¿Encierro nos jugó en contra? Confinamiento prolongado y poca información genera desgaste en los ticos
Comportamiento social ha variado en las últimas semanas

Personas aglomeradas en parada de autobús. Imagen ilustrativa/CRH.
(CRHoy.com). – Costa Rica suma seis meses desde que se reportó el primer caso positivo de COVID-19. A pesar de los elevados números de contagio diarios y la alta ocupación de camas en Unidades de Cuidados Intensivos (UCI), en las últimas semanas cierto sector de la población ha mostrado un comportamiento "más relajado" frente el virus.
Ejemplo de esto fue lo vivido el fin de semana anterior en las playas del Caribe, donde gran cantidad de personas realizaron fiestas y reuniones en varios puntos de Limón, lo que obligó al gobierno local a ordenar el cierre de las playas tras considerarlas "focos inmensos de contagio".
Incluso, según datos generados por la Sala de Análisis de Situación, el 55% de los casos de COVID-19 con nexo identificado están relacionados con actividades sociales y familiares.
¿A mayor contagio mayor desobediencia?
De acuerdo con Abelardo Morales, sociólogo de la Universidad Nacional (UNA), el país atraviesa una paradoja, de que al reportarse más contagios se visibiliza una mayor desobediencia por parte de la población a las recomendaciones sanitarias, como parte una serie de factores sociales que intervienen en este contexto.
Para el sociólogo existe un grupo de "analfabetas cívicos" quienes prefieren negar la existencia de la enfermedad por oposición al sistema social y político o porque se apegan a discursos de moda. Además, se debe agregar a aquellos sectores sociales a los que no les está llegando la información sanitaria.
Por lo tanto, el cambio en el comportamiento social podría deberse a que este negativismo se ha agudizado en las últimas semanas en una determinada cantidad de costarricenses y las medidas y estrategias del Gobierno no han sido suficientes para poder contenerlo.
"Se requiere de otra estrategia sanitaria que no solo sea el llamado de que cada quien es responsable de cuidarse. Hay distintos factores que están en juego en este momento, no es un asunto solo de responsabilidad individual, hay un responsabilidad social, institucional y cultural", indicó Morales.
Asimismo, señala que uno de los principales problemas es que la estrategia de comunicación del Gobierno se ha sustentado en la transmisión de información científica a través de "datos duros y concretos", que no necesariamente están llegando a este grupo poblacional.
"Yo creo que no es un grupo mayoritario, si bien es cierto vimos lo de Limón la semana pasada y podemos ver en otros lugares conductas similares, yo creo que no es toda la población limonense la que estuvo ahí, desgraciadamente es un grupo pequeño pero lo suficientemente grande como para provocar un caos", explicó el especialista de la UNA.
Por su parte para Ana María Jurado, psicóloga cognitiva y docente de la Escuela de Psicología de la Universidad de Costa Rica (UCR), asegura que decir que toda la población muestra un comportamiento indiferente al virus sería erróneo, pues persiste el sentimiento de temor e incertidumbre.
"Esto depende muchísimo del grupo etario. Creo que las personas más jóvenes son las que ya empezaron a perder temor, porque no se sienten población de riesgo… El problema es que este era un virus y no era tan sencillo y además el perderle la trazabilidad ha sido un problema grave. Lo que hay es mucho desgaste", afirmó.
Falta aprendizaje
Desde hace algunos meses, la Organización Mundial de la Salud (OMS) advirtió que existiría un antes y un después del COVID-19 y que las personas debían aprender a convivir con el virus como parte de esta nueva normalidad.
Mientras tanto, el Gobierno enfatizó su llamado a permanecer en casa, instauró la restricción vehicular sanitaria, cerró indefinidamente comercios, playas, parques y más recientemente declaró la obligatoriedad del uso de la mascarilla. No obstante nunca ha habido una campaña informativa que en concreto instruya a la población sobre cuál es la forma correcta de convivir con el COVID-19.
Tras la reapertura gradual de comercios, servicios y la flexibilización de algunas medidas, algunas personas han tenido que adaptarse a los cambios, dejar un poco el temor de lado y animarse a continuar con su vida cotidiana, motivados principalmente por factores socioeconómicos que también han sido producto de la emergencia sanitaria.
Para María Luisa Ávila, exministra de Salud e infectóloga, uno de los principales errores es considerar que una pandemia es algo estático, pues no se puede comparar lo que vivió el país hace 3 meses con la actual realidad.
"La gente está harta del confinamiento, también está preocupada, temerosa. Por un lado se dice que hay apertura, por otro anuncian que van a colocar contenedores fríos para la eventual cantidad de cadáveres, entonces es como que faltara algún tipo de comunicación diferente", aseguró.
De acuerdo con Ávila, el país requiere de una manera oportuna de hacer llegar la información de forma segmentada según el tipo de población y sus características para dejar de engrosar las estadísticas.
"Nos falta aprender, uno no se acostumbra a vivir con estos agentes infecciosos que le cambian totalmente la vida y la forma en la que uno la llevaba, así que es totalmente comprensible lo que la gente puede estar sintiendo y más que criticarlos hay que tratar de ser empáticos, pero sí muy firmes en que hay aspectos que deben entender".
Efectos del encierro
Desde antes de iniciar la pandemia, los servicios de Salud Mental de la Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS) estaban colapsados y la pandemia vino a reforzar la importancia de invertir en este tema, pese a que el país no le ha dado la relevancia que amerita.
Para Jurado, el encierro prolongado y la pérdida de las relaciones sociales está trayendo consigo problemas de desmotivación, desinterés, insomnio, consumo de sustancias, sedentarismo, síntomas depresivos, angustia y ansiedad.
"La OMS viene avisando desde mayo que los Gobiernos tienen que destinar recursos para atender temas de salud mental, porque ese es el siguiente problema grave que vamos a tener después de esto. Ahorita todos están enfocados en la pandemia y el tema de salud mental es secundario", expresó la psicóloga.
La preocupación principal es que en la postpandemia el país deberá dedicar esfuerzos en la atención de personas que ya registraban una afectación psicológica antes de marzo, sumado a los nuevos casos.
"La salud mental está desatendida desde hace muchísimo tiempo, es algo que se ha intentado corregir… Nosotros no sabemos qué tan grave es la situación porque no tenemos estudios, necesitamos servicios no solo para atacar cuando ya las personas tuvieron un problema sino de forma preventiva", agregó Jurado.
Como parte de las estrategias sobre este tema, el Ministerio de Salud trabajará en conjunto con 3 universidades públicas para dimensionar el impacto que ha generado la pandemia en la salud mental de los habitantes. La idea es identificar estrategias de afrontamiento para ser puestas en práctica en la población durante lo que reste de la emergencia sanitaria.
