Vive para contarlo: “Estuve muerta, debajo del tren”
Desde entonces no puede llorar y le cuesta caminar
No cualquier persona es atropellada por el tren y vive para contarlo. Esa bendición la tiene Ana Catalina Morera, una joven de 31 años quien milagrosamente, se recuperó de un estado de coma.
Todo ocurrió el 16 de marzo anterior pasadas las 5:00 de la tarde cuando se dirigía a tomar el bus, luego de haberse comido unos nachos con sus amigas en las cercanías de la Universidad Latina en San Pedro.
Desde ese momento, no recuerda nada. El tren la arrolló y un fuerte golpe en la cabeza la mantuvo internada por 21 días. Tiempo en el que los médicos daban pocas esperanzas a su familia de que sobreviviera y si lo hacía, podía quedar en estado vegetativo.
"Una enfermera le dijo a mi mamá –sin saber que era mi mamá- 'pobrecita esa muchacha tan linda, saber que no lo va a lograr' y después otro doctor le dijo que mejor preparara todo, refiriéndose al funeral", afirmó.
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Las malas noticias iban y venían, pero ella nunca las escuchó, no porque no quería, sino porque su mente estaba perdida y su cerebro completamente inflamado.
"Yo sufrí una especie de síndrome de niño sacudido, a mí se me hizo un hematoma en el cerebro y me pusieron muchos esteroides para no tener que operar", recuerda.
Pese a todos los pronósticos, "Cata" -como le llaman de cariño- abrió sus ojos 15 días después del accidente y le demostró a muchos que tenía ganas de vivir. Una semana después salió del hospital sin heridas en su piel.
A raíz del atropello, tiene un problema en la clavícula que le molesta de vez en cuando y le cuesta caminar con su pie derecho, tiene un poco distorsionada la vista y no puede llorar. Aunque reconoce que ha pasado por momentos de tristeza, las lágrimas parecen haberse acabado.
"¡Es un super poder que me dejó el accidente! El doctor me dice que es una reacción normal y la psicóloga dice que después de haber estado muerta es normal que uno priorice sentimientos o situaciones pero no puedo llorar. Siento un dolor en el corazón y todo pero no lo suficiente para llorar", reconoció.
Para ella, esa falta de llanto tiene un propósito: "después del accidente me dí cuenta que hay cosas por las que no vale la pena llorar".
Ahora, está enfocada en volver a la universidad a seguir su carrera de medicina, por lo que ha tenido que someterse a varios exámenes para determinar si puede continuar con el plan de estudios o debe iniciar de nuevo. Afortunadamente todos lo ha a aprobado.
Su vida ahora se resume en 3 palabras: milagro de Dios.
"Mi vida ha cambiado mucho, ahora soy más sensible, más humana y espero poder aplicar eso en mi carrera de medicina. Algún propósito tiene Dios y mientras lo averiguo aquí voy saliendo adelante", expresó.