Semana de la Novela: Emilia Macaya encontró en las palabras su camino

A los 12 años, Emilia Macaya todavía no imaginaba que algún día su nombre estaría entre los reconocidos de la literatura costarricense. En su familia incluso pensaban que terminaría siendo abogada, pero un cuento de Yolanda Oreamuno hizo que cambiara de rumbo.
Se trataba de La lagartija de la panza blanca, un texto que encontró en un libro que su padre llevó a casa. Aquella lectura le provocó una certeza que, según recuerda, ni ella misma logra explicar del todo: quería hacer lo mismo que aquella escritora.
Desde entonces comenzó a escribir. Durante las vacaciones se llevaba sus páginas, cruzaba un potrero y buscaba un espacio junto al río Durazno entre las montañas de Coronado para poner sus ideas sobre el papel.
Años más tarde, una redacción que escribió durante el colegio volvió a mostrarle el alcance que podía tener una historia. Su familia había sido enviada al extranjero y ella permaneció en Costa Rica para terminar sus estudios. En una tarea de español decidió narrar el momento en que se despidió de sus padres y hermanos en un aeropuerto.
Cuando su profesora leyó el texto, tenía lágrimas en los ojos.
Para Macaya, aquella experiencia fue una revelación sobre el poder de contar: una historia personal podía tocar a otras personas y provocar emociones que iban más allá de quien la había escrito.
Esa idea acompañó una trayectoria que combinó la creación literaria con la docencia y la investigación. Filóloga de profesión y vinculada también con la filología clásica, Macaya desarrolló buena parte de su carrera académica en la Universidad de Costa Rica.
Durante décadas, la escritura estuvo presente en su vida desde diferentes frentes: la investigación, el ensayo, la docencia y, posteriormente, con mayor fuerza, la creación literaria.
Entre sus obras se encuentran La sombra en el espejo, Cuando estalla el silencio, Espíritu en carne altiva y Diez días de un fin de siglo.
El premio que llegó con Más allá del río
En 2020, Macaya recibió el Premio Nacional de Literatura Aquileo J. Echeverría en la categoría de Novela por Más allá del río, un reconocimiento que compartió ese año con la escritora Larissa Quesada.
La novela se adentra en la historia costarricense y recupera relatos familiares y acontecimientos relacionados con el siglo XIX, a partir de una mirada en la que la memoria de las mujeres ocupa un lugar importante.
Para Macaya, la obra nació precisamente de esa necesidad de volver a las raíces y explorar historias que durante generaciones circularon principalmente dentro de las familias.
"Fue un indagar en la historia costarricense. Fue un indagar en mis raíces", explica.
En la novela aparecen también episodios relacionados con la guerra de 1856 y sus consecuencias posteriores para la sociedad costarricense. Pero, más allá de reconstruir un momento histórico, la escritora buscó acercarse a la manera en que las personas vivieron y recordaron esos acontecimientos.
En especial, recuperó relatos que permanecieron en las conversaciones familiares de las mujeres y que, desde su perspectiva, forman parte de una historia que durante mucho tiempo quedó en segundo plano.
Para Macaya, mirar hacia atrás tiene un propósito: comprender quiénes fuimos, quiénes somos y hacia dónde queremos avanzar.
Una escritora marcada por el tiempo
El tiempo ocupa un lugar especial en la obra de Macaya. Su producción novelística terminó tomando la forma de una trilogía: Diez días de un fin de siglo mira hacia el futuro, Más allá del río regresa al pasado y actualmente trabaja en una novela situada en el presente.
Esa relación con el tiempo también atraviesa su manera de entender la escritura.
Macaya considera que una persona puede descubrir nuevos significados en su propia obra cuando vuelve a leerla años después. En el proceso creativo intervienen, según explica, tanto la conciencia como elementos que surgen del subconsciente y que quizá el autor no identifica en el momento de escribir.
Su concepción de la literatura tampoco se limita a la inspiración.
Para ella, escribir implica un trabajo constante con el lenguaje, pulir cada palabra y encontrar la manera más adecuada de llegar al lector.
"Siempre he creído que lo que caracteriza el hecho literario es un trabajo de lenguaje", afirma.
El verdadero premio
Aunque reconoce el valor de los reconocimientos, Macaya no considera que los premios deban convertirse en el objetivo de quien escribe.
Su apuesta está en la autenticidad: escribir sin pensar primero en la fama, en las ventas o en quién podría reconocer una obra.
La escritora compara el proceso con compartir un secreto con una persona querida. Lo importante, dice, es tener algo que comunicar y hacerlo de la manera más honesta posible.
Por eso considera que el verdadero premio llega con el tiempo, cuando una obra consigue permanecer y continúa siendo leída por nuevas generaciones.
Esa mirada también explica su vínculo con Costa Rica. Para Macaya, la identidad del país y las raíces familiares son parte inseparable de la manera en que construye sus historias.
"Nuestra patria es nuestro basamento", sostiene.
Y desde ese lugar, entre la memoria, la historia y el paso del tiempo, Emilia Macaya continúa escribiendo. La niña que un día se sentó junto a un río con unas páginas entre las manos terminó convirtiendo aquella primera intuición en una vida dedicada a las palabras.