer Marce que quizá Sara no puede comunicar con la misma fuerza?
Yo creo que muchas veces nos limitamos porque nos da pena decir ciertas cosas, hablar en público o expresar lo que pensamos. Cuando tengo la gorra y las trenzas, siento que tengo ese superpoder de que no me importa lo que piense la gente de mí. Digo lo que creo y trato de llegar a las personas con un mensaje importante que muchas veces se ha visto como algo aburrido, lejano o poco interesante.
Con esta gorra y estas trenzas tengo el superpoder de acercar a la gente al reciclaje de una manera fácil, divertida y diferente, para que entiendan que no es difícil. Solo requiere un poquito de atención; el resto viene con pequeñas acciones que realmente generan un cambio.
¿Cuáles son los errores más comunes que sigue cometiendo la gente en sus hogares cuando intenta reciclar?
El principal error es mezclar todos los residuos. Muchas personas creen que no pasa nada si separan porque al final el camión va a revolver todo, entonces sienten que están perdiendo el tiempo.
También hay otros errores muy comunes. Por ejemplo, botar el aceite de cocina usado por el sifón. Mucha gente no sabe que un litro de aceite puede contaminar hasta mil litros de agua. Otro error es pensar que los residuos orgánicos son basura, cuando en realidad pueden convertirse en abono, tierra y vida.

Uno de los mayores obstáculos parece ser la pereza. ¿Cómo luchamos contra eso?
Sí, totalmente. El principal enemigo del reciclaje es la pereza. Nos toca luchar contra ella e investigar un poco más sobre las iniciativas que existen para ayudarnos a separar mejor los residuos.
La clave es entender que no estamos hablando de algo imposible. Son pequeños cambios que, cuando se convierten en hábito, terminan haciendo una gran diferencia.
Cuando a Marce le preguntan por Sara, ¿cómo la describe?
Como alguien muy creativa, porque se le ocurrió darme vida. Es una persona soñadora, que no se rinde fácilmente y que cree que todo es posible.
Tenés cientos de miles de seguidores hablando de un tema que muchos considerarían muy específico. ¿Cómo ha sido construir una comunidad tan grande alrededor del reciclaje?
Hay una estrategia muy importante detrás. Siempre hemos tratado de acercar a la gente a estos temas sin hacer contenido aburrido.
Yo tomo canciones famosas y les cambio la letra para hablar de reciclaje y medio ambiente. Tratamos de seguir tendencias y de comunicar de una forma entretenida.
Es un reto enorme porque en redes sociales hay millones de creadores haciendo contenido para divertir a la gente. No siempre es tan atractivo ver videos que te inviten a cambiar hábitos o a reflexionar sobre el planeta. Precisamente por eso nuestro desafío es mantener la atención de las personas y llevar el mensaje de una manera diferente, más cercana y más bacana, como decimos en Colombia.
Intento hablar con un lenguaje sencillo. No quiero que la gente sienta que necesita ser experta en temas ambientales para entender lo que está pasando.
¿Has visto un cambio en la forma en que las personas y las organizaciones hablan de sostenibilidad?
Sí, totalmente.
Cuando subí mi primer video hace más de siete años jamás imaginé que me verían personas fuera de Bogotá, luego fuera de Colombia y después en otros países.
El mensaje ha llegado muy lejos y eso lo comprobamos cuando visitamos escuelas, colegios y comunidades. Muchas personas me dicen que gracias a los videos aprendieron a separar residuos o entendieron mejor qué materiales pueden reciclarse.
Ahora estoy muy feliz porque voy a visitar Costa Rica por primera vez. Para mí, todas esas invitaciones son una señal de que el mensaje realmente está generando impacto.

Si una familia quiere empezar hoy mismo a reciclar mejor, ¿cuáles serían los primeros pasos?
Lo primero es pensar que no es complicado. Cuando uno cree que algo es complicado, termina siendo complicado.
Segundo, identificar qué es reciclable y qué no. Generalmente hablamos de papel, cartón, plástico, vidrio y aluminio. Lo ideal es entregarlos limpios, sin restos de comida y sin mezclarlos con otros materiales.
Yo recomiendo comenzar con algo muy simple: tener dos contenedores. Uno para residuos aprovechables y otro para residuos no aprovechables.
Después, cuando ya se domina ese hábito, se puede dar un paso más e intentar hacer compostaje con residuos orgánicos como cáscaras de frutas y verduras. Con el tiempo esos residuos se convierten en abono para las plantas.
También hay cambios sencillos que tienen un gran impacto. Por ejemplo, usar una copa menstrual en lugar de toallas higiénicas desechables. Una toalla higiénica puede tardar hasta 500 años en degradarse, mientras que una copa puede utilizarse durante muchos años.
Y, por supuesto, debemos prestar atención al aceite usado de cocina, almacenarlo correctamente y llevarlo a puntos de recolección especializados cuando existan.
¿Qué pasa con residuos especiales como pilas o baterías?
Las pilas contienen metales pesados que pueden ser muy contaminantes. Cuando se mezclan con otros residuos generan sustancias que afectan el agua y el suelo.
Por eso es tan importante depositarlas en contenedores específicos para este tipo de materiales y no mezclarlas con la basura común.

Has dedicado mucho esfuerzo a visibilizar a los recicladores. ¿Qué has aprendido de ellos?
Colombia es uno de los países con más recicladores de América Latina. Gracias a ellos tenemos una mejor tasa de reciclaje que muchos países vecinos.
Lamentablemente, muchas personas llegan a esta labor por situaciones de pobreza y desigualdad. Sin embargo, es un trabajo fundamental para toda la sociedad.
Durante mucho tiempo se ha visto el reciclaje como algo sucio o poco importante, pero la realidad es que todos les debemos muchísimo. Gracias a su trabajo se evita que miles de toneladas de residuos terminen en rellenos sanitarios.
Si no fuera por ellos, generaríamos muchos más gases de efecto invernadero y el impacto ambiental sería mucho mayor.
Por eso trato de agradecerles y darles visibilidad. A través de nuestra Fundación Reciclamores ONG desarrollamos proyectos para reconocer su labor. Uno de los más especiales consiste en llevar recicladores a conocer el mar.
Muchos viven en Bogotá, lejos de la costa, y jamás podrían costear ese viaje. Ya hemos llevado seis grupos y ha sido una experiencia inolvidable. Verlos cumplir ese sueño es una forma de agradecerles todo lo que hacen por el planeta.
