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Reportaje Especial

“Vencí al cáncer y al COVID: la vida se valora muchísimo más”

Hombre con 58 años de edad, con factores de riesgo, cuenta las enseñanzas que le dejó el proceso

15 de Nov. 2020 | 12:05 am
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Él levantó la mano derecha, dio un salto. Caminó 3 pasos hacia su casa y se arrodilló en agradecimiento al cielo. Él es uno de los más de 74 mil recuperados de COVID en el país. 

"La vida es un hilo y en cualquier momento se rompe, se revienta. Cuando uno entra al hospital no sabe cómo va a terminar. Es muy duro, hay que pedirle mucha fortaleza a Dios", cuenta este hombre de 58 años, vecino de la comunidad de Abrajo, Corredores, en la Zona Sur.

Habla con una paz inexplicable. En sus frases queda plasmada su alegría, hace bromas, y detrás de su sonrisa carga sus vivencias más fuertes: en octubre del 2017 venció un cáncer de próstata y ahora -en octubre del 2020- superó la COVID-19, teniendo factores de riesgo.

Ugarte empezó a tener fiebre y dolor de cuerpo. Al principio, en el hospital, le dijeron que era una infección urinaria, pero el miércoles 23 de octubre le indicaron que era positivo por COVID-19.

"Nadie en la vida quiere contagiarse de esto. Uno no sabe qué le espera. Me aislaron, y uno empieza a pensar muchas cosas. Empecé a tener problemas de oxigenación. Llamamos al 9-1-1 y terminé en el hospital de Ciudad Neily"

"Uno empieza a pensar en la familia… ¿Cómo iré a salir de aquí? Uno se pregunta ¿por qué a mí? Llamé a mi esposa Lilliam y a mi hija; y uno no deja de pensar", narró.

Ugarte estuvo en el Hospital de Ciudad Neilly durante 3 días y luego fue trasladado al Hospital México. Ahí estaría internado durante 10 días. En la batalla contra la COVID-19 perdió 12 kilos y cuenta que está muy agradecido con la atención de los enfermeros y médicos que ponen en peligro sus vidas.

No rendirse

Don Abel cuenta que tiene hipertensión y es "un poquito grueso". Y claro, el hecho de los factores de riesgo juegan un papel importante en la mente de las personas diagnosticadas con la enfermedad.

"Uno tiene que autoterapiarse, porque si uno se pone a pensar en la muerte se puede hundir. Aunque uno esté solo en un cuarto tiene que darse apoyo, ver que está la familia, los hermanos, mi mamá y salir adelante", recordó.

"Si uno piensa en eso se desmotiva y cae en una depresión. Gracias a Dios, yo solo me decía que "hay que salir de esto, hay que continuar".

Este hombre, quien es funcionario del Instituto Costarricense de Electricidad agradeciuó el apoyo de muchas personas con él su familia. Agradeció los mensajes, las oraciones y la atención médica de los especialistas.

Recuerda que cuando enfrentó el proceso del cáncer no lo tomó tan personal. Le dijeron que lo tenían que operar y él se comprometió con los tratamientos. Pero con la COVID-19, sí fue diferente.

"Cuando uno llega a la casa y ve todo, le da, le pega. Uno siente un agradecimiento a la familia, a los vecinos, a los amigos. Uno valora muchísimo más la vida. La clave para pasar todo esto es que hay un ser Supremo, que es Dios, que nos guía. Creo que hay que ser dóciles y aceptar lo que uno tiene. Todo tiene su tiempo. Hay que llevar la vida tranquila y no hacerle mente a las cosas malas", expresó.

Ayudar y no discriminar

Ugarrte contó que ahora su familia trata de colaborar con lo que pueda con una vecina que recién fue diagnosticada con el virus.

Esto porque conoce gente que piensa que las personas tienen lepra y discriminan; así como hay otros que creen que la pandemia no existe.

"Uno trata de colaborar porque sabe que a uno le ayudaron muchas personas. Yo no quisiera que nadie pasara una situación así. Uno valora más y ahora entiendo que hay que llevarse mejor con la gente, ayudar y vivir tranquilos".

"Yo les digo que sean positivos. Digan que yo voy a salir de esto, hay que apoyarse en Dios y no rendirse. Lo que lo mata a uno es la depresión y hay que motivarse. Hay que dejar a un lado las palabras de muerte y seguir. Yo aquí estoy caminando…", concluye.

El 9 de octubre, don Abel volvió a su casa. Para él fue inesperado. Su esposa y amigos lo recibieron con una celebración.

Se le quiebra la voz al recordarlo. No fue fácil. Tras estar 2 semanas aislado regresó a su casa y antes tuvo que pasar sin problemas al menos 2 bloqueos. Luego llegó la alegría. "Ese día me comí como tres pedazos de pizza", concluyó entre risas.

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